Misiones: si no sirven para evangelizar, no son misiones
Construir casas, regalar medicinas y ropa sin un sentido evangelizador (dar a conocer a Cristo a los demás), no es hacer misiones. Se le puede llamar "acción social", "solidaridad", "altruismo", "filantropía", "obra de beneficiencia" o simplemente "diversión en familia".
Por Lucrecia Rego de Planas
El próximo domingo celebraremos el Domingo Mundial de las misiones (DOMUND) y esto significa una gran fiesta para todos los católicos que nos sentimos misioneros.
Conozco a muchos misioneros (de los de verdad) que desgastan cada hora de su vida en la misión de extender el Reino de Cristo: laicos, sacerdotes y religiosas, que en su vida de todos los días hablan y dan testimonio de Jesucristo como nuestro Señor y Salvador y con su sola presencia transmiten el amor de Dios a todo el que se encuentran. Están llenos de Dios y de la abundancia de su corazón habla su boca.
Conozco también a muchos otros... que se dicen y se sienten misioneros sólo porque salen una semana al año a evangelizar a algún pueblo en la sierra, pero el resto del año viven como si Dios no existera. Tal vez les podríamos llamar "misioneros al 1/52" y ésos, sin duda, se merecen 1/52 del festejo del DOMUND.
También conozco a otra clase de "misioneros" que dicen hacer misiones porque van un fin de semana al año a dar una consulta médica, a entregar medicinas y ropa o a ayudar en la construcción de una casa para una familia pobre (sin saber nada de construcción ni de medicina). La labor social de estas personas es encomiable, pero lo que hacen no se pueden llamar "misiones", al menos no en el sentido católico de la palabra "Misión", cuyo significado es y será siempre la obediencia al mandato misionero de Jesucristo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura"
Construir casas, regalar medicinas y ropa sin un sentido evangelizador (dar a conocer a Cristo a los demás), no es hacer misiones. Se le puede llamar "acción social", "solidaridad", "altruismo", "filantropía", "obra de beneficiencia" o simplemente "diversión en familia", pues así es como describen la actividad los que han ido a las "misiones" de construcción: "¡Fue muy divertido, es como armar un LEGO en familia!"... pero a esto... no se le puede llamar Misión.
Ya Mons. Levada nos lo dejó muy claro en el 2007, cuando publicó, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe la Nota Doctrinal "Acerca de algunos aspectos en la evangelización".
Ahora el Papa nos lo vuelve a recordar en el «Motu Proprio» Ubicunque et Semper, que escribió hace unos días con motivo de la creación del nuevo Dicasterio para la Nueva Evangelización.
Creo que leerlo y reflexionarlo este domingo (se puede consultar aquí) será una muy buena manera de celebrar el DOMUND para todos los que nos sentimos misioneros y queremos serlo de verdad.
Que Dios les llene de bendiciones
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sábado, 23 de octubre de 2010
miércoles, 20 de octubre de 2010
Libertad religiosa en Medio Oriente.
Sínodo de Obispos alienta libertad religiosa, unidad y testimonio de católicos en Medio Oriente
VATICANO, 19 Oct. 10 (ACI).-Ayer por la tarde se dio a conocer la "Relatio post disceptationem" (Relación después de la discusión) en español, en la que los miembros de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Medio Oriente que se realiza en el Vaticano hasta el 24 de octubre resaltan la necesidad de la libertad religiosa, la unidad, las relaciones ecuménicas e interreligiosas, así como su aporte a través del testimonio de los católicos de esta región del mundo.El texto señala que "el anuncio del Evangelio y el anuncio de Cristo a todos los pueblos es el deber supremo de nuestras Iglesias y de todas las Iglesias. Nuestras Iglesias necesitan despertar de nuevo su celo misionero renovando en nosotros el significado, el ardor, el impulso y el dinamismo misioneros. Es indispensable la formación misionera de nuestros fieles, y sobre todo de nuestros responsables de la vida de la Iglesia".Asimismo indican la exigencia de no politizar la religión, al tiempo que los cristianos deben estar comprometidos por el bien común. "Las situaciones político-sociales de nuestros países prosigue el texto repercuten directamente sobre los cristianos, los cuales sienten de manera más intensa las consecuencias negativas". "Aun condenando la violencia venga de donde venga, y apelando a una solución justa y duradera del conflicto israelí-palestino, expresamos nuestra solidaridad con el pueblo palestino, cuya situación actual favorece los fundamentalismos. Pedimos a la política mundial que preste la suficiente atención a la trágica situación de los cristianos de Irak, principales víctimas de la guerra y sus consecuencias".La "Relatio" se refiere luego a la necesidad de la libertad religiosa de los cristianos como un "componente esencial de los derechos del hombre. La falta de libertad religiosa está asociada muy a menudo con la privación de los derechos fundamentales. La libertad de culto es un aspecto de la libertad religiosa. En la mayor parte de nuestros países, está garantizada en la constitución. Pero a pesar de esto, en algunos países ciertas leyes o prácticas limitan su aplicación". "La libertad religiosa no es un relativismo que trata igual a todas las creencias. Más bien es el resultado del deber que cada uno tiene de adherir a la verdad, mediante una elección firme de conciencia, y respetando la dignidad de cada persona. La libertad religiosa comporta también el derecho al anuncio de la fe de cada uno, derecho y deber de cualquier religión".Otro de los desafíos que enfrentan los católicos orientales es el de la emigración ante los diversos problemas de la región, que se da por "las situaciones económicas y políticas, el aumento de los fundamentalismos y la restricción de las libertades y la igualdad, fuertemente agravados por el conflicto palestino-israelí y la guerra de Irak. La emigración es un derecho natural dejado a la libre elección de las personas y las familias, sobre todo para aquellos que se encuentran en situaciones muy duras. Pero la Iglesia tiene el deber de animar a sus fieles a que se queden como testigos, apóstoles y constructores de paz y de bienestar en su país".Seguidamente el texto explica la urgencia de la comunión entre las diversas Iglesias orientales, en donde los laicos participen activamente y procuren la unidad también en las relaciones ecuménicas para avanzar hacia el bien común con los ortodoxos. En cuanto al testimonio en medio del mundo, la "Relatio" resalta la importancia del estudio de las enseñanzas de la fe, la defensa y promoción de la familia y un adecuado uso y valoración de la liturgia para "vivificar a los fieles en la fe". Tras precisar que las Iglesias orientales católicas rechazan el antisemitismo y por el contrario alientan las buenas relaciones con los judíos, el texto indica que también es fundamental el diálogo fructífero con los musulmanes, "un deber que les atañe por la misma naturaleza de su historia, de su presencia y misión. Hay que evitar toda acción provocadora, ofensiva, humillante y todo comportamiento anti-islámico. Para que el diálogo sea auténtico debe llevarse a cabo en la verdad"."Occidente ha sido identificado con el Cristianismo y las decisiones de los Estados se atribuyen a la Iglesia. Sin embargo, hoy en día los gobiernos occidentales son laicos y se oponen cada vez más a los principios de la fe cristiana. Es importante explicar esta realidad y el sentido de una laicidad positiva que distingue lo político de lo religioso. En este contexto, el cristiano tiene el deber y la misión de presentar y vivir los valores evangélicos. Debemos dar testimonio de vida en todo momento, evitando el sincretismo y el relativismo, con humildad, respeto, sinceridad y amor".El texto de la "Relación después de la discusión" concluye señalando que los católicos "debemos trabajar todos juntos para preparar un nuevo amanecer en Oriente Medio. Estamos sostenidos por la oración, la comprensión y el amor de todos nuestros hermanos y hermanas. No estamos solos. Este sínodo nos lo ha hecho sentir muy claramente".
VATICANO, 19 Oct. 10 (ACI).-Ayer por la tarde se dio a conocer la "Relatio post disceptationem" (Relación después de la discusión) en español, en la que los miembros de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Medio Oriente que se realiza en el Vaticano hasta el 24 de octubre resaltan la necesidad de la libertad religiosa, la unidad, las relaciones ecuménicas e interreligiosas, así como su aporte a través del testimonio de los católicos de esta región del mundo.El texto señala que "el anuncio del Evangelio y el anuncio de Cristo a todos los pueblos es el deber supremo de nuestras Iglesias y de todas las Iglesias. Nuestras Iglesias necesitan despertar de nuevo su celo misionero renovando en nosotros el significado, el ardor, el impulso y el dinamismo misioneros. Es indispensable la formación misionera de nuestros fieles, y sobre todo de nuestros responsables de la vida de la Iglesia".Asimismo indican la exigencia de no politizar la religión, al tiempo que los cristianos deben estar comprometidos por el bien común. "Las situaciones político-sociales de nuestros países prosigue el texto repercuten directamente sobre los cristianos, los cuales sienten de manera más intensa las consecuencias negativas". "Aun condenando la violencia venga de donde venga, y apelando a una solución justa y duradera del conflicto israelí-palestino, expresamos nuestra solidaridad con el pueblo palestino, cuya situación actual favorece los fundamentalismos. Pedimos a la política mundial que preste la suficiente atención a la trágica situación de los cristianos de Irak, principales víctimas de la guerra y sus consecuencias".La "Relatio" se refiere luego a la necesidad de la libertad religiosa de los cristianos como un "componente esencial de los derechos del hombre. La falta de libertad religiosa está asociada muy a menudo con la privación de los derechos fundamentales. La libertad de culto es un aspecto de la libertad religiosa. En la mayor parte de nuestros países, está garantizada en la constitución. Pero a pesar de esto, en algunos países ciertas leyes o prácticas limitan su aplicación". "La libertad religiosa no es un relativismo que trata igual a todas las creencias. Más bien es el resultado del deber que cada uno tiene de adherir a la verdad, mediante una elección firme de conciencia, y respetando la dignidad de cada persona. La libertad religiosa comporta también el derecho al anuncio de la fe de cada uno, derecho y deber de cualquier religión".Otro de los desafíos que enfrentan los católicos orientales es el de la emigración ante los diversos problemas de la región, que se da por "las situaciones económicas y políticas, el aumento de los fundamentalismos y la restricción de las libertades y la igualdad, fuertemente agravados por el conflicto palestino-israelí y la guerra de Irak. La emigración es un derecho natural dejado a la libre elección de las personas y las familias, sobre todo para aquellos que se encuentran en situaciones muy duras. Pero la Iglesia tiene el deber de animar a sus fieles a que se queden como testigos, apóstoles y constructores de paz y de bienestar en su país".Seguidamente el texto explica la urgencia de la comunión entre las diversas Iglesias orientales, en donde los laicos participen activamente y procuren la unidad también en las relaciones ecuménicas para avanzar hacia el bien común con los ortodoxos. En cuanto al testimonio en medio del mundo, la "Relatio" resalta la importancia del estudio de las enseñanzas de la fe, la defensa y promoción de la familia y un adecuado uso y valoración de la liturgia para "vivificar a los fieles en la fe". Tras precisar que las Iglesias orientales católicas rechazan el antisemitismo y por el contrario alientan las buenas relaciones con los judíos, el texto indica que también es fundamental el diálogo fructífero con los musulmanes, "un deber que les atañe por la misma naturaleza de su historia, de su presencia y misión. Hay que evitar toda acción provocadora, ofensiva, humillante y todo comportamiento anti-islámico. Para que el diálogo sea auténtico debe llevarse a cabo en la verdad"."Occidente ha sido identificado con el Cristianismo y las decisiones de los Estados se atribuyen a la Iglesia. Sin embargo, hoy en día los gobiernos occidentales son laicos y se oponen cada vez más a los principios de la fe cristiana. Es importante explicar esta realidad y el sentido de una laicidad positiva que distingue lo político de lo religioso. En este contexto, el cristiano tiene el deber y la misión de presentar y vivir los valores evangélicos. Debemos dar testimonio de vida en todo momento, evitando el sincretismo y el relativismo, con humildad, respeto, sinceridad y amor".El texto de la "Relación después de la discusión" concluye señalando que los católicos "debemos trabajar todos juntos para preparar un nuevo amanecer en Oriente Medio. Estamos sostenidos por la oración, la comprensión y el amor de todos nuestros hermanos y hermanas. No estamos solos. Este sínodo nos lo ha hecho sentir muy claramente".
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sábado, 16 de octubre de 2010
El Papa alienta la participacion politica.
Benedicto XVI alienta nueva generación de católicos sin complejos de inferioridad en política.
VATICANO, 14 Oct. 10 (ACI).-En su mensaje por la 46° Semana Social de los católicos italianos, el Papa Benedicto XVI explicó que para trabajar por el bien común de un país y de toda la gran familia humana es necesario que "surja una nueva generación de católicos, personas interiormente renovadas que se esfuercen en la actividad política sin complejos de inferioridad".Así lo indicó en la carta enviada al Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y Arzobispo de Génova, Cardenal Angelo Bagnasco, en ocasión del mencionado evento que se inaugura hoy en Reggio Calabria con el tema "Una agenda de esperanza para el futuro del país".En el texto con fecha 12 de octubre y dado a conocer hoy por L'Osservatore Romano, el Santo Padre señala que ante la crisis económica global que también afecta a Italia y que genera en los jóvenes sentimientos de desesperanza "es necesario reconocer y sostener con fuerza y con hechos la insustituible función social de la familia, corazón de la vida afectiva y relacional, el mejor lugar en el que se asegura la ayuda, la atención, la solidaridad, la capacidad de transmisión del patrimonio de valores a las nuevas generaciones"."Por ello es necesario que todos los sujetos institucionales y sociales se esfuercen en asegurar a la familia eficaces medidas de apoyo, dotándola de recursos adecuados y permitiendo una justa conciliación con el tiempo de trabajo", agregó.Al hablar del desarrollo humano integral, tema de su encíclica Caritas in veritate, el Papa resalta que "hacer frente a los problemas actuales, tutelando la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, defendiendo la dignidad de la persona, salvaguardando el ambiente y promoviendo la paz, no es una tarea fácil, pero tampoco imposible, si se mantiene firme la confianza en la capacidad del hombre, se amplía el concepto de razón y su uso y cada uno asume sus propias responsabilidades".Moverse en el mundo en esta perspectiva de responsabilidad, continúa el Santo Padre, "comporta la disponibilidad a salir del propio interés exclusivo, para perseguir juntos el bien del país y de la entera familia humana. La Iglesia, cuando reclama el horizonte del bien común categoría que porta su doctrina social se refiere al 'bien de todos nosotros', que 'no se busca por sí mismo, sino para las personas que hacen parte de la comunidad social y que sólo en ella pueden realmente y más eficazmente conseguir su bien'".En otras palabras, explica Benedicto XVI, "el bien común es lo que construye y califica la ciudad de los hombres, el criterio fundamental de la vida social y política, el fin del actuar humano y del progreso y, 'exigencia de justicia y caridad', promoción del respeto a los derechos de los individuos y pueblos, además de relaciones caracterizadas por la lógica del don. Ello encuentra en los valores del cristianismo el 'elemento no sólo útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y de un verdadero desarrollo humano integral'".Por esta razón, exhortó el Papa, "renuevo el llamado para que surja una nueva generación de católicos, personas interiormente renovadas que se esfuercen en la actividad política sin complejos de inferioridad. Tal presencia, ciertamente no se improvisa, permanece como el objetivo hacia el cual debe tender un camino de formación intelectual y moral que, partiendo de las grandes verdades en torno a Dios, al hombre y al mundo, ofrezca criterios de juicio y principios éticos para interpretar el bien de todos y de cada uno".Benedicto XVI señala que esta tarea, la educación para formar conciencias cristianas maduras y asumir la responsabilidad política con competencia profesional y espíritu de servicio constituye "una alta vocación, a la que la Iglesia invita a responder con humildad y determinación".Tras referirse al complejo fenómeno migratorio, el Papa explicó que una vez superada la fase de emergencia en la que la Iglesia "con generosidad contribuye en la primera acogida" es necesario pasar a una segunda fase respetando la legalidad, los términos de la integración.En esta misión, dijo, debe respetarse la dignidad de toda persona, promoviendo "las condiciones de inserción en nuestras tierras de quienes buscan, con su trabajo y el patrimonio de su tradición contribuir a la construcción de una sociedad mejor de la que han dejado. Al reconocer el protagonismo de los inmigrantes, nos sentimos llamados a presentarles el Evangelio, anuncio de salvación y vida plena para todo hombre y mujer".Finalmente y tras señalar que la verdadera esperanza nace de Cristo, el Hijo de Dios, el Papa Benedicto XVI subrayó que "la Iglesia Católica tiene una heredad de valores que no son cosa del pasado, sino que constituyen una realidad muy viva y actual, capaz de ofrecer una orientación creativa para el futuro de una nación".
VATICANO, 14 Oct. 10 (ACI).-En su mensaje por la 46° Semana Social de los católicos italianos, el Papa Benedicto XVI explicó que para trabajar por el bien común de un país y de toda la gran familia humana es necesario que "surja una nueva generación de católicos, personas interiormente renovadas que se esfuercen en la actividad política sin complejos de inferioridad".Así lo indicó en la carta enviada al Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y Arzobispo de Génova, Cardenal Angelo Bagnasco, en ocasión del mencionado evento que se inaugura hoy en Reggio Calabria con el tema "Una agenda de esperanza para el futuro del país".En el texto con fecha 12 de octubre y dado a conocer hoy por L'Osservatore Romano, el Santo Padre señala que ante la crisis económica global que también afecta a Italia y que genera en los jóvenes sentimientos de desesperanza "es necesario reconocer y sostener con fuerza y con hechos la insustituible función social de la familia, corazón de la vida afectiva y relacional, el mejor lugar en el que se asegura la ayuda, la atención, la solidaridad, la capacidad de transmisión del patrimonio de valores a las nuevas generaciones"."Por ello es necesario que todos los sujetos institucionales y sociales se esfuercen en asegurar a la familia eficaces medidas de apoyo, dotándola de recursos adecuados y permitiendo una justa conciliación con el tiempo de trabajo", agregó.Al hablar del desarrollo humano integral, tema de su encíclica Caritas in veritate, el Papa resalta que "hacer frente a los problemas actuales, tutelando la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, defendiendo la dignidad de la persona, salvaguardando el ambiente y promoviendo la paz, no es una tarea fácil, pero tampoco imposible, si se mantiene firme la confianza en la capacidad del hombre, se amplía el concepto de razón y su uso y cada uno asume sus propias responsabilidades".Moverse en el mundo en esta perspectiva de responsabilidad, continúa el Santo Padre, "comporta la disponibilidad a salir del propio interés exclusivo, para perseguir juntos el bien del país y de la entera familia humana. La Iglesia, cuando reclama el horizonte del bien común categoría que porta su doctrina social se refiere al 'bien de todos nosotros', que 'no se busca por sí mismo, sino para las personas que hacen parte de la comunidad social y que sólo en ella pueden realmente y más eficazmente conseguir su bien'".En otras palabras, explica Benedicto XVI, "el bien común es lo que construye y califica la ciudad de los hombres, el criterio fundamental de la vida social y política, el fin del actuar humano y del progreso y, 'exigencia de justicia y caridad', promoción del respeto a los derechos de los individuos y pueblos, además de relaciones caracterizadas por la lógica del don. Ello encuentra en los valores del cristianismo el 'elemento no sólo útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y de un verdadero desarrollo humano integral'".Por esta razón, exhortó el Papa, "renuevo el llamado para que surja una nueva generación de católicos, personas interiormente renovadas que se esfuercen en la actividad política sin complejos de inferioridad. Tal presencia, ciertamente no se improvisa, permanece como el objetivo hacia el cual debe tender un camino de formación intelectual y moral que, partiendo de las grandes verdades en torno a Dios, al hombre y al mundo, ofrezca criterios de juicio y principios éticos para interpretar el bien de todos y de cada uno".Benedicto XVI señala que esta tarea, la educación para formar conciencias cristianas maduras y asumir la responsabilidad política con competencia profesional y espíritu de servicio constituye "una alta vocación, a la que la Iglesia invita a responder con humildad y determinación".Tras referirse al complejo fenómeno migratorio, el Papa explicó que una vez superada la fase de emergencia en la que la Iglesia "con generosidad contribuye en la primera acogida" es necesario pasar a una segunda fase respetando la legalidad, los términos de la integración.En esta misión, dijo, debe respetarse la dignidad de toda persona, promoviendo "las condiciones de inserción en nuestras tierras de quienes buscan, con su trabajo y el patrimonio de su tradición contribuir a la construcción de una sociedad mejor de la que han dejado. Al reconocer el protagonismo de los inmigrantes, nos sentimos llamados a presentarles el Evangelio, anuncio de salvación y vida plena para todo hombre y mujer".Finalmente y tras señalar que la verdadera esperanza nace de Cristo, el Hijo de Dios, el Papa Benedicto XVI subrayó que "la Iglesia Católica tiene una heredad de valores que no son cosa del pasado, sino que constituyen una realidad muy viva y actual, capaz de ofrecer una orientación creativa para el futuro de una nación".
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miércoles, 13 de octubre de 2010
Droga, terrorismo y esclavitud.
Con María y fe de la Iglesia vencer falsos "dioses" como droga y terrorismo, alienta Benedicto XVI.
VATICANO, 11 Oct. 10 (ACI).-Al presidir esta mañana la primera Congregación General del Sínodo de los Obispos de Medio Oriente, el Papa Benedicto XVI explicó la importancia de la Virgen María como Madre de Dios y Madre de la Iglesia; y resaltó que con junto a ella y con la fe de los sencillos en la Iglesia, que es la verdadera sabiduría, se puede vencer a los "falsos dioses" actuales como la droga, la esclavitud, las ideologías terroristas y el poder.Ante los padres sinodales, el Santo Padre hizo una reflexión en la que explicó la importancia que tiene la Virgen María en la Iglesia y recordó que el 11 de octubre de 1962 el Papa Juan XXIII, a quien los católicos recuerdan hoy, inauguró el Concilio Vaticano, ya que en aquel entonces se celebraba en esta fecha la fiesta de la Maternidad divina de María, que actualmente se festeja el 1 de enero.La fiesta de la Madre de Dios, dijo luego el Papa, encierra un misterio difícil de entender: "¿Cómo es posible? Dios es eterno, es el Creador. Nosotros somos creaturas, estamos en el tiempo: ¿cómo es posible que una persona humana sea Madre de Dios, del Eterno, dado que estamos en el tiempo y todos somos creaturas?"El Concilio de Éfeso, prosiguió, entendió que María es verdaderamente la Theotokos, la Madre de Dios: "Dios no se ha quedado en sí, ha salido de sí y se ha unido tan radicalmente con Jesús que este hombre Jesús es Dios, y si hablamos de Él podemos siempre hablar de Dios".Así, con la Encarnación, con la existencia de la Theotokos, continuó el Papa, "estamos en relación con Dios y Él realmente ha creado una relación con nosotros. En aquel momento Dios quería nacer de una mujer y ser siempre Él mismo: este es el gran acontecimiento" y de esta manera se puede entender la profundidad del acto de Juan XXII de confiar el Concilio a la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia.La fe de la Iglesia es la verdadera sabiduríaReflexionando luego sobre el salmo 81, Benedicto XVI señaló que con el paso del tiempo los diversos "dioses" de la humanidad han ido cayendo, y en este proceso los mártires han tenido un papel fundamental: "es la sangre de los mártires, el dolor, el grito de la Madre Iglesia que los hace caer y transforma el mundo". Sin embargo, precisó, "este proceso nunca ha terminado"."Se realiza en los diversos periodos de la historia en modos siempre nuevos, también hoy, en este momento, en el que Cristo, el único Hijo de Dios, debe nacer para el mundo con la caída de los dioses, con el dolor, el martirio de los que testimonian", añadió.Seguidamente el Papa enumeró una serie de estas "falsas divinidades" actuales, como "los capitales anónimos que esclavizan al hombre, que no son solo algo del hombre, sino un poder anónimo al que sirven los hombres, por el que son atormentados los hombres hasta a veces ser asesinados. Es un poder destructivo que amenaza al mundo". "Y luego el poder de las ideologías terroristas. Aparentemente en nombre de Dios se da la violencia, pero no es Dios: son falsas divinidades, que deben ser desenmascaradas, que no son Dios. Y también la droga, este poder que, como una bestia voraz, extiende sus manos sobre la tierra y destruye: es una divinidad, pero una falsa divinidad que debe cae. O también el modo de vivir difundido por la opinión pública: hoy se hace así, el matrimonio ya no cuenta, la castidad no es más una virtud, y otros más"."Estas ideologías que dominan, que se imponen con la fuerza, son divinidades. Y en el dolor de los santos, en el dolor de los creyentes, de la Madre Iglesia de la que somos parte, deben caer estas divinidades, debe realizarse lo que dicen las Cartas a los Colosenses y a los Efesios: las dominaciones, los poderes caen y se convierten en súbditos del único Señor Jesucristo", dijo. El Papa Benedicto XVI comentó luego que sobre esta lucha habla el capítulo 12 del Apocalipsis, con una imagen de un dragón que genera un gran río de agua para ahogar a la mujer, pero la buena tierra absorbe esta corriente y no le hace daño: "creo dice el Santo Padre que el río es fácilmente interpretable: son estas corrientes que dominan todo y que quieren hacer desaparecer la fe de la Iglesia, que no parece tener lugar ante la fuerza de estas corrientes que se imponen como la única racionalidad, como el único modo de vivir. Y la tierra que absorbe estas corrientes es la fe de los sencillos, que no se deja abrumar por estos ríos y salva a la Madre y al Hijo"."Por eso el Salmo dice que la fe de los simples es la verdadera sabiduría. Esta sabiduría verdadera de la fe sencilla, que no se deja devorar por las aguas, es la fuerza de la Iglesia", agregó.En la parte final del salmo 81, continúa el Papa, se dice que "vacilan los cimientos de la tierra": "vacilan los fundamentos exteriores porque vacilan los fundamentos interiores, los fundamentos morales y religiosos, la fe de la que sigue el recto modo de vivir. Y sabemos que la fe es el fundamento, y en definitiva, los cimientos de la tierra no pueden vacilar si se mantiene firme la fe, la verdadera sabiduría".Finalmente el Papa recordó que el Salmo 81 pide al Señor que se alce y juzgue la tierra: "así decimos también nosotros: 'levántate en este momento, toma la tierra entre tus manos y protege a tu Iglesia, protege la humanidad, protege la tierra'. Y nos confiamos de nuevo a la Madre de Dios, a María y le rezamos: 'Tú, la gran creyente, tú que has abierto la tierra al cielo, ayúdanos, abre también hoy las puertas, porque eres la vencedora de la verdad, la voluntad de Dios, que es el verdadero bien, la verdadera salvación del mundo'. Amén".
VATICANO, 11 Oct. 10 (ACI).-Al presidir esta mañana la primera Congregación General del Sínodo de los Obispos de Medio Oriente, el Papa Benedicto XVI explicó la importancia de la Virgen María como Madre de Dios y Madre de la Iglesia; y resaltó que con junto a ella y con la fe de los sencillos en la Iglesia, que es la verdadera sabiduría, se puede vencer a los "falsos dioses" actuales como la droga, la esclavitud, las ideologías terroristas y el poder.Ante los padres sinodales, el Santo Padre hizo una reflexión en la que explicó la importancia que tiene la Virgen María en la Iglesia y recordó que el 11 de octubre de 1962 el Papa Juan XXIII, a quien los católicos recuerdan hoy, inauguró el Concilio Vaticano, ya que en aquel entonces se celebraba en esta fecha la fiesta de la Maternidad divina de María, que actualmente se festeja el 1 de enero.La fiesta de la Madre de Dios, dijo luego el Papa, encierra un misterio difícil de entender: "¿Cómo es posible? Dios es eterno, es el Creador. Nosotros somos creaturas, estamos en el tiempo: ¿cómo es posible que una persona humana sea Madre de Dios, del Eterno, dado que estamos en el tiempo y todos somos creaturas?"El Concilio de Éfeso, prosiguió, entendió que María es verdaderamente la Theotokos, la Madre de Dios: "Dios no se ha quedado en sí, ha salido de sí y se ha unido tan radicalmente con Jesús que este hombre Jesús es Dios, y si hablamos de Él podemos siempre hablar de Dios".Así, con la Encarnación, con la existencia de la Theotokos, continuó el Papa, "estamos en relación con Dios y Él realmente ha creado una relación con nosotros. En aquel momento Dios quería nacer de una mujer y ser siempre Él mismo: este es el gran acontecimiento" y de esta manera se puede entender la profundidad del acto de Juan XXII de confiar el Concilio a la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia.La fe de la Iglesia es la verdadera sabiduríaReflexionando luego sobre el salmo 81, Benedicto XVI señaló que con el paso del tiempo los diversos "dioses" de la humanidad han ido cayendo, y en este proceso los mártires han tenido un papel fundamental: "es la sangre de los mártires, el dolor, el grito de la Madre Iglesia que los hace caer y transforma el mundo". Sin embargo, precisó, "este proceso nunca ha terminado"."Se realiza en los diversos periodos de la historia en modos siempre nuevos, también hoy, en este momento, en el que Cristo, el único Hijo de Dios, debe nacer para el mundo con la caída de los dioses, con el dolor, el martirio de los que testimonian", añadió.Seguidamente el Papa enumeró una serie de estas "falsas divinidades" actuales, como "los capitales anónimos que esclavizan al hombre, que no son solo algo del hombre, sino un poder anónimo al que sirven los hombres, por el que son atormentados los hombres hasta a veces ser asesinados. Es un poder destructivo que amenaza al mundo". "Y luego el poder de las ideologías terroristas. Aparentemente en nombre de Dios se da la violencia, pero no es Dios: son falsas divinidades, que deben ser desenmascaradas, que no son Dios. Y también la droga, este poder que, como una bestia voraz, extiende sus manos sobre la tierra y destruye: es una divinidad, pero una falsa divinidad que debe cae. O también el modo de vivir difundido por la opinión pública: hoy se hace así, el matrimonio ya no cuenta, la castidad no es más una virtud, y otros más"."Estas ideologías que dominan, que se imponen con la fuerza, son divinidades. Y en el dolor de los santos, en el dolor de los creyentes, de la Madre Iglesia de la que somos parte, deben caer estas divinidades, debe realizarse lo que dicen las Cartas a los Colosenses y a los Efesios: las dominaciones, los poderes caen y se convierten en súbditos del único Señor Jesucristo", dijo. El Papa Benedicto XVI comentó luego que sobre esta lucha habla el capítulo 12 del Apocalipsis, con una imagen de un dragón que genera un gran río de agua para ahogar a la mujer, pero la buena tierra absorbe esta corriente y no le hace daño: "creo dice el Santo Padre que el río es fácilmente interpretable: son estas corrientes que dominan todo y que quieren hacer desaparecer la fe de la Iglesia, que no parece tener lugar ante la fuerza de estas corrientes que se imponen como la única racionalidad, como el único modo de vivir. Y la tierra que absorbe estas corrientes es la fe de los sencillos, que no se deja abrumar por estos ríos y salva a la Madre y al Hijo"."Por eso el Salmo dice que la fe de los simples es la verdadera sabiduría. Esta sabiduría verdadera de la fe sencilla, que no se deja devorar por las aguas, es la fuerza de la Iglesia", agregó.En la parte final del salmo 81, continúa el Papa, se dice que "vacilan los cimientos de la tierra": "vacilan los fundamentos exteriores porque vacilan los fundamentos interiores, los fundamentos morales y religiosos, la fe de la que sigue el recto modo de vivir. Y sabemos que la fe es el fundamento, y en definitiva, los cimientos de la tierra no pueden vacilar si se mantiene firme la fe, la verdadera sabiduría".Finalmente el Papa recordó que el Salmo 81 pide al Señor que se alce y juzgue la tierra: "así decimos también nosotros: 'levántate en este momento, toma la tierra entre tus manos y protege a tu Iglesia, protege la humanidad, protege la tierra'. Y nos confiamos de nuevo a la Madre de Dios, a María y le rezamos: 'Tú, la gran creyente, tú que has abierto la tierra al cielo, ayúdanos, abre también hoy las puertas, porque eres la vencedora de la verdad, la voluntad de Dios, que es el verdadero bien, la verdadera salvación del mundo'. Amén".
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