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jueves, 2 de febrero de 2012

Referente a la revista CABILDO y al Nacionalismo Católico.



El domingo 29 de enero, en la sección Enfoques del diario La Nación (p.1-3), se publicó una larga e interesante entrevista de Ricardo Cárpena al Dr. Vicente Massot.

Siempre es bueno entrar en contacto con el pensamiento de Massot, sea por la caballerosidad de su estilo como por la solvencia de sus estudios. Pero si lo transcripto en la mencionada entrevista –tanto por las preguntas y comentarios del periodista como, principalmente, por las respuestas del entrevistado- fuera fidedigno, hay una serie de juicios que se han vertido sobre la revista Cabildo que necesitan justicieras aclaraciones.

         1º) Durante los años ’70 y hasta hoy, Cabildo no predicó ni practicó jamás la agresividad “en términos de la reivindicación de determinados tipos de violencia tan acusadas como las de la izquierda revolucionaria”. Esta simetría que se establece diciendo que “todos reivindicábamos la violencia” es, por lo menos, errónea y confusa. A quienes aún hoy formamos parte de Cabildo no se nos ha pasado por la cabeza buscar algún refugio indulgente en esta presunta homologación de violencias.

          Cabildo predicaba la guerra justa contra el terrorismo marxista, precisamente en franca oposición a la estrategia criminal de la violencia ejecutada cruelmente por “la izquierda revolucionaria”. Las cosas se especifican por su fin. El nuestro era el reclamo de los argentinos cabales, para que las Fuerzas Armadas de la Nación libraran limpia y frontalmente la necesaria Guerra Contrarrevolucionaria. El fin de “la izquierda revolucionaria” era el opuesto, en consonancia con los planes del Comunismo Internacional a los cuales aquellas bandas partisanas respondían. Hablar de una genérica "violencia" que habría sido reivindicada por todos, comporta una ligera simplificación.

Precisamente porque es cierto que “la idea es que había una guerra”, no resultan analogables los que anhelábamos en ella el triunfo de la causa de Dios y de la Patria, con los que respondían a los planes de tres Estados Terroristas: el cubano, el soviético y el chino.Proponer una suerte de exculpación sobre la totalidad del espectro ideológico porque “todos reivindicábamos la violencia”, supone una grave indistinción filosófica, política y filológica de aquel invocado término. Bien ha dicho De Maistre que la Contrarrevolución no es una Revolución de signo contrario, sino lo contrario de una Revolución.

         2º) No es cierto que “todas las revistas políticas de la época, como Cabildo, El Descamisado, El Caudillo, Militancia, tenían un común denominador: nadie creía en la democracia”.

Cabildo, ciertamente –de la mano segura de los clásicos y de los pensadores tradicionalistas más preclaros de todos los tiempos- sigue repudiando esta forma corrupta de gobierno. Pero el resto de las publicaciones mencionadas no sólo creían en la democracia,insertos como estaban en las aguas purulentas y ambiguas del peronismo, sino que la necesitaban, la sostenían y la usaban para la posesión y el usufructo del poder. De Marx y de Engels es la frase: “el primer paso de la Revolución Obrera es la conquista de la Democracia”. De Lenín aquella otra, según la cual, “la República Democrática es el acceso más próximo a la Dictadura del Proletariado”.Y hasta Rosa Luxemburgo se permitió decir que la Dictadura del Proletariado "consiste en el sistema de aplicación de la democracia, no en su abolición”. La intangibilidad de la democracia- teórica y práctica- no estuvo nunca en discusión desde las páginas populistas de las mencionadas publicaciones. Sólo Cabildo se manifestó políticamente incorrecto en tema tan crucial.Y en esto, como en el conjunto de nuestra doctrina, nos place seguir siendo consecuentes.
        
         3º) Es verdad que Cabildo “no era pluralista”, ni se expedía a favor de “la tolerancia”, o que no estaba “en las filas de los moderados”.  Lo primero porque de la Filosofía Perenne aprendimos la primacía de la unidad de la Verdad por sobre la adición disgregante de las opiniones múltiples. Lo segundo, porque bien dijo un ingenioso francés que, para practicar la tolerancia, hay “casas”, y no son precisamente las que queremos frecuentar. Lo tercero, porque creemos con Gómez Dávila que para moderado está el demonio, siempre pronto a respetar todas las creencias.

Pero nuestra posición no admite ser definida como de “ultraderecha” o “de contenido antisemita”. Ni mucho menos que este último juicio se sostenga en el hecho que, desde nuestras páginas, se “alertaba sobre la conspiración judía mundial o la complicidad del judaísmo con el comunismo”. Son ya muchos y prestigiosos los autores judíos –dentro y fuera del país- que han probado la veracidad de este complot, así como la explícita y alegre connivencia del judaísmo y el comunismo. Esto último, además, se ha presentado en decenas de tratadistas hebreos como un honor antes que como una mácula. Tendrá, pues, que buscarse otro argumento para sostener tan trillada inculpación. Para hallar las causas de nuestra confrontación con el judaísmo –quienes realmente quieran conocerlas- tendrán que remontarse a la teología católica, no a la panfletería antisemita, fabricada muchas veces por los mismos israelitas.

Cabildo es expresión del Nacionalismo Católico, tan reacio a dejarse rotular con las categorías del pensamiento único dominante, como impugnador de las hemiplejias rotativas con las que el sistema se autoconserva. Ni ultraderechas ni ficciones lingüísticas similares definen nuestro ideario. La vaina enmohecida de la guerra semántica hace largo rato que no nos corre.
4º) Es una lástima –y lo decimos sin sombra de sarcasmo alguno- que el Dr. Massot haya llegado a la conclusión de que “las lecturas militantes no servían para nada y había que meterse con Aristóteles, Hobbes, Marx. Al estudiar esos temas me di cuenta de las barbaridades que reivindicábamos. Lo que hacíamos era militar, no pensar”.
Se comprende que el término militancia se encuentre hoy entre los más pasibles del desprecio, por el manoseo indecoroso que han hecho de él los esbirros del kirchnerismo. Pero al margen de que abusus non tollit usum, la verdad es que para estudiar a los autores que menciona, el Dr. Massot no necesitaba apartarse de nuestras lecturas militantes. Hasta para adentrarse críticamente en su "personaje preferido de la historia, el príncipe de Bismarck", tenía a uno de nuestros grandes maestros, Don Rubén Calderón Bouchet, quien sobre el alemán escribió en el nº 3 de Restauración, la continuadora provisoria de Cabildo,cuando ésta fue cerrada por López Rega.

Una sencilla repasada a los antiguos ejemplares de Cabildo –y esto para acotar la referencia- le permitirá advertir a cualquiera que la formación que pregonábamos en nuestros lectores, amigos y camaradas, incluía forzosamente el conocimiento y el análisis minucioso de aquellos autores mencionados por Massot. Va de suyo que cada quien consagraba al estudio lo que sus dones, talentos o posibilidades le permitían. Pero contraponer dialécticamente la militancia al pensamiento, es un cargo que no puede aplicársele al Nacionalismo Católico sin cometer una penosa injusticia. Pensadores de fuste –y consagrados a todas las áreas del pensamiento, desde la teología y la metafísica hasta las letras y las artes, pasando por la historia y las ciencias- fueron a la par esforzados militantes nacionalistas. Algunos de ellos, como Genta y Sacheri, pagaron el alto costo de su sangre derramada por esta doble y honrosa condición de pensadores militantes.

Por último, la revista Cabildo, no apareció en 1972, sino el 17 de mayo de 1973. El Dr. Vicente Massot no “tenía entonces 18 años” sino 21. Sus datos curriculares asentados en su prolífica obra, datan su nacimiento en 1952.

Se me crea o no, lamento con un dolor lacerante y creciente, haber tenido que rectificarlo. Porque los recuerdos de su juventud lúcida y combativa, de su prosa acerada y vehemente, de su fe en la Tradición de la Iglesia y en los grandes arquetipos del Nacionalismo Universal, seguirán siendo para mí y para quienes otrora fuimos sus camaradas, un testimonio vivo que hasta los mismos e irreconciliables cambios de rumbo se niegan a borrar.

ANTONIO CAPONNETTO
Director de "CABILDO"

jueves, 10 de noviembre de 2011

Silvio Rodríguez.

ENTREVISTA A SILVIO RODRÍGUEZ 
"Me hubiera gustado ser un músico revolucionario"

(AW) En la previa a los conciertos que Silvio Rodríguez tiene previsto realizar en la Argentina durante noviembre y que concluyen el 18 en el estadio de Ferrocarril Oeste, ofreció una conferencia de prensa en donde se pudo ver y escuchar al Silvio persona, cantante, escritor, productor y hacedor de cientos de historias de amor vinculadas a la Cuba revolucionaria. 
Silvio-Rodriguez



MIércoles, 9 de Noviembre de 2011.
Por: Jimena Riveros para la revista Hamartia

En los años que no ofreció recitales comerciales el trovador cubano se dedicó a realizar conciertos solidarios en su Cuba natal, recorriendo barrios junto a cantautores populares, difundiendo desde adentro la cultura musical, tan pronunciada en la Isla. Silvio refiere que allí la música es algo que pudieron desarrollar debido al "talento indudable que tiene el pueblo pero también por la política educacional que existe desde hace muchos años y que se manifiesta en todas las provincias" y permitió que varias generaciones se formen musicalmente. Con un tono cordial, sencillo y muy bien dispuesto a los diversos interrogantes que fueron surgiendo, este poeta latinoamericano no tuvo reparos en contestar todas preguntas incluyo aquellas para las que cree no tener respuestas, como: ¿Qué es ser un revolucionario hoy?.
Y la respuesta fue contundente: "No tengo idea, que cada cual lo asuma como le parezca", no obstante explicó que le hubiera gustado ser revolucionario en su trabajo, él hubiera querido "ser un músico revolucionario" pero cree que no lo fue porque tiene una "mezcla de ideas audaces con cosas conservadoras también".
ESTADOS UNIDOS, CUBA Y EL CRUCE DE MUSICOS
En relación a todo lo que concierne a los Estados Unidos, con las implicancias que tiene ese país sobre Cuba debido al bloqueo economico-financiero que ejerce desde casi medio siglo, Silvio destacó el profundo vínculo que une a esos dos pueblos desde los musical: "Allá hay una música fascinante, autóctona que es el blues, que es de donde surje buena parte de la música internacional. El jazz se nutrió de ahí y es una música con la que los cubanos tenemos mucha afinidad porque tenemos la misma proposición étnica casi, al menos uno de los factores, que es el negro, lo tenemos. Esa similitud de etnias hace que nuestras músicas se mezclen con mucha facilidad, por eso hay tanto de la armonía blusera en la canción popular cubana y tanto de los ritmos cubanos en el jazz y en la música popular de los Estados Unidos. Ha habido mucho intercambio de músicos, la comunicación en ese sentido es maravillosa, es espontánea, no tiene los problemas de otras áreas de reconocimiento de la actividad humana. En Estados Unidos de pronto aparecen los Van Van y dejan una huella. Es algo que ocurre desde hace más de un siglo, con algunas interrupciones pero los músicos de los Estados Unidos y los músicos cubanos por alguna razón siempre nos hemos mirado un poco como en un espejo, tratando de encontrar semejanzas y tratando de aprender los unos de los otros".
CUBA SIN FIDEL
El mundo convulsiona frente a una gran crisis económica que poco golpea a este país; Latinoamérica permanece unida como nunca antes en la historia; Fidel dejó de ser el Presidente del Consejo de Estado Cubano y se empieza a trazar allí un nuevo rumbo económico. Silvio Rodríguez permanece atento y reflexivo frente a esto y sostiene que esta "actualización" (termino usado por los políticos cubanos) tiene que ver con una suerte evolución porque la "revolución la hicimos en el sentido de que logramos hacer un país que no olvidaba las necesidades de la mayoría, ahora tenemos que lograr un país donde la productividad sea mayor" y con respecto puntualmente a la salida de la escena política de Fidel Castro, el que fuera según el propio Silvio, ‘la voz de la Revolución', responde que es algo inevitable, porque a todas las personas les toca partir en algún momento, y con respecto a la crisis mundial simplemente explica algo lógico: "A Cuba no le ha sido tan difícil esta crisis porque Cuba vive en crisis desde hace medio siglo. A otros paises que han tenido que perder, donde las clases medias se han hundido los afecta mucho más. Eso no ha pasado en Cuba".
El poeta que le viene cantando hace añares a diferentes generaciones que atravesaron diferentes realidades reconoce que la Mayor de las Antillas se encuentra en una situación económica difícil aunque "no tan catastrófica como la pintan algunos, pero si difícil". En este sentido explicó que hasta hace muy poco el Estado asumía un rol paternal con el pueblo porque daba todo y ahora ese mismo Estado empezó a pedir la participación de los ciudadanos que liberan a las fuerzas productivas y da la posibilidad de que la gente haga sus negocios y empiece a tener beneficios. "Es un tema contradictorio porque ese Estado Papá por una parte era fastidioso y no dejaba desarrollar a las fuerzas productivas pero por otro lado también se encargaba de hacer justicia hacia los sectores menos favorecidos y ahí es donde está el meollo del asunto. Yo espero que en la medida que vayan surgiendo los problemas se vayan atendiendo. Es algo que está empezado ahora en Cuba y yo estoy muy esperanzado".
LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN Y LA LIBERACION DE RENE
El rol que asumen, asumimos, los medios se comunicación fue algo que estuvo presente durante toda la charla, sobre todo en momentos donde en nuestro país ya se sabe quien patea para cada arco así como los intereses que cada medio defiende. Silvio no está ajeno a este fenómeno aunque lo reconoce como complejo y le da gran entidad a los avances tecnológicos que permiten nuevos canales de comunicación que muchas veces "equilibran un poco" el monopolio mediático. "A veces pudiera verse - a los medios alternativos - como la guerrilla porque no son una cosa organizada. Yo veo que está en proceso de formación y es muy interesante. Vamos a ver que depara esto".
Si hablamos de desinformación, del bloqueo a la información, la reacción de Silvio cuando vio (a través de un video casero que circula por la web) que René Gonzalez, uno de los cinco cubanos presos injustamente en los Estados Unidos, salia en libertad el pasado 7 de noviembre y que al subirse al auto lo primero que hizo fue cantar sus canciones, la explica el mismo: "Fue muy fuerte, aunque yo había hablado con René hace un año cuando estuve en los Estados Unidos, saliendo de San Francisco y me entró una llamada y era René. Estuvimos hablando largo rato y descubrí que era una persona que conocía muy bien los alrededores de mi pueblo natal y algunos lugares que son muy lindos. Allí hay un río, hay una canción que se llama ‘Yo soy de donde hay un río' y él conocía todo eso; fue muy especial esa combinación porque hablamos de cosas muy cercanas, muy íntimas, que eran muy entrañables para él porque él había pasado en esa zona momentos importantes de su vida, imagínate yo. Entonces ver que René... tú sabes lo que ha sido toda esta lucha tan difícil porque los liberen. De pronto ver que esta gran persona, que este compañero sale de la cárcel y lo primero que oiga es una canción mía es algo impactante, para mi fue muy emocionante. Tremendamente emocionante".
Silvio no habla mucho con los medios, de hecho las entrevistas a las que accedió en nuestro país fueron por correo eléctrico pero ¿qué cuestionarle? Lo que debieramos buscar él lo ofrece y lo hace a través de su arte, de su música, de su guitarra. Así y todo habló con los periodistas que se hicieron presentes y le habló a su público. Ahora sólo queda esperar a ver el show que ofrecerá donde va a recorrer parte de su amplio repertorio, en el que no faltarán los clásicos que todo el mundo quiere escuchar y donde también se podrá disfrutar de temas de su último disco, editado en 2010, e incluso algunos nuevos . También cantará algunas canciones junto a Victor Heredia y el público argentino podrá disfrutar de otro gran artista cubano el trovador, cantacuentos, escritor y periodista Amaury Pérez que es otro de los músicos invitados al concierto.-

martes, 3 de mayo de 2011

PRIMEROS SINDICATOS.


Red Patriotica Argentina



Sin Pan y sin Trabajo: el arte describe la realidad social
LOS PRIMEROS SINDICATOS

La explotación del hombre por el hombre generada por el crudo capitalismo emergente del liberalismo económico nacido a fines del siglo XVIII, provoca la aparición de una organización obrera revolucionaria.  El sindicalismo vuelve a tener vigencia por estos carriles, negados los derechos de los trabajadores a agremiarse reconocidos desde la Edad Media.  En 1864 aparece en Londres la I Internacional, en la que tendrá prevalencia Carlos Marx, pero también en ella estarán presentes los anarquistas, con Miguel Bakunin.  Ya se visualizan las diferencias entre los socialistas, unos partidarios de la utilización de los mecanismos políticos burgueses para implantar la dictadura del proletario, y otros quienes para llegar al mismo objetivo, propician la destrucción del Estado burgués mediante la acción directa: los anarquistas.
Los inmigrantes que llegaron a la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX, fueron portadores de estas ideologías y algunos dirigentes fundaron los primeros sindicatos.
En 1877 se constituyó la Unión Tipográfica sobre la base de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, que comenzó a actuar en 1857, quizás la más vieja entidad sindical del país.  En 1878, la Unión Tipográfica realizó la primera huelga importante en la República.
En la década del ’80 aparecieron la Unión Obreros Panaderos y la Sociedad de Obreros Molineros, las dos en 1881, la Unión Oficiales Yeseros (1882), Sociedad Obreros Tapiceros, Sociedad de Mayorales y Cocheros de Tranvías (ambas en 1883).  En este año se forma la Sociedad de Resistencia de Obreros Marmoleros, y la Sociedad de Obreros Panaderos en 1885: estos dos gremios tienen como objeto la lucha sindical, mientras que los mencionados anteriormente son de ayuda mutua, fundamentalmente, lo mismo que “La Fraternidad”, creada en 1887 por conductores y foguistas ferroviarios. (1)
En 1889 se constituyó en París la II Internacional, reunión a la que asistió un delegado del Club Socialista Vorwaerts, fundado por alemanes en 1882.  En esta Internacional predominaron los socialistas y se estableció el 1º de mayo como “Día del Trabajo”, en homenaje a los obreros ajusticiados en Chicago y en demanda de la jornada de 8 horas de trabajo.
En nuestro país, el Club Vorwaerts constituyó un Comité Internacional Obrero, que celebró el 1º de mayo por primera vez, en Buenos Aires, en 1890.  Este Comité creó la Federación de Trabajadores de la República Argentina en 1891, con su periódico “El Obrero”.  Fue la primera central obrera del país, donde disintieron socialistas y anarquistas, lo que la llevó a su disolución en 1892.  En 1894 hay una segunda Federación del mismo nombre, y en 1896 una tercera: ambas fracasaron.
En 1901 aparece la Federación Obrera Argentina (FOA), integrada por socialistas y anarquistas, que dura lo que un lirio.  En 1903 se separan los socialistas y forman la unión General de Trabajadores (UGT).
En 1902, según proyecto presentado por Miguel Cané, el Congreso dicta la ley Nº 4.144, llamada “de residencia”, por la cual, mediante un simple decreto, el poder ejecutivo nacional podía, por el artículo 2º, sin juicio previo, desterrar del país a todo extranjero “que comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”; además su artículo 3º prescribía que “El poder ejecutivo podrá impedir la entrada al territorio de la República a todo extranjero cuyos antecedentes autoricen a incluirlo entre aquéllos a que se refieren “los artículos anteriores”, comprendiendo los casos de extranjeros condenados o perseguidos por tribunales extranjeros por crímenes o delitos comunes, que también podían ser expulsados (artículos 1 y 2).
En 1904, como las huelgas y la violencia obrera no cesan, Joaquín V. González, ministro del interior de Roca, proyecta un Código del Trabajo que el Congreso no sanciona.  Establecía la jornada de trabajo de 48 horas semanales, 42 para los menores; el descanso dominical y en ciertos días feriados, prescripciones sobre trabajo a domicilio, condiciones de higiene y seguridad, contratos colectivos, asociaciones industriales y obreras, etc.  Normas que prohibían a los gremios coaccionar a los obreros no asociados para que no concurriesen a trabajar en caso de huelga, la facultad del Estado de disolver un sindicato cuando alterase la paz y el orden, entre otros casos, hizo que tanto la FOA como la UGT rechazaran el proyecto.  No así el Partido Socialista, que en su sexto congreso reunido en Rosario aceptó en general el proyecto.
Volviendo a la evolución de las centrales gremiales, la FOA, que quedó con las anarquistas solamente, se transformó, en su cuarto congreso, en Federación Obrera Regional Argentina (FORA).  En el quinto congreso se declaró consustanciada con el comunismo anárquico.  En el seno de la socialista UGT, aparece hacia 1903 la corriente sindicalista que declaró que: “Los sindicatos y no el partido político son el arma principal de la lucha proletaria”. (2)  Los sindicalistas fueron una corriente intermedia entre socialistas y anarquistas; no despreciaban la acción política, pero la subordinaban a la actividad sindical; la huelga general, como método de lucha, los acercaba al anarquismo.
Las huelgas violentas llenan los primeros años del siglo.  En 1907, en Ingeniero White, son muertos 7 obreros por la policía.  El 1º de mayo de 1909 hay dos actos en Buenos Aires: uno organizado por la FORA, anarquista, y el otro por la UGT, socialista y sindicalista.  Como el primero no había sido autorizado, la policía intenta disolverlo; dado que los obreros insisten en realizarlo, aquélla apela a las armas de fuego, lo que provocó 8 muertes y 40 heridos, entre los trabajadores.  La UGT, cuyo mitin estuvo permitido, se adhiere al duelo, y se declara la huelga general.  Se implanta el estado de sitio y se aplica la ley 4.144.  En represalia, en noviembre, el jefe de policía, coronel Ramón L. Falcón, y su secretario son muertos en un atentado anarquista.  El clima de confraternidad obrera lleva ese mismo año a la creación de la Confederación Obrera Regional Argentina (CORA), a la cual se volcó la UGT y algunos gremios de la FORA, aunque esta siguió con su actividad.
En mayo de 1910, se aprestaba a vivir la República los festejos del centenario de la Revolución de Mayo.  Los anarquistas declararon la huelga general el 14 de mayo, por lo que se restablece el estado de sitio.  En junio de 1910 estalla una bomba en plena sala del teatro Colón, en uno de los actos conmemorativos.  El Congreso sanciona entonces la ley N1 7.029, llamada de “defensa social”: se prohibía la entrada al país a los anarquistas y a los que preconizaran el uso de la fuerza contra funcionarios públicos, o gobierno en general o instituciones de la sociedad.  También se vedaba constituir una asociación de personas o reunirse con la finalidad de propagar, instigar o cometer hechos sancionados por las leyes nacionales.  Los actos de terrorismo se reprimían hasta con la pena de muerte.
En 1914 se incorpora la CORA a la FORA; los sindicalistas mantienen ahora predominio en ésta.  En el IX Congreso de la FORA, que se realiza en 1915, los asistentes se manifiestan mayoritariamente sindicalistas.  Los anarquistas, que pretenden un pronunciamiento a favor del comunismo anárquico, se separan y forman su propia organización que denominan FORA del V Congreso.  Quedan así perfiladas la FORA del IX Congreso, donde conviven socialistas y sindicalistas, con prevalencia de éstos, y la minoritaria FORA del V Congreso, que nuclear a anarquistas.  La primera acrecentará su poderío en la presidencia de Yrigoyen, quien mirará al sindicalismo con simpatía. (3)
Además de las corrientes anarquistas, socialistas y sindicalistas, la cuestión social también preocupa al catolicismo.  En la I Asamblea de los Católicos Argentinos celebrada en Buenos Aires a partir del 15 de agosto de 1884, en la que participaron más de 140 delegados de todo el país, se resolvió en materia social seguir trabajando activamente por la implantación del feriado dominical (4), propició la enseñanza técnica de la juventud mediante la creación de escuelas de artes y oficios; preconizó la fundación de círculos de trabajadores con fines de edificación, propaganda y socorros mutuos, algunos de los cuales ya funcionaban en Buenos Aires y en Córdoba; también auspició el establecimiento de talleres obreros y oficina de colocación para los desocupados.  Estrada señaló como tema de estudio el de la vivienda: “No hay sociedad sólida sin familia regular; y no hay familia regular sin hogar seguro e independiente.  Los arrendamientos precarios, las aglomeraciones de familias en edificios comunes, las habitaciones estrechas e insalubres, conspiran contra la vida, contra la dignidad y contra la moral de las clases obreras”. (5)  Emilio Lamarca, en su intervención, además de condenar el clima fraudulento que se vivía, y al “cosmopolitismo sectario” de quienes llamó “oligarquía”, en el diario “La Unión”, condenó la política oficial autora de tanta corrupción y males sociales. (6)
En 1891, León XIII escribía la encíclica “Rerum Novarum”, en la que el Papa condenaba los excesos del capitalismo liberal; afirmaba el derecho privado de propiedad pero le atribuía a ésta una función social; no admitía la libre contratación del trabajo y afirmaba la necesidad del dictado de una legislación social; condenaba como falso que el trabajo fuera una mercancía y que su valor dependiera de leyes económicas inexorables, debiendo el salario del obrero bastarle para poder vivir él y su familia en condiciones ordinarias; y defendía el derecho de los obreros a organizarse sindicalmente para defender sus derechos.  Los principios de esta encíclica fueron difundidos en Argentina, y desde allí en más, los católicos se entregaron a la acción social.
El padre Federico Grote fundó en 1892 los Círculos de Obreros; que difundieron el mutualismo entre los trabajadores y les ofrecieron un sano esparcimiento.  En 1912 los círculos establecidos eran 77, con 22.930 socios (7).  Paralela a los Círculos de Obreros, Grote fundó en 1902 la Liga Democrática Cristiana, para procurar formar corporaciones gremiales y profesionales, y trabajar para obtener una legislación protectora de la clase obrera, entre otros objetivos. (8)
En el II Congreso de los Católicos celebrado en Buenos Aires en 1907, se resolvió propiciar la creación de sociedades protectoras de la familia obrera, la creación de sociedades de socorros mutuos, la construcción de casas económicas para los obreros y el avance en materia de legislación social (9).  Como fruto del III Congreso realizado en Córdoba en 1908, Emilio Lamarca promovió la fundación de la Liga Social Argentina, cuyos objetivos eran sustentar la organización cristiana de la sociedad, combatir todo error o tendencia subversiva, “levantar intelectual y socialmente todas las profesiones y clases sociales” (10).  La Liga Social Argentina logró contar con más de 5.000 adherentes en 1914, y el número de centros en 1919 era 184. (11)
Los católicos estuvieron presentes en la sanción de las leyes sociales de la época.  La primera, que establecía el descanso dominical, de 1905, y la segunda, de 1907, que reglamentaba el trabajo de mujeres y menores, ambas fueron propiciadas por el diputado Santiago O’Farrell, entre otros legisladores, como el socialista Alfredo L. Placios.  O’Farrell fue presidente de la Federación de Círculos Obreros.  Ambas conquistas ya habían sido propiciadas por los católicos desde 1884 en adelante.  Estas dos leyes, según Auzá, fueron las dos primeras leyes laborales que se dictaron en América. (12)
Otro diputado católico, Arturo M. Bas, propició en 1915 la ley Nº 9.688, de accidentes de trabajo, y la ley Nº 9.148 de agencias gratuitas de colocaciones, de 1913.  Juan F. Cafferata, también militante católico, propició en 1915 la ley Nº 9.677 de viviendas económicas.
Fuera del período que estudiamos, Bas y Cafferata, propiciaron múltiples iniciativas convertidas en leyes laborales, a veces, y otras, con menos suerte, quedaron en meros proyectos.  Esto puede consultarse en uno de los ilustrativos trabajos de Auzá (13).  También, merced a los diputados José Luis Cantilo y Ernesto Padilla, de extracción católica, fue reorganizado el Departamento de Trabajo, en 1912, que había sido creado por ley de 1907.
Los católicos dijeron cosas profundas respecto de la cuestión social.  Emilio Lamarca, en aquella época, demuestra que el liberalismo criollo sólo ha generado socialismo y anarquismo a fuerza de predicar la inexistencia de Dios, de su ley, que “no hay más divinidad real, activa, imponente, que la materia eterna, eternamente evolutiva”, que “el hombre no es hechura del Creador, sino que desciende de los célebres monos catarrhinos”, que “no hay, por consiguiente, tal libre albedrío; todo se reduce a fuerza y materia” (14)  Con tales apotegmas enseñados y practicados por los positivistas –profesores, periodistas, funcionarios, científicos y “filósofos” del régimen- ciertos sectores sociales se dedicarán al intento de destruir al Estado y a las fuerzas patronales.  Dice Lamarca: “el pueblo es sencillamente lógico y fatalmente saca las desastrosas consecuencias de las falaces doctrinas que se le inculcan”.  “Las hordas de pitecántropos, una vez afeitados y descolados”, en el ocurrente giro de Lamarca, desprovistos de todo prejuicio ético, se entregan a la acción directa, aunque evolucionados en sus métodos, pues habiendo rumiado los rudimentos de la física y de la química, están en condiciones de fabricar elementos detonantes, agregamos nosotros.
Agrega Lamarca: “El liberalismo suele protestar contra semejantes doctrinas cuando se traducen en hechos; pero él las ha iniciado, él ha puesto en duda hasta lo más sagrado, él ha cohonestado, él ha suministrado las causas, él las ha fomentado y aplaudido, y para el pueblo estos no son cuentos; lo precipitan a las vías de hecho”.  Y concluye afirmando que al coronel Falcón, son los liberales los que lo han muerto.  Los positivistas del ’80 recogían a principios del siglo XX el resultado de lo que habían sembrado. (15)
La cuestión social no afectó solamente a la ciudad.  En el campo la situación de los arrendatarios era difícil, sometidos a leoninos contratos de locación, que significaban en muchos casos tener que desprenderse de la mitad de lo recolectado, con plazos muy limitados de duración, y debiendo soportar imposiciones de los dueños de las extensiones que exigían, por ejemplo, que las labores agrícolas se realizaran con sus máquinas.
En 1912, en Alcorta, impulsados por el cura de la localidad, Pascual Netri, más de dos mil colonos paralizaron sus labores agrícolas y exigieron contratos de arrendamiento de por lo menos 4 años, pago del alquiler con un 25% de lo producido, libertad de realizar las labores agrícolas con las máquinas que decidiera el agricultor, etc.  El llamado “Grito de Alcorta” se irradió a zonas agrícolas de Buenos Aires y Córdoba, y fue todo un éxito.  Los propietarios se vieron obligados a aceptar la demanda de los colonos.  Las mejoras beneficiaron a muchos, pues el número de arrendatarios había crecido.  En la provincia de Santa Fe, el porcentaje de explotaciones trabajadas por gente que no era propietaria, pasó entre los años 1895 y 1914, del 37,59% al 69%, en la provincia de Buenos Aires del 49,64% al 56,54%, en Córdoba del 13,14% al 56,86%, y en Entre Ríos del 20,91% al 43,06%. (16)
Referencias
(1) Matsushita, Hiroshi, Movimiento obrero argentino (1930-1945), página 107, Buenos Aires (1986).
(2) Ibídem, página 107.
(3) Ver Baily, Samuel L., Movimiento obrero, nacionalismo y política en la Argentina, páginas 22 y siguientes, Buenos Aires (1986).
(4) Se resolvió “boicotear” a las empresas que hicieran trabajar a su personal los días domingos (Auzá, Néstor Tomás, Católicos y liberales en la generación del ochenta, página 283, Buenos Aires (1981).
(5) Ibídem, página 285.
(6) Ibídem, páginas 279 y siguientes.
(7) Auzá, Néstor T., Los católicos argentinos.  Su experiencia política y social, página 62, Buenos Aires (1984).
(8) Zuretti, Juan Carlos, Nueva historia eclesiástica argentina, página 377, Buenos Aires (1972).
(9) Auzá, Nestor T., Op, Cit, página 70.
(10) Ibídem, página 137.
(11) Ibídem, página 138.
(12) Ibídem, página 143.
(13) Ibídem, páginas 141 y siguientes.
(14) Lamarca, Emilio, Necesidad de la acción social en “Las ideas sociales de Emilio lamarca”, Buenos Aires (1922), Edic. UPCA, páginas 82/3 Cit. Por Cárdenas, Eduardo J. y Paya, Carlos M., Op. Cit. Páginas 283/4.
(15) Ibídem, páginas 285/6 (en el trabajo sobre el pensamiento de Lamarca, páginas 84/5 y 93/4).
(16) Gallo, Ezequiel y Cortes Conde, Roberto, Historia Argentina, Tº V, “Paidós”, página 180.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Petrocelli, Héctor B. – Historia Constitucional Argentina – Keynes – Rosario (1993).

sábado, 26 de marzo de 2011

Mujica al abismo:Ahora visitó en el hospital a un militar represor y asesino que está enfermo .

URUGUAY

Uruguay: otro paso de Mujica al abismo.
Ahora visitó en el hospital a un militar represor y asesino que está enfermo
por

José Pepe Mujica, el presidente uruguayo, no sólo es un traidor a sus compañeros tupamaros que cayeron combatiendo a la dictadura, sino que además se jacta de su vergonzoso "pragmatismo" y ahora visitó

a un militar condenado por delitos de lesa humanidad.


Como otro colega en "arrepentimientos", el ex guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, que actualmente
es un niño mimado de la CIA y asesora al gobierno colombiano para asesinar insurgentes, el mandatario uruguayo
repite la historia de quienes ensucian con sus acciones del presente un pasado de lucha y compromiso.

Mujica fue en su momento uno de los líderes del MLN Tupamaros y en virtud de ello fue perseguido y encarcelado
por la dictadura uruguaya que lo mantuvo 13 años en prisión junto con los principales referentes de la organización
revolucionaria, entre ellos su líder máximo, Raúl Sendic.

Pero ni Mujica ni otro ex tupamaro famoso, Eleuterio Fernández Huidobro, siguieron los pasos de dignidad
y compromiso de Sendic (quien falleciera después de obtener su libertad, producto de las torturas que sufrió),
sino que se dedicaron a planificar la más infame de las traiciones, es decir, abjurar y ensuciar un pasado heroico.

Ambos personajes se destacaron por oponerse a la anulación de la ley de impunidad que permitiría juzgar a los militares represores
que asesinaron a cientos de uruguayos y uruguayas. En varias ocasiones tanto Mujica como Huidobro manifestaron
que los criminales uniformados "eran unos viejitos" que no justificaban ser perseguidos de por vida y abogaron por la "reconciliación".

Además, en cada una de sus acciones de gobierno, estos "tupamaros" de cartón (que injurian dia a día la historia de lucha y entrega
de cientos de militantes que siguen reivindicando los principios y la trayectoria original de aquella organización) profundizan
en políticas de franco corte neoliberal, provocan una mayor extranjerización de la tierra y permiten (festejado con bombos y platillos)
la entrada de las peores trasnacionales que se proponen devastar al Uruguay.
Ahora, como un patético final de ciclo, que lo empuja a Mujica cada vez más a un abismo de infames derrotas, a Mujica
se le ocurre la "genial" idea de visitar en su lecho de enfermo a un militar que está acusado de cientos de crímenes,
el general Miguel Dalmao. Quiere reconciliarse, demostrar que es un hombre "capaz de perdonar", arrodillarse ante sus verdugos.
La cruel bofetada a los caídos, a los encarcelados, a los muertos en el exilio, y en general, a todo el pueblo uruguayo,
fue consumada, esta semana, por Mujica y quedará inscripta en la historia triste de las traiciones latinoamericanas,
que algún día, los pueblos que no olvidan ni perdonan, se cobrarán con creces.

Mientras Sendic, comandante tupamaro que antes de caer en las manos de los milicos de Dalmao,
gritó a esos esbirros "Soy Rufo, y no me entrego", y por ese tipo de gestos, siempre quedará en la memoria fértil de los luchadores,
como un auténtico revolucionario, Mujica y su corte de alcahuetes ya han inscripto su nombre en el libro negro de los que se venden por cuatro monedas.


AQUÍ LA NOTICIA

El mandatario uruguayo se entrevistó con el general Miguel Dalmao, quien cumple su sentencia en un hospital. Desde el Gobierno explicaron que quería "interiorizarse sobre su salud"

La inesperada visita duró unos 40 minutos. Fue para conocer en detalle los padecimientos que sufre el militar, sometido recientemente a una angioplastia por una obstrucción coronaria.

La decisión de Mujica se da en momentos en que el Congreso debate una norma interpretativa de la ley de impunidad. Esta ley perdonó a militares y policías que violaron sistemáticamente los derechos humanos durante la última dictadura (1973-1985).

Pese a la vigencia de esa norma, desde 1986 el artículo 4 habilitó al Ejecutivo a promover investigaciones de algunos crímenes, como el secuestro de bebés, robos y asesinatos.

La actual administración y su predecesora, liderada por Tabaré Vázquez, recurrieron a esa disposición para que la Justicia civil reabra casos. Eso permitió la detención de varios militares y policías que fueron ubicados en una cárcel especial, en los alrededores de Montevideo.

El encuentro de Mujica y Dalmao se produce, además, en medio de una polémica sobre la presunta existencia de un video con amenazas a políticos y magistrados civiles. En él se advierte sobre la toma de acciones comando para rescatar a esos reclusos.

El general, ex jefe de la División de Ejército IV, se encuentra en la sala de recuperación del hospital. Hasta ahora es el único alto militar en actividad que fue condenado por su responsabilidad en la muerte de la joven Nibia Sabalsagaray, en junio de 1974.

Sabalsagaray era profesora de literatura en Nueva Helvecia, departamento de Colonia, al oeste de Montevideo, y fue detenida en su domicilio. Falleció en el cuartel. La versión oficial de los militares fue que se había suicidado, lo que fue rechazado siempre por sus familiares y por sus abogados defensores.

"José Mujica no tiene rencores con los militares, él mira para adelante"
Así lo afirmó en Radio 10 el senador del Frente Amplio Jorge Saravia, al referirse a la visita del presidente uruguayo al general Dalmao (foto), quien está detenido por crímenes durante la dictadura. "Fue un gesto político", resaltó

El senador nacional uruguayo por el Frente Amplio, Jorge Saravia, resaltó esta mañana que el encuentro que tuvo el presidente José "Pepe" Mujica con el generalDalmao fue "un gesto político", que apunta a reforzar la convivencia.

El legislador afirmó que la visita se produjo porque el militar tuvo una afección cardíaca que puso en peligro su vida. "Corresponde al jefe de las Fuerzas Armadas visitar a su general, además porque Mujica lo había designado para jefe de la región IV, en la frontera con Brasil".

Saravia tomó con naturalidad el encuentro entre el presidente de Uruguay y el general, porque el primer mandatario "es un hombre sin ningún rencor; para él las deudas del pasado están laudadas hace mucho tiempo".

"Mujica entiende que fue un combatiente que fue derrotado en el campo militar. Él mira para adelante e intenta restaurar la convivencia de todos, incluídas las Fuerzas Armadas".

Para el senador del Frente Amplio, el partido de gobierno, Mujica "es en todo el sentido de la palabra un republicano, que tratar de saldar deudas del pasado y que evita dividir la soeciedad en dos mitades".

lunes, 27 de diciembre de 2010

Tte. General D. Jorge R. Videla: Al Pueblo Argentino.



MANIFESTACIÓN ANTE LOS JUECES

INTROITO

Señores Jueces:

Mucho se ha dicho y se ha escrito, sobre lo ocurrido en nuestra Patria durante la década de los años 70; lamentablemente, con una visión sesgada de la realidad -no exenta de dudoso propósito- ocultando parte de la historia de esos trágicos años y tergiversando a su vez, la parte que se hace pública.

No es mi intención, en este momento, polemizar con dichas opiniones, emitidas en uso del derecho a la libre expresión que protege nuestro sistema democrático de vida. Mi conducta al respecto, ha sido la de mantener un prudente silencio, como contribución a la concordia entre mis conciudadanos.

Pero, en esta oportunidad -más que como imputado, como protagonista y testigo- siento el deber inexcusable de hacer llegar ante ustedes y a través de ustedes a la sociedad argentina toda, en particular a sus jóvenes manipulados por la desinformación y la propaganda artera, mi visión personal sobre aquellos hechos, que constituyen el marco de referencia que encuadra lo que es materia de este y otros juicios en los que me encuentro procesado.

NUESTRA ÚLTIMA GUERRA INTERNA

Antecedentes mediatos

Al término de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad de naciones quedó virtualmente agrupada en derredor de dos polos de poder -ideológicamente antagónicos- que, además de disputarse entre sí el manejo del mundo, intentaban atraer en su favor a los países no alineados con ellos.
El dominio del poder nuclear por parte de las dos potencias líderes (EE UU y la URSS) y la posibilidad de su destrucción masiva en forma recíproca, actuó entonces como factor de disuación, dando lugar a la llamada guerra fría: una suerte de equilibrio inestable que nadie se atrevía a romper -so pena de la represalia- todo ello, en medio de una paz armada.

Fue justamente la URSS quien, con el afán de expandir su poder, ideó una manera sutil de quebrar aquel equilibrio sin que provocara la réplica; y lo hizo promoviendo, alentando y solventando los llamados movimientos de liberación nacional: contra el colonialismo, caso de África; o bien contra las desigualdades sociales, caso de Latinoamérica.

La estrategia así concebida, llamada también estrategia indirecta o guerra revolucionaria, buscaba la toma del poder en dichos países, mediante acciones violentas amparadas bajo las banderas de la liberación.
Cabe destacar que, lo que para las grandes potencias eran conflictos de baja intensidad, constituían para los países periféricos -como en nuestro caso- conflictos en los que se jugaba la identidad nacional de estos países.

La República Argentina no fue ajena a esa forma de agresión y, lo que pudo ser objeto del debate y de la confrontación democrática de ideologías encontradas, pasó a convertirse en un violento enfrentamiento armado -dado la intolerancia del agresor- cuyo lema rezaba: la razón está en la boca de los fusiles.

Antecedentes Inmediatos

El empleo de las Fuerzas Armadas en 1975, para combatir contra el terrorismo, no fue un acto improvisado y mucho menos novedoso.

En efecto, el Ejército, dentro de su planeamiento específico de corto plazo, contaba con el llamado Plan de Capacidades, el cual contenía las previsiones para responder, con lo que se disponía en ese momento, ante la ocurrencia de cualquiera de las hipótesis de conflicto retenidas como tales.

Una de esas hipótesis era la Variante Marco Interno, la cual preveía una agresión por parte del terrorismo subversivo que, superando la capacidad de represión de las Fuerzas Policiales y aún las Fuerzas de Seguridad, impusiera el empleo de las Fuerzas Armadas, con el objeto de restablecer el orden alterado, previo dictado del decreto correspondiente.

Luego del Cordobazo (producido el 29 de mayo de 1969) y del posterior secuestro y asesinato del Teniente General Aramburu (ocurrido el 29 de mayo de 1970) el Ejército puso en práctica el Plan de Capacidades - Marco Interno, cuando su Comandante, el General Lanusse, ordenó a dicha fuerza ejecutar, en forma limitada, operaciones de seguridad (controles de rutas, controles de población, rastrillajes, protección de objetivos sensibles, etc.), dado que las acciones producidas por el agresor, no requerían un mayor grado de compromiso.

En forma simultánea, como Presidente de la Nación, el General Lanusse promovió una modificación de la legislación penal, incluyendo nuevas figuras delictivas, así como el agravamiento de algunas de las penas existentes. Pero, más trascendente aún, fue la decisión de crear la Cámara Federal Penal, integrada en su totalidad por magistrados civiles, para actuar con jurisdicción y competencia en todo el territorio nacional, a fin de juzgar, exclusivamente, los delitos terroristas y conexos.

Este conjunto de previsiones dio excelentes resultados; tan es así que, al finalizar el mandato del General Lanusse, el 25 de mayo de 1973, con observancia del debido proceso, había cerca de 1.500 detenidos en calidad de procesados o bien cumpliendo condena, en relación con los delitos ya citados.

Lamentablemente, al asumir la Presidencia el Doctor Cámpora, dictó, en esa misma noche, un decreto de indulto concediendo la libertad de los detenidos y promulgó, en forma casi simultánea, una ley de amnistía sancionada por el Congreso con igual finalidad. Vale recordar que la citada ley de amnistía, al ser tratada en general, resultó irresponsablemente aprobada casi por unanimidad, por parte de los legisladores integrantes de ambas Cámaras.

Mediante dichos instrumentos legales, se dispuso la libertad de todos los terroristas que se encontraban detenidos, los cuales fueron recibidos como héroes por sus simpatizantes quienes, a su vez, mantenían desde
temprano las cárceles en su poder, a la espera del decreto presidencial que disponía los indultos, promovido por el entonces Ministro del Interior, Doctor Righi, a quien Perón echó de su cargo; hoy Procurador General (Jefe de los Fiscales).

Asimismo, fue disuelta la Cámara Federal Penal que había dictado las detenciones; sus jueces fueron declarados cesantes y librados a su suerte; varios de ellos sufrieron atentados, incluso de muerte; y otros debieron abandonar el país por falta de garantías para sí mismos y sus familias.

Simultáneamente, se dejaron sin efecto las reformas introducidas en la legislación penal.

Extraña paradoja: el remedio judicial, eficazmente implementado por un gobierno militar para luchar contra el terrorismo subversivo con la ley bajo el brazo, fue luego demagógicamente dejado sin efecto por el gobierno constitucional que lo sucedió, dando lugar a la puesta en libertad de casi 1.500 terroristas que estaban detenidos cumpliendo condena o bajo proceso, al par que sumiendo en el desamparo a los jueces que los habían juzgado.

Por supuesto que ninguno de aquellos llamados jóvenes idealistas (Perón los llamó estúpidos e imberbes cuando los echó de la Plaza de Mayo) dejó la cárcel para reinsertarse pacíficamente en la sociedad. Todos ellos, so pretexto de sentirse perseguidos por el sólo hecho de pensar diferente, salieron dispuestos a matar con las armas que les entregaron al abandonar la prisión. Con tal disposición de ánimo, pretendían dar cumplimiento a la consigna de su paradigma, el Che Guevara, quien decía:

Que era preciso, por encima de todo, mantener vivo el odio intransigente al enemigo; odio capaz de llevar al hombre más allá de sus límites naturales; y transformarlo en una fría, selectiva, violenta y eficaz máquina de matar.
¿Conocerán este detalle quienes, con ignorante orgullo, lucen hoy la imagen de ese nefasto personaje en tatuajes y remeras y, lo que es peor, en despachos oficiales?

La Agresión Terrorista

Larvada en sus inicios, al comienzo de la década del sesenta y abiertamente desembozada en la década siguiente, la agresión terrorista buscaba la destrucción de bienes materiales y de personas para que, mediante el terror que dichas acciones pudieran generar, tomar el poder político, a fin de imponer un régimen marxista-leninista, totalmente ajeno a nuestro tradicional estilo de vida.

Capacitada para producir aquellas acciones intimidatorias, la agresión terrorista estaba integrada mayoritariamente por personal nacional, entrenado en Cuba, Siria, Palestina y Argelia, o bien, dentro del propio país, con instructores foráneos. Disponía, también, de armamento y equipos provistos por la URSS, a través de Cuba, así como fabricados localmente en fábricas clandestinas, o fruto de ataques a organismos militares y policiales. De la misma manera, estaba financiada con fondos provenientes de la URSS, o con el producido de los asaltos perpetrados contra entidades bancarias, o el botín resultante de los secuestros extorsivos (el más notorio fue el de los hermanos Born, por un monto de sesenta millones de dólares).

La magnitud de dicha agresión, fue aumentando con el transcurso del tiempo, hasta llegar a una medida no conocida en nuestro país. Así pasamos del terrorismo sistemático y selectivo, que producía el secuestro y muerte de personas aisladas, o la ocupación de pequeñas localidades, hasta llegar a verdaderas acciones de combate como lo fueron la toma por asalto de unidades militares, que debían ser recuperadas por unidades vecinas, o las operaciones bélicas libradas contra la guerrilla rural en Tucumán, donde el enemigo intentó crear una zona liberada.

A mediados de la década del 70, los elementos terroristas habían proliferado bajo distintas denominaciones, a los que se sumaban efectivos de custodia de los dirigentes sindicales (verdaderas patotas armadas que, más que proteger intimidaban) así como los integrantes de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) una suerte de milicia clandestina que operaba bajo la conducción del Ministro de Bienestar Social, José López Rega.

Dentro de esta especie de far west vernáculo, en el cual el Estado había perdido el monopolio de la fuerza, se destacaban por su número,
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organización y entrenamiento, dos agrupaciones distintas a saber: el Ejército Revolucionario del Pueblo, encabezado por Santucho, brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores, de tendencia trotskista; y Montoneros, encabezado por Firmenich, brazo armado de la izquierda justicialista y, más específicamente, representativo de la Juventud Peronista.

Ambos, a su vez, actuaban bajo la forma de guerrilla rural, como en el caso de Tucumán, con la intención de crear una zona liberada en dicha provincia, aprovechando las facilidades que a tales fines ofrecía la geografía lugareña; o bien como guerrilla urbana, en cuyo marco un joven cumplía durante el día su cometido normal como hijo, estudiante u obrero y, durante la noche, con una pastilla de cianuro en el bolsillo y un arma escondida entre sus ropas o entre las mantas de un coche cuna conducido por su pareja -generalmente embarazada y usada a modo de escudo humano- asaltaba, secuestraba, o colocaba bombas.

En cuanto al grado de violencia desatada por el agresor, no está demás recordar lo expresado por The Times de Londres, en un artículo reproducido por el diario La Nación de fecha 2 de diciembre de 1977, en el que decía: ...Se ha olvidado en el extranjero que cuando los militares argentinos lanzaron su campaña contra el terrorismo, la sociedad y el Estado estaban al borde del colapso, que el terrorismo comenzó al final de los años 61 y había alcanzado proporciones que hacen los secuestros en Alemania Occidental y los disparos a las piernas de Italia como juego de niños contra la sociedad. Cuando la respuesta vino, mucha sangre se había derramado como para esperar demasiada cautela en la misma... Los terroristas italianos y germanos occidentales no pueden ser comparados con la fuerza y la ferocidad de los dos grupos argentinos, ambos actualmente casi aniquilados... Cuando Amnesty Internacional publicó su informe de 92 páginas sobre la represión en la Argentina, un editor de un diario inglés de aquí comentó: si ellos hicieran un informe sobre las atrocidades terroristas, probablemente sería mucho más voluminoso.

Vale recordar también que, en su largo pontificado, el Papa Juan Pablo II puso luz sobre distintos temas que desde el Concilio Vaticano II eran tergiversados. Entre ellos, cierta apología de los partisanos, los maquis, la guerrilla, y otras formas de terrorismo.

Con claridad, el Papa Wojtyla expresó sobre el particular lo siguiente:

El terrorismo piensa que la verdad en la que cree o el sufrimiento padecido son tan absolutos que lo legitiman a reaccionar destruyendo incluso vidas humanas inocentes.

Pretender imponer a otros con la violencia lo que se considera como la verdad, significa violar la dignidad del ser humano y, en definitiva, ultrajar a Dios, del cual es imagen.

Las injusticias existentes en el mundo nunca pueden usarse como pretexto para justificar los atentados terroristas. Si nos fijamos bien, el terrorismo no sólo instrumenta al hombre, sino también a Dios, haciendo de él un ídolo del cual se sirve para sus propios objetivos.

El terrorismo se basa en el desprecio de la vida del hombre. Precisamente por eso, no sólo comete crímenes intolerables, sino que, en sí mismo, en cuanto recurre al terror como estrategia política y económica, es un auténtico crimen contra la humanidad.

A modo de anécdota puedo expresar que, dentro de esa orgía de violencia, en mi condición de Comandante en Jefe del Ejército, fui objeto de seis atentados contra mi vida, los cuales llegaron a materializarse sin que, gracias a Dios, cumplieran sus designios. El primero de ellos, ocurrido el 16 de marzo de 1976: preveía la voladura del automóvil que me conducía a la sede de mi comando, con cargas explosivas accionadas por control remoto, colocadas en un automóvil aparcado en la playa de estacionamiento aledaña al edificio; y fue comandado por Verbitsky, quien resultó posteriormente enjuiciado por la dirigencia de la organización Montoneros, en razón de haber abandonado el lugar de los hechos sin antes comprobar los efectos producidos por la operación, así como asegurado el repliegue del personal a su cargo, según lo determinaban los manuales respectivos.

La Legítima Defensa

En el mes de enero de 1975, la señora de Perón, a cargo de la Presidencia de la Nación, dictó un Decreto por medio del cual ordenaba el empleo de las Fuerzas Armadas para combatir al terrorismo hasta su aniquilamiento, pero geográficamente limitado a una zona de operaciones en la Provincia de Tucumán, acción que dio en llamarse Operación Independencia.

Esta limitación geográfica no dejaba de ser una ventaja para el oponente, ya que les permitía a los terroristas que actuaban dentro de la zona de operaciones, recibir reemplazos de personal, así como refuerzos de armamento y equipo provenientes de otras zonas del país, lo que dilataba la posibilidad de lograr su aniquilamiento en corto plazo.

Para entonces, el país vivía un clima agobiante, signado por la angustia que soportaba la sociedad, ante la dimensión que adquiría día a día la agresión terrorista.

Ante ese desasosiego y la radicalización que adquiría el enfrentamiento iniciado por los grupos terroristas, en los primeros días del mes de octubre de 1975, el Doctor Luder, provisionalmente a cargo de la Presidencia de la Nación (la señora de Perón se hallaba en Ascochinga, en uso de licencia por razones de salud) convocó a una reunión de gabinete para determinar qué hacer frente a la dimensión que había cobrado el accionar subversivo. A dicha reunión fuimos invitados los Comandantes Generales, quienes debíamos exponer nuestros puntos de vista sobre el particular.

Por ser un problema típicamente terrestre, correspondía al Ejército la responsabilidad primaria y, en esa condición, con el acuerdo de mis camaradas de las otras dos Fuerzas debí exponer. En extrema síntesis, dije entonces que, habiéndose agotado la instancia de represión a cargo de las Fuerzas Policiales y de Seguridad, sin lograr restablecer el orden alterado; y ante la inoperancia de la Justicia (por temor no había dictado ninguna condena desde el 25 de mayo de 1973 hasta la fecha, a pesar de la magnitud de los hechos producidos por los elementos terroristas); parecía llegado el momento de apelar, como último recurso, al empleo de las Fuerzas Armadas a fin de combatir al terrorismo subversivo.

Agregué que la decisión de emplear a las Fuerzas Armadas para cumplir con ese cometido implicaba, de hecho, reconocer un estado de guerra interna con sus consiguientes secuelas, ya que las Fuerzas Armadas no estaban preparadas para reprimir (no disponían de balines de goma, ni escudos, ni bastones, y, fundamentalmente, carecían de entrenamiento para cumplir esa función) ya que estaban organizadas, equipadas e instruidas para combatir; es decir para hacer la guerra, donde se muere o se mata.

En atención a ello, se propusieron cuatro cursos de acción, en grado creciente de libertad de acción. El primero, muy pautado, garantizaba que no se cometieran errores o excesos, pero hacía suponer una prolongación sine die del conflicto. Entendíamos por excesos, delitos comunes que pudiera cometer personal militar al amparo de la guerra a desarrollar. Vale recordar que al término del Proceso de Reorganización Nacional, se hallaban cumpliendo condena más de doscientos cincuenta uniformados, acusados por haber cometido delitos de esa naturaleza.

Los cursos de acción segundo y tercero, eran un gradiente mayor de libertad de acción. El curso de acción cuarto (que resultó seleccionado) preveía el despliegue de las Fuerzas Armadas, así como de las Policiales y las de Seguridad -estas dos bajo el control operacional de las primeras- en la totalidad del territorio nacional; y, a partir de ese despliegue disperso, nada fácil de controlar, actuar simultáneamente en la búsqueda del enemigo para combatirlo donde fuera hallado. Cabe destacar que el agresor actuaba en la clandestinidad, dentro de una organización celular difícil de penetrar, que imponía una paciente tarea de inteligencia para localizarlo.

Debo rendir homenaje al coraje cívico demostrado por el Doctor Luder en esa ocasión quien, sin hesitar, seleccionó este curso de acción que era el más riesgoso en cuanto a la posibilidad de que ocurrieran errores o excesos, pero que garantizaba la derrota del terrorismo en no más de un año y medio de lucha. Es más, ante un pedido de intervención por parte de uno de los ministros asistentes, el Doctor Luder manifestó tener decidida su resolución y con ello cerró el debate.

Esta firmeza del Doctor Luder no fue la misma cuando, al deponer como testigo en el juicio a las Juntas, se limitó a hacer una interpretación semántica del término aniquilar, sin reparar que los reglamentos vigentes a la fecha, definían con precisión, el alcance de dicho término. Más grave aún, olvidó, fuera de todo tecnicismo doctrinario, que la acción de aniquilar constituía la interpretación más acabada de lo que expresara el General Perón, en la carta dirigida a la Guarnición Militar de Azul, luego del intento de copamiento del que fuera objeto. De dicha carta rescato la siguiente frase, referida a los terroristas atacantes: que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República.

Reflejo también de ese estado de ánimo, proclive a llevar adelante una guerra sin cuartel contra los grupos terroristas, son las palabras pronunciadas por el Diputado Stecco, durante el homenaje que la Cámara de Diputados rindió a José Rucci, con motivo del atentado que le costó su vida. Dijo entonces el Diputado Stecco: Por eso esta Cámara de Diputados, que dicta las leyes del país, debe dar amplios poderes a nuestras Fuerzas Armadas y de Seguridad, sin que con ello se quiebre la libertad, para perseguirlos hasta sus guaridas y matarlos como a ratas, porque no merecen vivir en este suelo.

Ningún partido político, ninguna fuerza sindical, ninguna organización no gubernamental, tampoco los medios de prensa, objetaron las duras palabras del Diputado Stecco.

De similar tenor fueron las palabras del Ministro de Defensa, Doctor Vottero, pronunciadas en el acto de cierre de los cursos de la Escuela de Defensa Nacional, en diciembre de 1975, oportunidad en la que expresó: ...ante la lucha total, sofisticada y compleja, despiadada, diabólica y criminal, promovida por la subversión armada, queda una sola alternativa: el exterminio total del enemigo...

Por su parte el ex-Presidente Frondizi, decía al respecto lo siguiente: La subversión fue organizada desde el exterior para tratar de conquistar el poder e imponer ideas marxistas, destruyendo los valores que conforman nuestra identidad nacional. Pero fue vencida por las Fuerzas Armadas y de Seguridad, cumpliendo las órdenes del gobierno constitucional que dispuso aniquilarla. Esta palabra `aniquilarla´, no la inventaron los militares; está en el decreto dictado por un gobierno constitucional.

Como complemento de los decretos firmados por el Doctor Luder, el Ministerio de Defensa impartió la Directiva N°1 y, a partir de ella, impartí la Directiva N° 404, Lucha Contra la Subversión, mediante la cual se puso en ejecución, por parte del Ejército, el planeamiento correspondiente a la Hipótesis de Conflicto Marco Interno.
A los fines de esa guerra, cada una de las Fuerzas Armadas tenía asignadas zonas territoriales, donde ejercían sus responsabilidades operacionales los respectivos Comandantes Generales.

Corolario

Bien podemos decir entonces, que la Nación Argentina hubo de afrontar -de hecho y de derecho- un conflicto bélico interno, irregular en su forma, de carácter revolucionario, con profunda raíz ideológica, alentado desde el exterior.

Así lo reconoció tiempo después la Cámara Federal (a la cual desconocí por no tener competencia para juzgarme, toda vez que no era mi juez natural, sino una comisión especial fulminada por el Art.18 de la Constitución Nacional) cuando dicho Tribunal, al dictar sentencia en la causa 13/84, llamada de los Comandantes, sin mencionar la figura de genocidio, así como tampoco la existencia de delitos de lesa humanidad, entre otros conceptos expresó:

- Que En consideración a los múltiples antecedentes acopiados en este proceso y a las características que asumió el terrorismo en la República Argentina, cabe concluir que, dentro de los criterios de clasificación expuestos, el fenómeno se correspondió con el concepto de `guerra revolucionaria´.

- Que algunos de los hechos de esa guerra habrían justificado la aplicación de la pena de muerte contemplada en el Código de Justicia Militar

- Que Como consecuencia de lo hasta aquí expresado, debemos admitir que en nuestro país hubo una guerra interna, iniciada por las organizaciones terroristas contra las instituciones de su propio Estado.

Mal puede hablarse entonces -como lo hizo el Presidente Alfonsín en el Decreto 158/83, mediante el cual ordenó el juicio a las Juntas- de la existencia de homicidios, privaciones ilegítimas de la libertad, secuestros o lugares clandestinos de detención, introduciendo figuras delictivas del Código Penal, dentro del juzgamiento de actividades de combate, ocurridas en el marco de una guerra interna.

Por el contrario, si aceptamos la existencia de una guerra, como lo expresara la Cámara Federal, debemos hablar de prisioneros capturados e internados en lugares de reunión, generalmente secretos por razones de seguridad; de heridos, mutilados, muertos o desaparecidos; saldo inevitable de cualquier conflicto bélico; máxime en éste por su peculiar naturaleza.

Menos aún podemos aceptar la figura de asociación ilícita, como forma de relación entre el que manda y el que obedece, que no puede ser otra más que la subordinación. Subordinación no es obediencia ciega al capricho del que manda. Subordinación es obediencia consciente a la voluntad del superior, en función de un objetivo que está por encima del que manda y del que obedece -en este caso la defensa de la Nación agredida- y en razón del cual el mando deja de ser arbitrario y la obediencia se ennoblece.

Algunos han calificado a esta guerra, como una guerra sucia. Yo me niego a aceptar ese calificativo, pues significaría reconocer la existencia de guerras limpias y sucias. Santo Tomás de Aquino reconoce la existencia de guerras justas o injustas; y agrega que las guerras defensivas -como la librada en nuestra Patria- en general son guerras justas.

La guerra es un fenómeno en sí misma, y hay que aceptarla como tal, sin aditamentos de ninguna especie. Acepto sí, que cada guerra tiene sus peculiaridades o características propias, que la hacen distinta de las otras, y esta guerra tuvo, por cierto, sus características distintivas.

Ante todo, no fue una guerra clásica. Fue, en cambio, una guerra irregular, y dentro de esa irregularidad yo, personalmente, opino que su signo distintivo fue la imprecisión.

Fue imprecisa en su comienzo, a tal punto que me pregunto: ¿quién, a ciencia cierta, puede decir cuándo comenzó esta guerra? más allá de los decretos que le dieron forma jurídica.

Pero, si fue imprecisa en su comienzo, no lo fue menos en su término. Y me vuelvo a preguntar sin tener respuesta ¿cuándo realmente terminó esta guerra? Si bien es cierto, las operaciones militares hicieron crisis entre los años 1975 y 1976, y comenzaron a declinar en 1977, hasta casi desaparecer a fines de ese año, yo no me atrevería a afirmar si fue entonces que esta guerra terminó. Es más, me pregunto si aún hoy podemos asegurar que, más allá de las operaciones militares, esta guerra, usando medios no violentos, haya realmente terminado.

Al respecto, me atrevo afirmar que en el escenario de la guerra revolucionaria, no existe el postconflicto, a pesar de que se levanten banderas de paz.

Por otra parte, a diferencia de la guerra convencional en la cual el enemigo entra en esa categoría de manera totalmente genérica y anónima, en la guerra irregular -como lo fue nuestra última guerra interna- el enemigo entraba en calidad de tal, luego de un delicado trabajo de inteligencia que permitía identificarlo con nombre y apellido para recién combatirlo, circunstancia ésta que le otorgaba al conflicto un matiz personalizado, y por ende, hacía más patético aún, al enfrentamiento que tuvo lugar entre hermanos argentinos.

Esta guerra materializaba la legítima defensa de la Nación agredida, frente al ilegítimo agresor quien, por medio del terror, pretendía cambiarle su tradicional sistema de vida; y la misma fue dispuesta por un gobierno constitucional en pleno ejercicio de sus atribuciones, único caso en la región, sin objeciones por parte de los cuerpos legislativos como de los judiciales, y contó con la adhesión mayoritaria de la ciudadanía.

De ahí que no se levantaran, entonces, voces contrarias a esa decisión; antes bien, el alivio fue la sensación imperante.

Resulta por ello falso, y cuanto menos ingenuo, pretender simplificar los hechos al extremo de afirmar que los mismos, fueron la resultante de un enfrentamiento armado entre grupos antagónicos (en este caso jóvenes idealistas, versus militares que los reprimían por pensar distinto); todo ello, frente a una sociedad pasiva y expectante.

Por el contrario, fue justamente la sociedad argentina la principal protagonista de aquel acontecimiento bélico: objeto, en primer término, de la agresión que pretendía sojuzgarla por el terror; y sujeto, luego, que ordenó a su brazo armado acudir en su legítima defensa.

Como en toda guerra y máxime en ésta que fue irregular en su forma, imprecisa en su desarrollo, librada contra un enemigo mimético que no exhibía uniforme ni bandera, se llegó a situaciones límite que ensombrecieron al país con actos rayanos en el horror; horrores que tal vez resulte difícil justificar, pero que merecen comprensión, en el marco de crueldad de un conflicto bélico interno como el descripto.
Así ganamos nuestra última guerra interna contra el terrorismo, a un alto costo de sangre difícil de amenguar, precio ineludible para seguir siendo una República como marca nuestra Constitución Nacional. La sociedad toda nos debe su veredicto.

En otro orden de ideas, el pronunciamiento militar del 24 de marzo de 1976, no quitó ni agregó nada a la guerra que se venía desarrollando, cuando funcionaba en el país un régimen constitucional; y que continuó, luego de esa fecha, sin cambiar sus objetivos, así como la modalidad de su ejecución, hasta su término apreciado a fines de 1977, principios de 1978.

Durante esos tremendos años de guerra, las Fuerzas Armadas mantuvieron la decisión de restaurar la plenitud del régimen constitucional, luego de que se afirmara el triunfo militar y se consolidara la paz. Por ello, sus integrantes tuvieron -y continúan teniendo- la convicción de haber prestado un inestimable servicio a la Nación agredida, derrotando a su enemigo, y facilitando con su acción, el restablecimiento del sistema republicano de vida que marca nuestra Constitución Nacional.

Por todo lo expuesto, reclamo para el pueblo argentino en general y para sus Fuerzas Armadas de Seguridad y Policiales en particular, el honor de la victoria en la guerra interna ya descripta.

Lamento sí, las secuelas que deja toda guerra y valoro el sufrimiento de quienes, con auténtico dolor, lloran por sus seres queridos mutilados o muertos; así como deploro a quienes especulan con el dolor ajeno, que ni siquiera tangencialmente los ha rozado, pero que no trepidan en transar pingües negocios, a la sombra de las banderas de los derechos humanos.

Reitero que asumo en plenitud mis responsabilidades castrenses, con total prescindencia de mis subordinados, que se limitaron a cumplir mis órdenes; órdenes ajustadas a la doctrina vigente, volcada en los reglamentos en vigor a la fecha y que fueron calificadas como inobjetables por el Consejo Supremo de las FF AA.

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Habíamos ganado la guerra en el campo militar; lamentablemente, no supimos afirmar esa victoria en el campo político. Se cumplía así lo expresado en un manifiesto producido por el terrorismo subversivo en el año 1977 que expresaba: A los militares, no pudimos doblegarlos por el temor al combate; es momento de replegarse sobre las bases y esperar. (Para entonces, los cabecillas huían hacia el exilio y los militantes debían mimetizarse dentro de la sociedad). Continuaban diciendo: Cuando llegue el tiempo de la política, y sobrevenga en ellos el temor a practicarla porque no saben hacerla, será el momento de volver a la lucha para derrotarlos en ese campo.

No hay duda que los enemigos derrotados ayer, cumplieron con sus propósitos. Hoy gobiernan nuestro país y pretenden erigirse en paladines de la defensa de los derechos humanos que ellos -en su tiempo- no titubearon en conculcar en grado superlativo.

Escudados en la impunidad que hoy les brinda una justicia asimétrica y vaciada de derecho, no necesitan ya de la violencia para acceder al poder, porque están en el poder y, desde él, intentan la instauración de un régimen marxista a la manera de Gramsci, tomando como rehenes a las instituciones de la República y haciendo de ella, una simple expresión verbal, ajena a lo que prescribe nuestra Constitución Nacional.
Gramsci puede estar satisfecho de sus alumnos La Constitución Nacional guarda luto por la República desaparecida.

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Señores Jueces:

Reitero que ustedes no son mis jueces naturales; no obstante, en mi carácter de preso político, deseo manifestar lo siguiente: Las garantías constitucionales de las que gozamos quienes somos juzgados en este contexto, constituyen una farsa que, para ser interpretada, requiere de condiciones histriónicas que no poseo. Además, todo el poder político ha sido encauzado para lograr nuestra condena, a cualquier costa y por cualquier medio. Por ello, me he abstenido de alegar en una defensa que no guarda sentido.

Por otra parte, con este enjuiciamiento, desconociendo las garantías del debido proceso -entre otras la cosa juzgada y la irretroactividad de la ley penal- se pretende que, a través de la sentencia que vayan a dictar, homologuen una decisión política adoptada con sentido de revancha, por quienes, después de ser militarmente derrotados, se encuentran hoy ocupando los más diversos cargos del Estado.

Esta irregular situación, que bien podríamos calificar como terrorismo judicial, y que pudo disimularse mediante las formalidades de un debate, no bastó para que, conceptualmente, el derecho quedara afuera de la administración de justicia, produciendo su vaciamiento.

Frente a esa realidad que no está en mis manos modificar, asumiré, bajo protesta, la injusta condena que se me pueda imponer, como contribución de mi parte al logro de la concordia nacional; y la he de ofrecer a modo de un acto de servicio más, que debo prestar a Dios Nuestro Señor y a la Patria.
Con ello pretendo cumplir con mi conciencia Cumplan ustedes con la suya.

EPILOGO

Desde los tiempos más remotos -y así lo dice la Biblia- las sociedades recurrieron a la figura del chivo expiatorio para lavar sus culpas colectivas y, de esa manera, acallar sus conciencias.

La sociedad argentina, que fue principal protagonista de uno de los momentos más cruciales de nuestra historia reciente, abrumada por una tremenda campaña de acción psicológica, no escapó a aquella regla. Y lo hizo, aunque resulte penoso reconocerlo, permitiendo que se malversara la verdad histórica, mediante la aceptación de una visión hemipléjica de la misma, acerca de acontecimientos que costaron la vida de muchos conciudadanos, civiles y militares, que cayeron por defender a la Patria, o en pos de ideales equivocados.

Con esa actitud, sólo se ha logrado sembrar la discordia y anidar el odio en muchos corazones hermanos, postergando con ello la tan ansiada unión nacional.

Pareciera, llegado el tiempo para que la sociedad toda, a través de su dirigencia, asuma su protagonismo perdido; y, dejando de lado la memoria asimétrica predicada desde los círculos oficiales; fuera de cualquier especulación sectorial o de escapismos hipócritas; promueva -mediante un diálogo superador- el exhaustivo e imparcial examen necesario sobre los terribles años de nuestra última contienda interna, de tal manera que nos permita dejar atrás, sin cargos de conciencia, un luctuoso y traumático pasado.

Entregaremos así, a quienes nos sucedan, un legado que les ayude a superar los desencuentros padecidos por nuestra generación. Sin olvido, pero también sin rencor: para no repetir los errores del pasado; con justicia, pero no con venganza: dando y quitando con equidad a quien debe dársele y quitársele; en busca sólo de la unión nacional, concebida -al decir de Ortega y Gasset- como un proyecto compartido de Nación; de manera tal que podamos mostrarnos ante el Mundo, como un País libre, pujante, abierto a la concordia, reconciliado y en paz.

Quiera Dios Nuestro Señor que así sea.-