Mostrando entradas con la etiqueta gobernabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gobernabilidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de noviembre de 2010

El futuro político de Moyano.




Nov-02-10 - por Rosendo Fraga

La desaparición de Kirchner tiene lugar en momentos que el titular de CGT y secretario general del gremio de camioneros, Hugo Moyano, era el principal aliado político del oficialismo. Ejercía la presidencia del PJ bonaerense por decisión del ex Presidente; había realizado una fuerte demostración de fuerza con el acto en River del 15 de octubre, y el 19 fue quien rechazó la posibilidad de la candidatura presidencial de Daniel Scioli, que el mismo gobernador bonaerense había reconocido como posible.

Pero el militante del PO ultimado en Barracas el miércoles 20 por barras bravas que respondían a dirigentes del gremio ferroviario -alineado con Moyano y que había estado en River-, mostró el costo político que esta alianza tiene para el Gobierno.

El mismo día que muere Kirchner, el miércoles 27 de octubre, Moyano se apresura a decir públicamente que se debe rodear a la Presidente para darle gobernabilidad y es el primero en hablar de su candidatura presidencial.

En el velorio y sepelio, el dirigente camionero intenta tener un lugar central y lo logra pero con limitaciones.

El 28 de octubre, al día siguiente del fallecimiento, se reúne con el titular de la UIA (Méndez) planteando la posibilidad de un pacto social -idea planteada por Cristina Kirchner desde la campaña electoral pero nunca implementada en los últimos tres años- para contribuir a la gobernabilidad.

En este primer acuerdo se decide dejar en suspenso el proyecto de participación obrera en las ganancias, que era la primera demanda de los empresarios ante el Gobierno. Quien lo impulsaba en el Congreso, el diputado nacional Héctor Recalde, afirma públicamente que el proyecto queda para el 2011, confirmando este acuerdo. Pero horas después, Moyano hace saber que los salarios no están incluidos en este pacto social y que requerirán una actualización.

La UIA propone ampliar el acuerdo a las entidades empresarias más importantes -Grupo de los Siete- pero Moyano no hace lo mismo con las demás centrales sindicales -la CGT Azul y Blanco, del PJ disidente y la CTA que se encuentra dividida-.

Al mismo tiempo, dos hechos ponen en evidencia que la violencia y la coerción que está ejerciendo el sindicalismo peronista no se suspende por el velorio de Kirchner.

El jueves 28, en Río Gallegos, medio centenar de militares del gremio de la construcción desalojan con golpes de palos y piedras a militantes del PO que, en la Junta Electoral del gremio de comercio local, reclamaban porque se les impedía presentar una lista opositora. En el enfrentamiento ocho militantes del PO son heridos, los miembros de la UOCRA quedan vivando a Kirchner en el lugar y la policía no interviene.

Ese mismo día, en Misiones, el gremio de camioneros bloquea el único hipermercado de la provincia, reclamando el encuadramiento en su gremio de 20 trabajadores del área logística de la empresa.

Ambos hechos muestran que, o está faltando control político por parte del oficialismo, lo que es lógico dada la circunstancia creada por la desaparición de Kirchner, o que el aparato sindical se sigue moviendo con objetivos propios sin reparar en los costos políticos que puede generar al oficialismo nacional, siendo posible una combinación de ambas causas.

Simultáneamente, la Justicia detiene al sexto implicado en el asesinato del militante del PO (Ferreyra) en Barracas, confirmándose la vinculación entre barras bravas de fútbol y el gremio ferroviario.

A ello se agrega la situación que se vive en el peronismo bonaerense, que enfrenta un cuadro de división. Moyano preside el PJ, pero en su última reunión realizada el día antes de la muerte de Kirchner solo reunió 21 de 47 consejeros, fracasando en obtener el quórum necesario para sesionar, aunque lo hizo igual. Los intendentes peronistas del conurbano -de los cuales sólo 5 fueron al acto en River- intentan reagruparse para enfrentar a Moyano y obtener protagonismo en el peronismo nacional. Ocho de ellos, que han formado un sector disidente, también enfrentan a Moyano, pero buscan un espacio propio. Por su parte, el gobernador Daniel Scioli es otro protagonista interesado en frenar el avance de Moyano y que por ahora expresó su subordinará su accionar como nuevo Presidente del PJ a la liderazgo de Cristina Kirchner. Debajo del gobernador aparecen dos líneas. Su ministro de Desarrollo Social (Álvarez García), ex intendente de Avellaneda, parece seguir impulsando una actitud diferenciada del gobierno nacional. A su vez el jefe de Gabinete del gobernador (Pérez) parece representar una postura más alineada con el gobierno nacional. Scioli ha convocado a todos los intendentes para respaldar a Cristina, evitar la dispersión y frenar el avance de Moyano.

En este marco, es probable que Cristina intente limitar el poder político de Moyano, pero difícilmente lo abandone como aliado político.

domingo, 24 de octubre de 2010

El peronismo; dueño de la decadencia.

Los dueños de la violencia

Hugo Moyano, no titubeó en informarnos que de ganar en el 2011 Julio Cobos o un peronista disidente enviaría a su hijo Pablo "y los pibes" a la Plaza de Mayo para protestar contra tamaña enormidad, lo que, subrayó, pondría en peligro "la gobernabilidad".

Por James Neilson


La Argentina no cuenta con un partido conservador poderoso comparable con aquellos que con cierta frecuencia triunfan en elecciones en América del Norte, Europa, Japón y Oceanía para entonces ponerse a gobernar, pero en términos políticos es uno de los países más conservadores del planeta. Si no lo fuera, un movimiento como el peronista, que ha sido responsable de una larga serie de desastres realmente espectaculares, hubiera dejado de existir hace por lo menos cuarenta años. Sin embargo, a pesar de haber contribuido más que ningún otro movimiento a hacer de la Argentina lo que el pensador francés Raymond Aron calificaba de "la mayor decepción del siglo XX", el peronismo no sólo ha sobrevivido sino que sigue dominando el escenario político nacional.

No es que el peronismo se haya modernizado a fin de adaptarse al mundo globalizado. A muchos dirigentes e intelectuales orgánicos del movimiento les parece natural dar prioridad a la reivindicación de la figura de Juan Domingo Perón y la de su segunda esposa, Evita, además de borrar del relato peronista pormenores tan desagradables como los supuestos por el protagonismo de José López Rega, la represión feroz que emprendió la Triple A cuando Perón aún estaba a cargo del gobierno nacional y los vínculos de ciertos peronistas con el régimen militar que se formó después del golpe de 1976.

¿Cómo explicarlo? Es evidente que el fenómeno se debe a algo más que la nostalgia colectiva que presuntamente sienten los fieles ya ancianos por las ilusiones de mediados del siglo pasado. El propio Perón atribuyó la vitalidad sorprendente del movimiento que fundó a los errores de sus adversarios: dijo que "no es que fuimos tan buenos sino que los que vinieron después fueron peores". El general aludía a los regímenes militares torpes y a las administraciones civiles débiles de los años cincuenta y sesenta, sin poder prever que la historia desconcertante de fracasos ajenos que permitirían que los peronistas se encargaran nuevamente del gobierno seguiría repitiéndose una y otra vez hasta bien entrado el siglo XXI.

Perón era tan nacionalista como el que más y, para más señas, entendía muy bien que la Argentina tendría que adaptarse a los cambios que se producirían en el mundo en las décadas venideras, de suerte que no es de suponer que se haya propuesto construir una maquinaria política, una especie de cápsula del tiempo, que serviría para mantener atrapados a sus compatriotas en los años cincuenta, impidiéndoles evolucionar política y económicamente como harían casi todos los demás, incluyendo a los italianos y españoles. Pero es lo que hizo. Los sueños de los años setenta que tanto fascinan a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido ya eran retrógrados: lo que querían los "jóvenes maravillosos" de aquel entonces era regresar al primer peronismo con el propósito de emprender, desde el mismo punto de partida, un rumbo que a su entender sería "revolucionario".

A diferencia de otros movimientos, el peronista no se caracteriza por la adhesión de sus militantes a un ideario determinado. En distintos momentos ha sido izquierdista y derechista, estatista y "neoliberal", nacionalizando empresas cuando estaba de moda y después privatizándolas por la misma razón. Tanta plasticidad ha sido sumamente desmoralizadora, ya que a esta altura escasean los dirigentes peronistas que no hayan sido partidarios fervorosos de una variedad desconcertante de planteos ideológicos. En los años noventa los Kirchner eran tan menemistas, o sea "neoliberales", como más tarde serían kirchneristas muchos funcionarios y legisladores antes menemistas o duhaldistas.

El peronismo está aglutinado por los lazos personales de los dirigentes, por los favores que se deben mutuamente y por el entusiasmo que todos sienten por el poder. Tan fuerte es su "vocación" en tal sentido que a través de los años se han mostrado dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad para apropiarse de él. Cuentan con los medios necesarios: pueden convocar a sindicalistas aguerridos habituados a hostigar a gobiernos no peronistas ordenando paros generales, grupos de choque callejeros y operadores que son plenamente capaces de organizar saqueos en gran escala a fin de brindar la impresión de que el país está por precipitarse en el caos, como en efecto hicieron para apurar la salida de Raúl Alfonsín y reducir a la mitad la gestión de Fernando de la Rúa.

He aquí la clave del éxito político innegable del peronismo. Como suelen recordarnos sus militantes, el suyo es el único movimiento que está en condiciones de garantizar "la gobernabilidad". Es su manera de advertir a rivales de otras agrupaciones de que, si merced a un error del electorado consiguen formar un gobierno, tarde o temprano se las arreglarán para destruirlo. En ocasiones lo dicen sin ambages. Anteayer, el jefe del PJ bonaerense y, lo que es mucho más importante, del sindicato de los camioneros, Hugo Moyano, no titubeó en informarnos que de ganar en el 2011 Julio Cobos o un peronista disidente enviaría a su hijo Pablo "y los pibes" a la Plaza de Mayo para protestar contra tamaña enormidad, lo que, subrayó, pondría en peligro "la gobernabilidad".

Aunque Moyano mismo no se ha visto beneficiado por las amenazas prepotentes que son su especialidad, entenderá que intimidar al electorado advirtiéndole de lo riesgoso que sería votar por Cobos o por cualquier otro opositor es una buena forma de ayudar a los Kirchner. Para conservar el poder que han sabido construir, los santacruceños tendrían que convencer a una cantidad suficiente de votantes de que sería catastrófico permitir que otros procuraran gobernar un país tan díscolo como la Argentina porque serían incapaces de impedir que personajes como Moyano sembraran el caos.

Puesto que hasta ahora ha funcionado muy bien la estrategia de dar a entender que, bien que mal, hay que votar por un peronista porque ningún dirigente de otro movimiento sería capaz de mantener bajo control a los compañeros más violentos, los Kirchner tienen buenos motivos para desestabilizar a su propio gobierno.

Por cierto, a los dos no les convendría en absoluto que la ciudadanía confiara tanto en las instituciones políticas del país que la mayoría cayera en la tentación de votar por un opositor sólo porque sus propuestas le resultaran atractivas o porque, cansada después de ocho años de gobierno kirchnerista, quisiera probar suerte con algo distinto.