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martes, 28 de junio de 2011

La Historia de las Madres no merece esto. Los Hijos tampoco.

ARGENTINA

Las Madres y su laberinto: El dolor de ya no ser

por Elisa Rando

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Era 1977. Y fue en Barcelona. En Argentina tiempo de represión, muerte y exilio. En un diario local, una foto a cuatro columnas cruzaba la página central de internacionales. Un grupo de mujeres crispadas, cubiertas sus cabezas con un pañuelo blanco, rodeaban e increpaban a un oficial de policía. Era en Buenos Aires. Y era en Plaza de Mayo. Detrás de ellas reconocimos la casa de gobierno. Las palmeras. Los canteros. El cielo. Nosotros, simples exiliados. Ellas, desde ese día, fueron las Madres de la Plaza. La foto emblemática se difundió en Barcelona y en el mundo entero.

Esa noche la Casa Argentina se llenó de compañeros y amigos. Todos querían verlas. Buscaban la suya. Nadie reconoció a su madre, pero las sentíamos a todas como propia. Podían ser la de cualquiera de nosotros. Más jóvenes. Más viejas. Más pobres. Más valientes. Más tristes. Más serenas. Eran como si fueran nuestras y muchos lo deseábamos de verdad.

Hubo orgullo. Hubo dolor y alegría lejana. Allí medimos la diferencia entre estar y sentirse cerca. Allí empezamos a admitir que el regreso, algún día sería posible. Estaban peleando como nunca habían estado y la crispación demostraba que decían la verdad. No sabían. Gritaban. No simulaban. El dolor no se simula. Querían encontrarlos?, pero sus hijos ya eran los desaparecidos.

La tarea nuestra, a pesar de la solidaridad inmensa del pueblo español, era pesada. Sin recursos. Tramitando residencias. Buscando trabajo. Buscando donde vivir. Buscando por la calle rostros de amigos para darles un abrazo y recibir información. El exilio te salva la vida pero te perfora la cabeza. Todo lo del exilio es una historia personal o de grupo. No se termina nunca. Trabajada, es una historia de amor. La de ellas, una historia colectiva de desesperación, entrega y muerte. Presente siempre el secuestro, la tortura, la ausencia, el grito, el hueco.

Un día aterrizaron en Barcelona y pudimos verlas, abrazarlas. Escuchar sus informes, saber cómo se fueron organizando, creciendo, defendiendo. Creando vida. Casi inventando la vida. Supimos en primera persona de la represión que sufrían. De las amenazas. De sus propias desaparecidas. De las detenciones. De la muerte de sus maridos que no soportaron tanto. De los cambios en sus categorías sociales. Del reproche y del amor. También del abandono. De familias desintegradas. De traiciones. De ausencias. De inmensas solidaridades. De planes: volantes, entrevistas, iglesias, canchas de fútbol. Periódicos a mimeógrafo, ilusiones casi adolescentes. Pero firmes. No admitían ni charlas en pasillos cuarteleros, ni secretos consejeros con sotanas. Nada que supusiera connivencia o bajada de línea.

Por no aparecer pegadas al poder, decidieron no votar. No sabían de conciliábulos partidarios. Buscaban todos los hijos. Y fueron una topadora.

Así las Madres recorrieron el mundo y para nosotros?, eran el mundo mismo.

En distintos lugares de España se constituyeron grupo de apoyo, no a los exiliados, sino a las Madres. Fueron y las llevamos, por todas partes. Boletines, declaraciones, radio, televisión, todos se ofrecían para que denunciaran los crímenes de la dictadura. Y ellas, como pudieron, rodaron el mundo denunciando el secuestro y la muerte rapiñera.

Derrocharon valentía y coherencia. Cuando en las Malvinas se incendiaba la dictadura, el fin estaba próximo. Ellas seguían exigiendo ?aparición con vida?, donde la vida ya había sido devorada.

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Después?, después es otra historia. En un país acostumbrado a la muerte, las elecciones son una fantochada. Hubo elecciones. También Nunca Más. Tuvimos La Tablada, fósforo blanco y mutilaciones. Y como había poco, la Obediencia Debida premió el crimen y regaló la impunidad al asesino.
El exilio estaba regresado. Y sentirse exiliado en su país fue la experiencia que debimos aprender casi todos. Las Madres estaban. Estaban en su lugar. Y nosotros, casi nos refugiamos en ellas. El regreso fue un exilo más hondo, más profundo, más inexplicable. Era tu cielo y era tu suelo, pero no lo conocíamos. De ese no se regresa. Los amores no se encuentran. Los que había se murieron. Los que llevamos se perdieron. Era casi el absurdo de estar vivos. Y culpa? la culpa de recorrer las calles que nuestros compañeros no volverían a transitar jamás. Estaban muertos. Pero estaban ellas. Habían pasado de todo. Eran refugio. Eran amparo. Eran fuerza. Las disfrutamos. Las abrazamos. Nos abrazaron. Quizá el calor más buscado, no engañaban. No nos engañábamos. No las usufructuamos.

Cada uno fue buscando su lugar, machucando la bronca. Reemplazando la frustración con nuevas militancias. Pero acompañando. Cerca de ellas. No es que las Madres fueran nuestra ideología, nuestra razón de ser. No es eso. La ideología la teníamos y eso nos mantuvo y nos impulsa en todos los momentos. Teníamos ideología y por las ideologías luchamos y lucharemos, pero ellas fueron ejemplo y fuerza. Nos ayudaron a retomar la marcha. Imposible derrumbarse si las vimos aguantar tanto. Si ellas estaban vivas, cómo podíamos derrumbarnos nosotros.

Así, pusimos el hombro cuando ellas ya habían puesto los hijos.

Personalmente busqué mi lugar donde siempre tuve un hueco, entre el papel y la tinta. Entre originales donde los militantes volcaban emociones y derrotas. Fue en el periódico donde me reencontré conmigo. Mi antiguo quehacer. María del Rosario Cerrutti, madre de desaparecido, era la directora. Leía, escribía, orientaba. Hacía café. Herman Schiller su secretario de Redacción. Hacía de todo. Y todos haciendo lo que viniera. Oficio o vicio, durante quince años tuve la inmensa oportunidad de colaborar en la edición del periódico de las Madres. Conocer, frecuentar, queridos compañeros con quienes fuimos sobrellevando los problemas de editar. Rosario un día dejó su lugar. Nunca supimos porque, pero suponer es peor que saber. Suponíamos. Herman otro día deja el suyo. Suponíamos. Los problemas que trae no informar por proteger, hace a la condición humana, pero una condición equivocada. En ese momento me equivoqué. No pregunté. Todo iba cambiando.

Un día. Siempre hay un día, preferí trabajar desde mi casa y en mi máquina. Llevar el trabajo terminado y mis dudas de edición cada mañana.
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Varias de esas mañanas, en la entrada, en el salón, me cruzaba con una sombra extraña. Sin saludo y sin mirada. Preferíamos no mirarnos. Prefiero también, ahora, no mezclar su nombre con mis sentimientos. Era un ser extraño. Ajeno. Un témpano inescrutable que sin mirar, veía. Durante dos años la sombra y yo nos cruzamos sin mirarnos. Un día me dejaron de mandar originales. En el periódico había otra línea y otras manos. Otra gente. Otra presentación. Había cambiado ?ahora sí- la ideología.
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El Periódico me brindó quince años de compromiso militante. Nunca me explicaron nada. Mis ojos se liberaron de la sombra. Pero la sombra opacó todo. Casi apagó la luz.

Cuando salí, la última vez, me crucé con Hebe que entraba. No supe si decirle adiós. Sólo recuerdo que la miré y le dije: Hebe, si un día necesitas un compañero que sea abogado, avisame.

Jamás creí que lo iba a necesitar.

La Historia de las Madres no merece esto. Los Hijos tampoco.

fuente: Argenpress

viernes, 24 de junio de 2011

Democracia:Tiranía de la mayoría.


Democracia, el mal menor...


Aristóteles ya dijo en su tiempo que la democracia era la tiranía de la mayoría. Hoy, atreviéndome a pensar contra otra verdad absoluta, agrego que la democracia es una tiranía de astutos y corruptos que utilizan a una mayoría entre manejable e ignorante. Ya se que atacar a la democracia es un camino peligroso hoy en día, donde está establecido como, sino el sistema mas perfecto, el “menos malo”. El problema de este pensamiento, ya instalado, es que nos hace aceptar los grandes fallos y errores de este sistema. Un sistema que, en este hemisferio occidental, esta regido más o menos en toda su extensión por el sistema capitalista, que sigue promoviendo la desigualdad absoluta no solo en economía, sino en educación y posibilidades. Tampoco se puede dejar de nombrar la enorme corrupción ante los cuales no hay respuesta, pero es una corrupción generalizada que nace desde lo mas bajo de la sociedad y llega hasta la más alta cumbre del poder. No quiero ser pedante ni extenderme mucho, yo, simplemente, creo que este sistema así como está hoy en día no solo no funciona adecuadamente, sino es una mentira vil y una estafa absoluta.Pero nosotros los ciudadanos, compramos esta mentira, y vamos a votar como en otra época se iba devotamente a misa. Ahora les tiro otra verdad incómoda: ¿Pueden personas no educadas, aquellas que nacieron y nunca salieron de la ignorancia, votar y elegir libremente? Remarco, antes que se me acuse de elitista : Personas sumidas en la ignorancia, deliberadamente, por determinados grupos de poder para poder utilizarlos mediante el tan famoso método de los “punteros políticos”, que, aprovechándose de sus amplias necesidades, les “dictan” a quien votar. Esto lo saben muchos, pero no se atreven a decirlo. Yo lo pienso y lo digo. Y tampoco democracia es alimentar a los pobres con magros subsidios y llamar a eso “redistribución de la riqueza”. Tampoco es democracia esos “feudos” llamados provincias aquí en Argentina donde quienes llegar al poder echan raíces y utilizan al estado como si fuera una empresa privada para satisfacer sus apetitos de poder y dinero. Yo no avalo ninguna dictadura del pasado, pero, a esta democracia de hoy en día, yo la llamo estafa, corrupción, engaño y desidia. Lo peor de todo, quienes roban y engañan lo hacen gritando patria, mientras sus arcas y castillos siguen creciendo y los idiotas los aplauden…

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Las elecciones en Haití se desarrollan en medio de la violencia.

.- Las elecciones presidenciales y legislativas que se llevan a cabo en el país caribeño se enmarcan en serias irregularidades, en tanto que la población enfrenta la epidemia de cólera y trata de salir a flote luego del terremoto.

Algunas personas denunciaron que sus nombres no aparecerían en los registros electorales, en tanto que muchos dijeron que han perdido sus tarjetas para votar luego del sismo.

Por otra parte, el cólera mantiene a muchas personas alejadas de los centros de votación. Hay quienes se quejan porque aseguran que el gobierno les ha quitado su derecho de votar, informó la BBC.

Sin embargo, el jefe de la Misión de Estabilización de la ONU (Minustah), Edmond Mulet aseguró que “en general todo transcurre bien, todo está tranquilo; hay en Desdunes (al norte del país) incidentes menores” pero “no hay ninguna razón para tener miedo” pues “es una fiesta electoral”.

Por su parte, el alcalde de Desdunes, Wesner Archelus, aseguró que “hubo tiros toda la noche” y que “los disturbios estallaron en un centro de votación, donde un representante del Partido Inité (oficialista) fue secuestrado brevemente” y luego él mismo fue agredido hasta que se refugió en una comisaría.