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domingo, 15 de abril de 2012

Peligro!!!La delincuente subversiva Karina Germano, alias "La Galle", está en libertad condicional.


HOY EL JUEZ DE EJECUCIÓN FIRMO LA LIBERTAD


¡¡¡LA GALLE ESTÁ EN LA CALLE!!!

(AW) Después de 10 años de cautiverio, en Brasil y en Argentina, permanentes reclamos populares, solidaridad internacional, recursos legales, marchas, escraches, festivales, documentación y toda la miseria e injusticias del aparato judicial del sistema, hoy con inmensa alegría decimos, "La Galle" está en la calle. El juez de ejecución M. Peluzzi, firmo su libertad condicional mientras cientos de compañeros fueron a exigir una respuesta. 
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PARRAFO DE LA RESOLUCION FIRMADA HOY

"I. CONCEDER LA LIBERTAD CONDICIONAL en el presente Legajo nro. 19.811 a Karina Dana GERMANO -cuyos datos personales obran en el exordio- respecto de la pena oportunamente impuesta en la causa nro. 9785 del Juzgado n° 19 de la Unidad Criminal de San Pablo, República Federativa de Brasil, la que deberá hacerse efectiva en el día de la fecha (13 de abril de 2012) desde su actual lugar de alojamiento de no mediar orden privativa de libertad emanada de autoridad judicial competente, lo que deberá ser verificado en los registros del penal.-
 



PERO CONOSCAMOS UN POCO MÁS SU HISTORIA.
 

Carta de "La Galle" _ Abril 2011
 

Desde los intramuros de la cárcel de mujeres de Ezeiza, en Buenos Aires, vengo a presentarme: soy Karina Dana Germano López. "La Galle" me dicen los compañeros.
 

Me encuentro detenida desde el 1° de febrero de 2002. Caí en Sao Paulo, Brasil, junto a 5 compañeros, acusados de un secuestro. Nos condenaron en primera instancia a 16 años. Por la apelación por parte de la fiscalía nos aumentaron la pena a 30 años de prisión. No sólo se trata de una causa llena de irregularidades técnicas legales, sino de una farsa circense típica de los poderes judiciales, para encarnizarse con luchadores populares, y ni siquiera reconocernos como presos políticos, que es lo que somos.
 



Después de cinco largos años cumpliendo el absurdo de mi condena en el penal de Carandirú en Brasil, logré ser trasladada a mi tierra natal, Argentina.
 



Aquí nací hace 46 años. Mi infancia transcurrió en los años '70, tan especiales por estos lugares.
 



Mis padres, militantes populares, comenzaron a ser perseguidos en el '74, año en el que después de detenciones y allanamientos, hasta interrogatorios sufridos por mi hermano menor (8 años) y yo misma con 10 años, en manos de los paramilitares de los principios de la triple A (Alianza Anticomunista Argentina), pasamos a la clandestinidad.
 



Ésta duró dos años, hasta que mi padre fue secuestrado y llevado al Centro Clandestino de Detención "E.S.M.A.", donde luego de torturas impensables fue uno de los 30.000 desaparecidos de este país. Entonces mi madre, con su coraje de mujer, nos salva la vida exiliándonos junto a mi hermano en Suecia, en el año 1976. Luego nos mudamos a la península ibérica, donde crecí junto a vascos y catalanes.
 



En 1998 regresé a Buenos Aires, a denunciar y reconstruir la militancia y el secuestro de mi padre. Perteneciendo a la Agrupación H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y por la Justicia contra el Olvido y el Silencio) de red internacional, milité y escraché a cuanto milico impune me topaba.
 



Hoy en día, aunque se lleven a cabo juicios de Lesa Humanidad contra los dictadores y genocidas, las injusticias e impunidades de los poderosos de siempre continúan.
 



Vine trasladada en noviembre de 2006, por un tratado bilateral (Brasil-Argentina) sobre condenados. Sin antecedentes penales, ni causa alguna en este país, llegué con algo menos de un mes para obtener mi beneficio de salidas transitorias (semi-libertad). Este derecho, amparado por sus propias leyes, ya me correspondía en diciembre de 2006. Después de largas burocracias, en diciembre de 2007 me fue negado, gracias a la opinión del fiscal Oscar Hermelo. Con un pasado de colaboracionista con la E.S.M.A. y el mismo grupo de tareas 3.3.2. que secuestró a mi padre, falló en contra de mi derecho a las salidas. Continuando con la burocracia judicial, me enfrento en la segunda instancia a una sala de la Cámara de Casación Penal, donde su juez presidente es sospechoso de firmar y autorizar (ilegalmente) la apropiación de bebés nacidos en cautiverio, robándoles su verdadera identidad. En diciembre de 2008 volvió a negarme dicho beneficio.
 



Prosiguiendo los pasos hacia la Corte Suprema, donde su fiscal está de acuerdo con los argumentos de mi abogado defensor, sin existir conflicto por el cual los 7 jueces deban debatir, fallan en diciembre de 2009 tres magistrados a mi favor, fundamentando igual al fiscal y cuatro en contra de mis salidas, dándose el lujo de ni siquiera argumentar su negativa. Mis esperanzas de poder gozar de mi derecho quedaron sin expectativas judiciales a nivel nacional. Pretenden que continúe encerrada por 7 años más de mi vida, por venganza política.
 



Sabemos cómo las injusticias están a la orden del día en estas mafias jurídicas, que defienden los intereses de los poderosos de siempre, encarcelando luchadores sociales y a la población más desfavorecida socialmente, quienes sufren la exclusión social de la pobreza en nuestras tierras.
 



Aunque encerrada, me considero una mujer libre. Mis ideas y prácticas cotidianas hacen que mis fuerzas de resistencia continúen batallando con el factor tiempo.
 



Trabajo y estudio la carrera de Sociología en la U.B.A. (Universidad de Buenos Aires). Soy parte del C.U.E. (Centro Universitario Ezeiza) dentro de la unidad. Intento junto a mis compañeras que nuestros derechos se cumplan, tan atropellados a diario, por un servicio penitenciario militarizado.
 



Los interrogantes son muchos, la incertidumbre abruma, la impotencia agobia, pero nuestra resistencia continúa...
 



Tuve la oportunidad de interiorizarme con el régimen penitenciario paulistano en Brasil, durante casi cinco años, y ahora llevo más de cuatro años en la Unidad 3 de Ezeiza. En ambas circunstancias sentí a flor de piel los padecimientos de muchas mujeres privadas de su libertad, que me continúan rodeando en la convivencia cotidiana.
 



Mi preocupación fundamental es cómo tantas y tantas mujeres se encuentran en situaciones de encierro, olvidadas, para luego ser discriminadas salvajemente por nuestras sociedades latinoamericanas. Aún en los casos en los que después de sufrir inútilmente con el castigo del encierro (y todo lo que éste conlleva) durante los demorados procesos quedan absueltas de culpa y cargo, llevando para toda la vida la marca espiritual e institucional de haber pasado por esta terrible experiencia.
 



La libertad, ese sagrado derecho al que cada día que pasa se lo respeta menos, no es valorizado por nuestros sistemas judiciales, como si de personas se tratara. Pasamos a convertirnos en un número de causa, que insensiblemente pasa a ser una molestia para todos.
 



Es sorprendente cómo las personas llegan a cegarse ante esta realidad tan cruel que sufre una parte importante de la sociedad.
 



Al ser presa política, me he encontrado con decenas de posturas por parte de personas llamadas de "izquierdas", que no se hacen cargo de nuestros presos sociales, como si éstos fuesen un mal inevitable del sistema al que critican e intentan combatir.
 



Considero que las diferencias entre un preso político y un preso social terminan en el mismo momento en que caemos juntos en el encierro.
 



Claro que no me refiero a ciertos delitos de personas "enfermas", como violadores o torturadores, sino al alto porcentaje de población carcelaria encerrada por no respetar la propiedad privada o los códigos de tantas leyes que continúan protegiendo a los grandes "delincuentes", que manejan nuestro sistema económico.
 



Todos sabemos que los grandes traficantes del narco o de las armas, así como los corruptos que someten a miserias humanas a miles de personas, no pisan estos lugares llamados prisiones.
 



¿Quién no tiene claro que ser pobre es el mayor delito imputado?
 



Pues, ante "esto" que todo el mundo sabe, sigue siendo más cómodo mirar hacia otro lado, ignorando o calificándolo como nuestra sociedad acostumbra: "por algo será "...
 



Es muy triste que a nuestra gente, con las históricas luchas a cuestas, de tantos derramamientos de sangre y de vidas, no le interese tomar conciencia de que cada una de estas mujeres encerradas son víctimas de una dictadura económica y hasta judicial, a veces, y se enfrentan a penurias desmedidas en las llamadas "democracias".
 



No sólo es tristeza lo que causa, sino impotencia ante la indiferencia de la sociedad, que abandona a su suerte a parte de nuestro pueblo, que dignamente se rebela ante tanta injusticia, avasallamiento, discriminación, exclusión, y demás pesares a que es sometido.
 



¿Cómo no legitimar esa rebeldía innata, ante circunstancias inhumanas a las que somos destinados por pertenecer a los sectores desfavorecidos económicamente?
 



¿Cómo no reivindicar a nuestros presos sociales como parte de nosotros mismos?
 



Desde intramuros, quienes nos consideramos presos políticos, tenemos la obligación ética de luchar codo a codo con nuestros compañeros y compañeras presas sociales para mejorar las condiciones, para sentirnos personas vivas que, pese a tanta injusticia, seguiremos resistiendo sin olvidarnos del concepto más básico: LA SOLIDARIDAD.
 

Karina Germano López, "La Galle"
 

martes, 28 de junio de 2011

La Historia de las Madres no merece esto. Los Hijos tampoco.

ARGENTINA

Las Madres y su laberinto: El dolor de ya no ser

por Elisa Rando

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Era 1977. Y fue en Barcelona. En Argentina tiempo de represión, muerte y exilio. En un diario local, una foto a cuatro columnas cruzaba la página central de internacionales. Un grupo de mujeres crispadas, cubiertas sus cabezas con un pañuelo blanco, rodeaban e increpaban a un oficial de policía. Era en Buenos Aires. Y era en Plaza de Mayo. Detrás de ellas reconocimos la casa de gobierno. Las palmeras. Los canteros. El cielo. Nosotros, simples exiliados. Ellas, desde ese día, fueron las Madres de la Plaza. La foto emblemática se difundió en Barcelona y en el mundo entero.

Esa noche la Casa Argentina se llenó de compañeros y amigos. Todos querían verlas. Buscaban la suya. Nadie reconoció a su madre, pero las sentíamos a todas como propia. Podían ser la de cualquiera de nosotros. Más jóvenes. Más viejas. Más pobres. Más valientes. Más tristes. Más serenas. Eran como si fueran nuestras y muchos lo deseábamos de verdad.

Hubo orgullo. Hubo dolor y alegría lejana. Allí medimos la diferencia entre estar y sentirse cerca. Allí empezamos a admitir que el regreso, algún día sería posible. Estaban peleando como nunca habían estado y la crispación demostraba que decían la verdad. No sabían. Gritaban. No simulaban. El dolor no se simula. Querían encontrarlos?, pero sus hijos ya eran los desaparecidos.

La tarea nuestra, a pesar de la solidaridad inmensa del pueblo español, era pesada. Sin recursos. Tramitando residencias. Buscando trabajo. Buscando donde vivir. Buscando por la calle rostros de amigos para darles un abrazo y recibir información. El exilio te salva la vida pero te perfora la cabeza. Todo lo del exilio es una historia personal o de grupo. No se termina nunca. Trabajada, es una historia de amor. La de ellas, una historia colectiva de desesperación, entrega y muerte. Presente siempre el secuestro, la tortura, la ausencia, el grito, el hueco.

Un día aterrizaron en Barcelona y pudimos verlas, abrazarlas. Escuchar sus informes, saber cómo se fueron organizando, creciendo, defendiendo. Creando vida. Casi inventando la vida. Supimos en primera persona de la represión que sufrían. De las amenazas. De sus propias desaparecidas. De las detenciones. De la muerte de sus maridos que no soportaron tanto. De los cambios en sus categorías sociales. Del reproche y del amor. También del abandono. De familias desintegradas. De traiciones. De ausencias. De inmensas solidaridades. De planes: volantes, entrevistas, iglesias, canchas de fútbol. Periódicos a mimeógrafo, ilusiones casi adolescentes. Pero firmes. No admitían ni charlas en pasillos cuarteleros, ni secretos consejeros con sotanas. Nada que supusiera connivencia o bajada de línea.

Por no aparecer pegadas al poder, decidieron no votar. No sabían de conciliábulos partidarios. Buscaban todos los hijos. Y fueron una topadora.

Así las Madres recorrieron el mundo y para nosotros?, eran el mundo mismo.

En distintos lugares de España se constituyeron grupo de apoyo, no a los exiliados, sino a las Madres. Fueron y las llevamos, por todas partes. Boletines, declaraciones, radio, televisión, todos se ofrecían para que denunciaran los crímenes de la dictadura. Y ellas, como pudieron, rodaron el mundo denunciando el secuestro y la muerte rapiñera.

Derrocharon valentía y coherencia. Cuando en las Malvinas se incendiaba la dictadura, el fin estaba próximo. Ellas seguían exigiendo ?aparición con vida?, donde la vida ya había sido devorada.

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Después?, después es otra historia. En un país acostumbrado a la muerte, las elecciones son una fantochada. Hubo elecciones. También Nunca Más. Tuvimos La Tablada, fósforo blanco y mutilaciones. Y como había poco, la Obediencia Debida premió el crimen y regaló la impunidad al asesino.
El exilio estaba regresado. Y sentirse exiliado en su país fue la experiencia que debimos aprender casi todos. Las Madres estaban. Estaban en su lugar. Y nosotros, casi nos refugiamos en ellas. El regreso fue un exilo más hondo, más profundo, más inexplicable. Era tu cielo y era tu suelo, pero no lo conocíamos. De ese no se regresa. Los amores no se encuentran. Los que había se murieron. Los que llevamos se perdieron. Era casi el absurdo de estar vivos. Y culpa? la culpa de recorrer las calles que nuestros compañeros no volverían a transitar jamás. Estaban muertos. Pero estaban ellas. Habían pasado de todo. Eran refugio. Eran amparo. Eran fuerza. Las disfrutamos. Las abrazamos. Nos abrazaron. Quizá el calor más buscado, no engañaban. No nos engañábamos. No las usufructuamos.

Cada uno fue buscando su lugar, machucando la bronca. Reemplazando la frustración con nuevas militancias. Pero acompañando. Cerca de ellas. No es que las Madres fueran nuestra ideología, nuestra razón de ser. No es eso. La ideología la teníamos y eso nos mantuvo y nos impulsa en todos los momentos. Teníamos ideología y por las ideologías luchamos y lucharemos, pero ellas fueron ejemplo y fuerza. Nos ayudaron a retomar la marcha. Imposible derrumbarse si las vimos aguantar tanto. Si ellas estaban vivas, cómo podíamos derrumbarnos nosotros.

Así, pusimos el hombro cuando ellas ya habían puesto los hijos.

Personalmente busqué mi lugar donde siempre tuve un hueco, entre el papel y la tinta. Entre originales donde los militantes volcaban emociones y derrotas. Fue en el periódico donde me reencontré conmigo. Mi antiguo quehacer. María del Rosario Cerrutti, madre de desaparecido, era la directora. Leía, escribía, orientaba. Hacía café. Herman Schiller su secretario de Redacción. Hacía de todo. Y todos haciendo lo que viniera. Oficio o vicio, durante quince años tuve la inmensa oportunidad de colaborar en la edición del periódico de las Madres. Conocer, frecuentar, queridos compañeros con quienes fuimos sobrellevando los problemas de editar. Rosario un día dejó su lugar. Nunca supimos porque, pero suponer es peor que saber. Suponíamos. Herman otro día deja el suyo. Suponíamos. Los problemas que trae no informar por proteger, hace a la condición humana, pero una condición equivocada. En ese momento me equivoqué. No pregunté. Todo iba cambiando.

Un día. Siempre hay un día, preferí trabajar desde mi casa y en mi máquina. Llevar el trabajo terminado y mis dudas de edición cada mañana.
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Varias de esas mañanas, en la entrada, en el salón, me cruzaba con una sombra extraña. Sin saludo y sin mirada. Preferíamos no mirarnos. Prefiero también, ahora, no mezclar su nombre con mis sentimientos. Era un ser extraño. Ajeno. Un témpano inescrutable que sin mirar, veía. Durante dos años la sombra y yo nos cruzamos sin mirarnos. Un día me dejaron de mandar originales. En el periódico había otra línea y otras manos. Otra gente. Otra presentación. Había cambiado ?ahora sí- la ideología.
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El Periódico me brindó quince años de compromiso militante. Nunca me explicaron nada. Mis ojos se liberaron de la sombra. Pero la sombra opacó todo. Casi apagó la luz.

Cuando salí, la última vez, me crucé con Hebe que entraba. No supe si decirle adiós. Sólo recuerdo que la miré y le dije: Hebe, si un día necesitas un compañero que sea abogado, avisame.

Jamás creí que lo iba a necesitar.

La Historia de las Madres no merece esto. Los Hijos tampoco.

fuente: Argenpress

viernes, 1 de octubre de 2010

Apablaza no se extradita.

El CONARE falló a favor del asilo argentino a Aplazaba Guerra
En un fallo muy esperado por los Gobiernos de Argentina y Chile, la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE) le concedió el beneficio de refugio en la Argentina al ex guerrillero chileno Sergio Apablaza Guerra. El Gobierno de Sebastián Piñera reclamaba su extradición, mientras que la presidente Cristina Fernández había negado tal propósito.
Aunque el acta es de orden “confidencial”, fuentes de la CONARE contaron que la decisión “unánime” y que el mismo Apablaza Guerra “ya fue notificado”.
El fallo del CONARE se produce horas antes del arribo del presidente chileno en Buenos Aires para participar de la reunión por la crisis vivida en Ecuador.
De esta manera, la decisión del organismo interministerial deja ya sin posibilidades a Piñera para obtener la extradición, ya que es un fallo inapelable.
Sergio Apablaza Guerra está acusado de ser el autor intelectual del crimen del ex senador Jaime Guzmán, y de haber participado en el secuestro del empresario de medios Cristian Edwards, en 1991.