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sábado, 22 de octubre de 2011

No voy a abortar a mi hijo.


Harriet Michael
21 de octubre 2011 (Notifam) – “Mamá, estoy embarazada”. Con este anuncio, mi hija de 20 años de edad, estudiante en una universidad cristiana, sacudió mi mundo y lo cambió para siempre. Mi hija continuó diciéndome: “He cometido un error y no quiero cometer otro. No me voy a casar con el padre del bebé, al menos no por ahora, y no voy a abortar a mi hijo”.
En septiembre de 2006: Una noticia que hace temblar la tierra
El teléfono sonó un poco antes de medianoche, despertándome de un sueño profundo. La voz de Kristin era tranquila cuando me dio la noticia. Ella había pasado la mayor parte del día contemplando su situación antes que me llamara. Había resuelto algunas dudas. Sabía que llevar el embarazo de su hijo a término significaría confesar la situación a las autoridades de su universidad cristiana y enfrentar cualquier consecuencia que esa confesión pudiera provocarle.
Kristin también sabía que esa vida que crecía dentro de ella alteraría la suya para siempre. Ella podría llegar a convertirse en tema de habladurías incontenibles y era casi seguro que tendría que renunciar a su puesto inicial en el equipo de voleibol de la universidad. A pesar de ello, había decidido que el aborto estaba fuera de la cuestión. Aunque respaldé la posición pro-vida de mi hija, yo necesité algún apoyo emocional. Le dije que yo necesitaba compartir la noticia con su padre y que la volveríamos a llamar.
Mi marido estuvo trabajando hasta tarde en su oficina en casa. Le comuniqué la noticia de nuestra hija, luego la volvimos a llamar   -cada uno de nosotros en una extensión diferente. La respuesta de mi esposo fue maravillosa. Le dijo que la amaba y que se sentía orgulloso de ella por elegir la vida. Pero después que colgó, ambos lloramos.
En octubre de 2006: “¡Es un bebé de verdad!”
“Antes que te formase en el vientre, te conocí” (Jeremías 1, 5).
Cristina se enfermó enseguida – atormentada con náuseas crónicas casi desde el principio. La escuela manejó bien la noticia. El decano de los estudiantes le dijo que la escuela no aprobaba las relaciones sexuales prematrimoniales, pero que era pro-vida, y ser pro-vida obligaba a ayudar a las madres solteras, ya que son las mujeres que más a menudo buscan abortar. La escuela le ofreció la opción de permanecer allí, lo cual incluía asesoramiento y un cambio de vivienda.
A la octava semana del embarazo mi hija tuvo su primera ecografía. Llamó y me dijo todo sobre la ecografía, con gran emoción en su voz. No sabía todavía si su bebé era niño o niña, ¡pero él o ella tenía una cabeza, un cuerpo, brazos, piernas, dedos, manos y pies! Mi hija desbordaba alegría cuando me contó que su bebé se había movido alrededor de la pantalla delante de ella, moviendo sus diminutos brazos y piernas.
Únete aquí a una página de Facebook para acabar con el aborto. 
Luego dijo: “Mamá, cuando regresé a mi habitación después de la ecografía, tenía un e-mail esperándome… de un amigo me decía que no era demasiado tarde para tomar la píldora abortiva. ¡Todavía me quedaba una semana más antes que fuese demasiado tarde!”. La mifepristona (conocida anteriormente como RU-486) ??se puede tomar hasta la novena semana después del primer día del último período menstrual de una mujer – en otras palabras, hasta las siete semanas de embarazo.
Cristina continuó diciendo: “¡Mamá! Mi amigo me decía que yo podía tomar una píldora y hacer que desaparezca mi ‘problema’. Pero no es un ‘problema ‘- ¡es un bebé! ¡Lo he visto! Tiene brazos y piernas, y aunque yo no pueda sentirlo todavía, se está moviendo por todas partes dentro de mí!”
El 13 de abril de 2007: Ha nacido un niño

“Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría” (Salmo 126, 5).
Una vez más, me desperté de un sueño profundo a causa de mi hija. Esta vez fue a las cuatro de la mañana. Se puso de pie frente a mí, sacudiéndome suavemente por los hombros y diciendo: “¡Mamá! ¡Mamá! ¡Despierta! Creo que rompí la bolsa de agua”.
Cristina se había trasladado de vuelta a casa después haber terminado el semestre de otoño y estaba viviendo con nosotros mientras asistía a clases nocturnas en una universidad local. Su bebé no esperó otras seis semanas. Yo estaba sorprendida, y también preocupada, al saber que había roto tan temprano su bolsa de agua. En cuanto el sol comenzó a asomar en el horizonte, las dos nos dirigimos rápidamente al hospital.
Desafortunadamente, su trabajo de parto y el alumbramiento no fueron sin incidentes. Hubo desaceleraciones tardías en la frecuencia cardíaca de mi nieto, una condición potencialmente peligrosa e inclusive mortal. El médico le dijo a la enfermera: “Si el corazón de este bebé no vuelve a latir hasta dentro de 30 segundos, lo hacemos salir en tres minutos”. Luego él gritó: “¡TRES MINUTOS!” y el personal del hospital entró en acción. La frecuencia cardíaca del bebé volvió pronto a la normalidad, pero el médico recomendó proceder con la cesárea
Me permitieron permanecer en la sala de operaciones con Cristina y sentada en un taburete cerca de su cabeza. Una cortina aislaba su cabeza y abdomen de manera que ninguno de nosotros podía ver a la cirugía. Después de un rato, el médico me dijo que podía mirar por encima de la cortina y ver a mi nieto.
Como enfermera, yo había visto un puñado de partos normales y cesáreas, pero nunca antes había visto esto. El médico sostuvo a mi nieto en la posición de sentado en la panza de mi hija – pesaba 2 kilos y 300 gramos-, ¡y todavía tenía el saco amniótico alrededor de él! Parecía que tenía una media por encima de su cabeza, sólo que esta media se parecía más a una bolsa de plástico transparente. Y detrás de esa bolsa estaban sus dos grandes ojos marrones. ¡Ellos estaban muy abiertos y miraban hacia mí! ¡Era una de las criaturas más hermosas que he visto nunca!
Aunque se había adelantado seis semanas, el pequeño Grason parecía saludable. Pero por desgracia, en cuestión de horas, se hizo evidente que no lo era. Tuvo un shock séptico. Tres días después, también mi hija tuvo un shock séptico. Ella estaba recibiendo antibióticos triples por vía intravenosa, y él estaba recibiendo antibióticos dobles en sus venas. Por la gracia de Dios, ambos vivieron y se recuperaron por completo.
En su chequeo post-parto a las seis semanas, el médico de Cristina la saludó exclamando: “¡Bueno, me alegro de verte levantada! Durante un minuto pensé que iba a perderte”. Cuando ella le preguntó si él estaba bromeando, su respuesta fue cuidadosamente expresada: “Bueno, no perdemos madres muy a menudo en estos días, pero cuando nos sucede, es el riesgo que corrías”.
En diciembre de 2008: ¡“No me hables del aborto!”
En algún momento cerca de la Navidad del año siguiente, Cristina me contó sobre una discusión que tuvo con una amiga suyo respecto al aborto tardío. Mi hija le dijo a su amiga que su bebé había nacido a las 34 semanas – una etapa gestacional en la que algunos bebés son abortados (ya que se permite el aborto hasta el nacimiento). Grason casi había muerto al nacer, y tanto él como ella estuvieron a punto de morir después de su nacimiento. Él había pasado las dos primeras semanas de su vida en la unidad de cuidados intensivos neonatales, lo que le había costado a ella una fortuna. Ella agregó: “¡No me hables de los abortos tardíos! ¡Cuando otros están matando a sus bebés, yo hice todo lo que pude para salvar al mío! Mi bebé era apreciado. Su vida fue valorada – ¡por eso hice un gran sacrificio personal, padecí dolores y afronté gastos para mantenerlo con vida!”
Estoy de acuerdo con mi hija. ¡Ni siquiera me hables de abortos! Conozco el valor de la vida, inclusive cuando no está prevista la llegada de un bebé. He experimentado esto de primera mano. Mi pequeño nieto imprevisto y nacido fuera del matrimonio es una de las bendiciones más grandes que Dios me ha dado. ¡Este niño tiene mi corazón envuelto alrededor de su dedo meñique, y no puedo imaginar mi vida sin él!
¡Tampoco puede mi marido, que adora a su nieto! Él lleva al pequeño niño sobre sus hombros. Ellos son amigos. Cuando veo la sonrisa con hoyuelos de Grason iluminando todo el mundo a su alrededor, recuerdo las lágrimas que mi marido y yo vertimos cuando nos enteramos que nuestra hija estaba embarazada.
Mi hija renunció a la vida dormitorio en la universidad, al voleibol, y a su independencia. Se mudó de nuevo a casa, tomó un trabajo a tiempo parcial y continuó en la escuela – mientras también está aprendiendo a ser madre. ¡Yo no podría estar más orgullosa de su valiente lucha para darle vida a su hijo!
Sin duda, la palabra de Dios es verdad: ¡Los que sembraron con lágrimas, cosechan con gritos de alegría!
Traducción por José Arturo Quarracino
Nota: Este artículo apareció originalmente en la revista Celebrate Life  (Celebra la Vida) de la American Life League/ALL  (Liga Americana por la Vida) en los Estados Unidos de América, y se reproduce aquí con permiso de la autora. Harriet Michael escribe desde Louisville, Kentucky. Casada durante 32 años, ella y su esposo John tienen cuatro hijos y un nieto. Se puede encontrar su diario cibernético en inglés aquí.

sábado, 14 de mayo de 2011

La vida de Kassi Underwood después de practicarse un aborto es algo que nadie envidiaría.


Kathleen Gilbert
NUEVA YORK, 13 de mayo de 2011 (Notifam) – 
Pero en un reciente artículo de opinión para el New York Daily News, Underwood, una escritora residente en Nueva York, explicó cómo todavía ella se niega a juzgar el aborto, a pesar de soportar un inmenso dolor después de haber puesto fin a la vida de su bebé.
En la pieza, titulada “Get your politics off my grief after abortion” [Que su política quite mi dolor después de abortar], Underwood señala que grupos como la Asociación Americana de Psicología han afirmado que el síndrome post-aborto no existe, pero esto no le ha impedido a ella sentir un dolor agudo por la pérdida de bebé abortado.
En un relato que se hace eco del dolor documentado de innumerables mujeres luego de abortar, tales como los de Silent No More Awareness, Underwood dice que tres años después abortar ella comenzó a tener pesadillas sobre bebés, y que extrañaba a su “hijo potencial” mientras estaba despierta. “Era abrumador que yo pudiera sentirme tan acongojada respecto a una decisión que se suponía iba a reforzar la arquitectura de mi identidad”, escribió Underwood.
“Me sentía una traidora al admitir que, lejos de pensar que yo había expulsado una ‘masa de células’, ahora me preguntaba quién habría sido esa persona que yo aborté”.
Underwood indicó que la experiencia de “alivio” inmediato luego del procedimiento de aborto, prometido por el análisis de la experiencia post-aborto del pro-abortista Guttmacher Institute no era tan simple como podría parecer a los no iniciados.
Señalo que “era el tipo de alivio que he sentido después de perder a alguien en una prolongada batalla con el cáncer: agradecemos que el sufrimiento haya terminado, pero lamento que mi ser querido se tuviera que ir”.
Buscar refugio en el movimiento pro-elección le ofreció poca ayuda a Underwood: “Aprendí que las emociones pueden ser consideradas como una grieta en la armadura pro-elección”, dijo. La escritora se quejó también de un punto de vista político en un retiro de la institución católica Viñedo de Raquel al que asistió, acusando a los directores de convertir a las ejercitantes del retiro en “instrumentos políticos”, al urgirlas para que contaran  al Congreso cómo las había herido el aborto.
Underwood dice que eventualmente ella se integró a un movimiento que alienta a las mujeres a hablar sobre el aborto, pero sin juzgar si el procedimiento es moralmente correcto o incorrecto.
“Éste es un derecho por el que yo marcharía: el derecho a lamentarme al dormir, a añorar a mi bebé que se fue hace mucho tiempo, pero sabiendo que yo necesitaba retrasar la maternidad”, concluyó Underwood. “Superar la angustia es posible siempre y cuando yo mantenga mi historia íntegra, y fuera de la esfera política”.
Traducción por José Arturo Quarracino

domingo, 24 de abril de 2011

Otro caso de violencia familar, esta vez contra Alejandra Rubio.


BUENOS AIRES.- La periodista de espectáculos, Alejandra Rubio, hija de Cacho Rubio, fue brutalmente golpeada por su ex marido en frente de su hijo de 8 años.
Alejandra contó que su ex, Mariano Ezequiel Rodríguez, 36, de quien se separó en el mes de noviembre, arribó a su departamento a traer a su hijo el jueves por la noche y le pidió pasar al baño. Luego de una charla amena, él comenzó a ponerse nervioso y cada vez más violento, y comenzó a insultarla a ella y a su hijo.
La discusión subió de tono, debido a las agresiones hacia el menor y Rodríguez comenzó a golpearla salvajemente en frente del nene, quien intentó socorrer a su madre.
“Mi nene trataba de sacarlo para que no me siguiera pegando”, relató la periodista en declaraciones televisivas.
Alejandra recibió un cabezazo que le partió la nariz, en donde tuvo que recibir una cirugía estética.
Los vecinos alertados por los gritos y ruidos que provenían de la casa de la periodista, la asistieron.
“Mi hijo fue quien me ayudó, él salió a llamar a los vecinos para que me ayudaran”, contó Alejandra.
Una vez que Rodríguez fue sacado del departamento por un vecino, ella, llena de sangre y moretones, junto a su hijo, fue inmediatamente a la comisaría para hacer la denuncia.
Luego, Alejandra hizo público el terrible episodio que le tocó vivir, por medio de Facebook.
Éste fue su mensaje: “Desgraciadamente tengo que contarles que soy una víctima más de la violencia de género. Hoy mi ex marido, delante de mi hijo, me desfiguró la cara. Fui a hacer la denuncia correspondiente a la Comisaría 33, a coserme y hacer una cirugía de urgencia porque me partió la nariz de un cabezazo. Además, rompió la computadora grande y no puedo subir las fotos y la denuncia. Gracias por estar conmigo en este difícil momento”.
Mariano Ezequiel Rodríguez

miércoles, 12 de enero de 2011

Dilma Rousseff a favor del genocidio.

Nueva presidenta brasileña ‘pro-vida’ selecciona ministra para asuntos de la mujer pro-abortista

Iriny Lopes

Matthew Cullinan Hoffman

SÃO PAULO, 11 de enero 2011 (Notifam) – La Presidenta brasileña, la señora Dilma Rousseff, ganó las elecciones presidenciales de la nación en octubre del año pasado, luego de asegurarles a los electores escépticos de que ella era pro-vida, a pesar de tener un récord de endosar la legalización del aborto. Sin embargo, su recién nombrada Ministra de Políticas Públicas para la Mujer tiene un punto de vista diferente.

La señora Iriny Lopes, quien previamente había servido como representante en la Cámara de Diputados de Brasil, recientemente le dijo a un periodista brasileño que “Yo no veo cómo se puede obligar a una mujer a tener un hijo que ella siente no puede tener.”

“Nadie defiende el aborto,” ella añadió. “Estamos hablando de respetar una decisión que, a nivel individual, le corresponde, en última instancia, a la mujer.”

Aunque la señora Lopes reconoce que la Presidenta Rousseff se ha comprometido en no iniciar legislación pro-aborto, ella comentó que “ese debate le corresponde al Congreso,” insinuando que dicha legislación podría, al final, ser aceptada por la administración.

Luego de ver sus números en la encuesta descender debido a sus posiciones a favor del aborto y de la homosexualidad durante la campaña presidencial, la señora Rousseff le dijo a los electores: “Según mi comprensión, yo favorezco la valoración de la vida, y estoy personalmente en contra del aborto, que constituye un acto de violencia en contra de la mujer.” Ella también se comprometió públicamente en no iniciar legislación pro-aborto alguna, ni tampoco legislación que restringiera la libertad de expresión en cuanto a temas relacionados con la homosexualidad.

Sin embargo, las organizaciones pro-vida y pro-familia respondieron a las declaraciones de la señora Rousseff con escepticismo. Previamente, ella había endosado la despenalización del aborto en términos explícitos, y el Partido de los Trabajadores, de la cual ella es miembro, ha luchado vigorosamente por la misma causa. El compromiso de la señora Rousseff de no iniciar legislación pro-aborto no la obliga explícitamente a vetar dicha legislación si es aprobada por el Congreso Nacional.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Una nota de Oscar del Barco.

Nota recibida como comentario en www.elmartillojudicial.com.ar.

¿Hacia una poética montonera?

El exilio melancólico de Juan Gelman

por OSCAR del BARCO

Una polémica en la revista cordobesa “La intemperie”, tocó el tema de la responsabilidad ética de los ex militantes de grupos armados de izquierda.

El filósofo cordobés Oscar del Barco criticó al poeta argentino Juan Gelman, antiguo miembro del grupo armado peronista Montoneros –aunque distanciado de él a partir de fines de los 1970– por una supuesta falta de honestidad en sus comentarios a favor de los procesos contra los militares acusados de crímenes de lesa humanidad, sin asumir su responsabilidad “directa en el asesinato [...] incluso de algunos militantes montoneros” (Belzagui 2007: 33).

Los comentarios de del Barco impulsaron a varios autores a salir en defensa de Gelman y a criticar el “giro ético” o “levinasiano” de del Barco y de otros. La fuerza de estos intercambios nos obliga a preguntar: ¿qué es lo que significa “Juan Gelman” hoy en la Argentina?

En su figura pública como intelectual y poeta parecen coexistir dos versiones de la pos-dictadura argentina: por un lado, un trabajo para mantener vivo el legado de la lucha armada; por otro, un ejemplo de la exitosa reintegración de un ex militante como poeta dentro de ciertos paradigmas liberal-humanistas de memoria y coexistencia.

Esta tensión entre Gelman militante y Gelman humanista se queda plasmada, por ejemplo, en un ensayo de Mario Benedetti (1995: 47), en el cual cita Benedetti el poema “Escrituras” de Gelman de la colección “Relaciones” pero sin un verso de suma importancia: “Perón es nuestra única esperanza” (1980a: 17).

Es mi intención analizar esta tensión tomando como ejemplo un elemento temático de la poesía de Gelman: el exilio.

Como es el caso en la obra de muchos escritores exiliados, en la poesía de Gelman el exilio está experimentado como una derrota. Un poema de la colección “Bajo la lluvia ajena (1980) hace explícita la relación entre exilio, patria, y su proyecto político: de los deberes del exilio:

no olvidar el exilio/
combatir a la lengua que combate al exilio!
no olvidar el exilio/ o sea la tierra/
o sea la patria o lechita o pañuelo
donde vibrábamos/ donde niñabamos/
no olvidar las razones del exilio/
la dictadura militar/ los errores
que cometimos por vos/ contra vos

[...] (2001: 233 [1980]))

El poema traza una relación entre cierto grupo, la primera persona en plural de los verbos del sexto verso, y la patria, cuya pérdida está implícita en el exilio. Esta relación es político-estratégica, ya que hay dos razones por las cuales el sujeto se encuentra exiliado: la dictadura, y ciertos “errores”; pero aun en la admisión de errores se subraya la buena fe de los exiliados: cometieron sus errores por la patria.

Muchos poemas de Gelman escritos después del golpe de estado de 1976, y su eventual alejamiento de los montoneros se dedican a su hijo, Marcelo Ariel, secuestrado y asesinado por los militares; el poemario Si dulcemente incluye un apartado que termina con esta nota dedicatoria:

el 26 de agosto de 1976
mi hijo marcelo ariel y
su mujer claudia, encinta,
fueron secuestrados en
buenos aires por un
comando militar. el hijo
de ambos nació y murió en
el campo de concentración.
[...]
hasta que no vea sus cadáveres
o a sus asesinos, nunca los
daré por muertos. (1980b: 73)

Dos elementos indican el esfuerzo poético en este texto: primero, la supresión de las letras mayúsculas; segundo, oraciones que obligan al lector a emplear cierta destreza lógica; aunque la frase “nació y murió” pudiera indicar una simple y trágica verdad, refiere además al estado intermedio de los desaparecidos: ni vivo ni muerto; un niño que a la vez nace y muere debe estar a la vez muerto y vivo, una ausencia, como los “ausentes para siempre” (73), siempre presente, en particular dada la negativa del sujeto a aceptar las muertes.

En otros poemas de esta colección, esta negativa se convierte en una forma de fijación, semejante a la melancolía, como descrita por Freud.

no quiero otra noticia sino vos/
cualquier otra es migajita donde
se muere de hambre la memoria/ cava
para seguir buscándote/ se vuelve
loca de oscuridad/ [...](64)

El aislamiento físico del exilio acentúa la falta de información sobre el destino de los que habían sido secuestrados. El resultado del estado intermedio en que se hallan estas víctimas es una interrupción en el funcionamiento del duelo.

Según Gundermann, la melancolía es una de las características de la época pos-golpe; Gundermann caracteriza a los melancólicos por su “identificación con un objeto perdido [...] y la recalcitrante negación del sujeto melancólico de aceptar que este objeto se haya perdido,” (2007: 12).

En su ensayo, “Duelo y melancolía,” Freud nota una diferencia clave entre las dos condiciones: en el duelo, es el mundo lo que pierde interés para el paciente, pero en la melancholia es el ego que sufre este menosprecio, es decir, la sensación de pérdida se incorpora dentro de su experiencia de sí mismo; la melancolía está caracterizada por elementos del duelo, y elementos del extremo narcisismo (Freud 2005: 210).

Según Robben, en contraste, el duelo y la melancolía no son objetos distintos sino puntos en una escala; por ende, emplea Robben un tercer término, quizás más apto para Gelman: el duelo crónico.

A primera vista sería la pérdida de su hijo que motiva sus esfuerzos, como indica el neologismo “deshijar” (1980b: 54), pero hay otro elemento, que resulta tan clave como esta falta.

afligido de vos/ toda un pueblo
anda pidiendo verte/ entendimiento
que pierde sangre como vos/ de vos/
voluntad que no mira tu mirada (61)

Gelman generaliza la pérdida de su hijo, mientras habla de y por una tercera persona, el pueblo, pueblo que Gelman poetiza de forma típica en su obra con el “error” gramático de feminizarlo con el pronombre “toda”.

Esta representación, una forma de ventrílocuo de los deseos y objetivos del pueblo, repite uno de los trucos discursivos más típicos de los montoneros.

El exilio de Gelman, representado en sus poemas, demuestra la clara continuación de una poética montonera, es decir, una construcción poética que emplea los elementos clave del discurso del proyecto montonero: pueblo, patria, Perón; y es la pérdida de este proyecto que en gran parte motiva el duelo crónico en su obra.

Es importante subrayar el papel justificador que cumple el pueblo:
hablando de estas ceremonias:
el pueblo hace la Revolución
con pies lentos el pueblo
ángel de tierra ángel de luz (1980a: 29 [1973])

Sin el pueblo, el proyecto político no sería la Revolución. Este empleo del pueblo como vínculo entre la dirección montonera y el movimiento peronista es típico del discurso montonero en sus intentos de justificar el papel de liderazgo que este grupo se había otorgado en los años 1970.

Se ve la importancia de la patria, el segundo elemento, en otro poema de los 70.

el sol brilla sobre la patria
el sol ilumina la patria
el sol calienta la patria
los compañeros mueren por la patria (1980a: 82 [1978])

En este caso, el sacrificio de los compañeros se inscribe dentro de una serie de intercambios naturales con la patria.

Como resumen Sigal y Verón, “el peronismo se constituyó como discurso político a través de la instauración de una gigantesca metáfora entre el movimiento peronista y la Nación democrática, es decir entre los peronistas y los argentinos, entre Perón y la Patria” (1986: 241).

Varios estudiosos han examinado las dificultades de la relación entre Perón y los montoneros.

Tanto la idea de una conducción compartida entre el MPM y Perón, como la noción del “pueblo montonero” tal como la encontramos en la obra de Gelman, eran en cierta forma invenciones ideológicas de los montoneros.

Como señala Daniel James, los grupos peronistas de clase media o intelectuales dieron por sentado que la clase obrera era revolucionaria en esencia y que Perón era un líder revolucionario (1988: 241).

Una mitología que juntaba a un pueblo revolucionario con un Perón casi guevarista dejaba sin responder una serie de preguntas analíticas: ¿quiénes eran los que formaban parte del pueblo?

Y ¿cuáles eran los motivos del líder? (261). Según Gelman, en una entrevista de los años 80, era fácil saber: “el pueblo es Peronista” (en Mero 1987: 62).

A fines de los 70, los dos principios clave del grupo, su vínculo con las masas, y la primacía de lo militar, supusieron un conflicto práctico; las tácticas de los montoneros los pusieron también en conflicto con los obreros, ya que estos fueron los primeros que sufrieron las consecuencias de acciones montoneras en forma de represalias por parte de las fuerzas de seguridad. Por estos motivos, a fines de los 70, cualquier base obrera que había tenido el MPM quedaba destruida.

Como Gelman admite, los Montoneros cometieron gravísimos errores –que terminaron aislándolos de la masa peronista –en su enfrentamiento con Perón [...P]ero el que empezó el enfrentamiento fue Perón. (en Mero 1987: 40).

Según Sigal y Verón, el problema principal era el desfase entre la izquierda Peronista y el líder (1986: 237).

Mientras los sectores de izquierda se nombraron como voz auténtica del pueblo, el pueblo nombró a Perón electoralmente como su vocero (219); cuando en 1974 Perón expulsó a los sectores de izquierda, estos sectores, que se prometían fieles al pueblo, se encontraban discursiva y estratégicamente atrapados: “afirmar en 1974 que Perón ya no representaba a las masas significaría volver al ostracismo, restablecer distancia entre élite y base, una base que distaba mucho de ser montonera” (223).

Cualquier retirada por parte de los montoneros del Peronismo habría señalado el fin de cualquier reclamo sobre su relación con el pueblo o con el mismo Perón (219)
La obra reciente

Es productivo ahora examinar algunos ejemplos de la más reciente producción poética de Gelman. La colección País que fue será (2004) empieza con una cita de Guillaume de Poitiers:

“El Paraíso Perdido nunca estuvo atrás. / Quedó adelante”(2004: 7).

Es mi opinión que la idea de un proyecto futuro del pasado motiva muchos poemas de esta colección; en cierta forma, la colección trabaja con la reaparición de fantasmas del pasado que indican un posible futuro, en una forma de “hauntología” (hantologie), para emplear el término de Derrida.

El poema es un sitio que prepara la posibilidad de la vuelta de figuras del pasado, en particular su hijo. Lo perdido tiene, en el poema, un espacio donde reaparecer.

El poema “Jenin”, con un título que alude a la “batalla” entre el ejército Israelí y militantes Palestinos en 2002 intenta investigar la relación entre memoria y política contemporánea:

La desmemoria saca monstruos
al sol. [...]

Hay asesinos
y aplausos para los asesinos.
Caigo en los huecos
del alarido, vienen
pesadillas de un país distante.
Son pesadillas de mí mismo.
Me matan muchas veces
junto a tu piel suave.
Se deshija la noche, suenan
disparos, hunden
las naves que surcan el ojo
para irse de antiguas bestias. (2004: 57)

El poema traza un vínculo entre violencias que ocurren en otro país o lugar y la experiencia personal del dolor y preocupación: las noticias de actos de violencia en otro país repiten una experiencia traumática previa: las pesadillas del país distante son, textualmente, “pesadillas de mí mismo”.

Estos traumas existen como parte de una serie de relaciones individuales, en este caso con un “tú”; el verbo “deshijar” reaparece, y vemos como las noticias foráneas se inscriben dentro de la experiencia de Gelman de la pérdida de su hijo.

Esto nos obliga a repensar el primer verso: “desmemoria” no sería solamente la falta de memoria sobre los efectos de la guerra, sino además una más extensa falta de memoria sobre la experiencia argentina, es decir, se inscriben las injusticias en Palestina al lado de las argentinas de la última dictadura; de este modo, la lucha de Gelman se mantiene vigente hoy en día y dentro del contexto político mundial.

Vale la pena en este punto examinar las semejanzas entre estos poemas y obras de la época militante de Gelman; en varios poemas de la colección Si dulcemente, vemos la muerte de los compañeros montoneros como momento fundador de una nueva etapa en la lucha armada:

bajo tierra en la tierra
que sí los recibió / incendios
que apagó el odio military / hijitos
empújennos al triunfo (1980b [1979]: 16)

En este caso es importante señalar el empleo del sustantivo “hijitos” para describir a los compañeros muertos; por un lado, ya que algunos compañeros de Gelman –su hijo, su nuera– pueden ser nombrados precisamente con este término; por el otro, de nuevo se inscribe la lucha montonera dentro de la misma red familiar; aquí, la pérdida motiva la lucha política y viceversa.

Los vínculos entre muerte, exilio, memoria, y la persistencia de la lucha montonera son frecuentes en la colección.

A pesar de sus fracasos y muertes, los compañeros sobreviven en la memoria y en el poema de Gelman:
[...]

de claridad vestida/nada piden
para sí/van desnudos/sangran mundo/
callan de penas admirablemente/
esperan que empecemos otra vez. (101 [1980])

El empleo del subjuntivo es importante: en este caso, el subjuntivo es del presente; la posibilidad del pasado es, ahora, el futuro del presente, en casi la misma forma que vimos en el título de País que fue será: la posibilidad, nunca cumplida, del pasado (y, de cierta forma, la negación del orden actual).

En este caso, con referencias a “la batalla” y “prisión”, se hace explícita la referencia a la lucha armada.

Con estos poemas podríamos trazar un diagrama cronológico: lucha – errores – muerte – memoria – lucha (bis). Los tres últimos elementos de esta secuencia reaparecen en la última poesía de Gelman, como en este ejemplo, “Cortesías”

¿Dónde callás, memoria?/¿dónde
te acordás de vos misma/
acechando al verdugo para
matarlo como él te mató? (2007: 108)

El poema emplea un importante paralelismo entre la memoria y la muerte del hijo de Gelman; el empleo del término “verdugo” es clave, ya que en los últimos años la palabra se ha vuelto casi sinónimo entre la izquierda argentina de un miembro de los comandos militares.

Si el verdugo mató a la memoria, en un crimen parecido al cometido contra el hijo de Gelman, la memoria ofrece la posibilidad de una justicia extra-judicial en la revancha de la memoria.

En otro poema de esta secuencia, vemos la importancia de la memoria para el proyecto de Gelman:

El pasado vuelve cuando
desaparece. Vacíos que lloran
en sus países [...]
Se hinchan los ojos con
las cobardías de este tiempo,
sentadas
en sillas de su olvido. (63)

La primera oración podría ser un comentario sobre Freud –es un caso parecido a las observaciones de Gundermann que vimos arriba– pero otra vez se traza una línea entre los males contemporáneos y la falta de memoria del pasado.

Es imposible leer el verbo “desaparece” sin pensar en lo que implica este poema para la situación argentina.

Como indica Edmundo Gómez Mango, en la obra de Gelman se encuentra “un movimiento de presentificación de lo desaparecido, su verbo poético es acontecimiento presente de lo que ha sido, en el pasado vivo o en el anhelo que nunca se ha cumplido” (2004: 66).

Gelman quiere demostrar, primero, que una falta de memoria nos conduce a repetir los desastres del pasado; segundo, que aun en el exilio el poeta tiene que mantener una relación estrecha con sus antiguos compañeros y con lo que ha perdido; y, finalmente, que el proyecto a que prestó sus fuerzas en el pasado sigue vigente hoy en día.

En conclusión, señalaría que la tensión que mueve la poesía de Gelman es entre Gelman como poeta, y Gelman como militante (todavía) que escribe poesía, y cuya poesía era, es, y seguirá siendo, parte de un proyecto de lucha peronista contra el capitalismo hegemónico; por ende su cierto conservadurismo político y estético para mantener viva esta lucha dentro del contexto actual.

En el contexto de la polémica de “La intemperie” demuestra también un conflicto clave: para seguir el argumento de Julian Bourg sobre los vínculos entre el mayo francés y la filosofía, hace evidente que el giro “ético” o “levinasiano” tiene sus raíces en los propios movimientos armados de los 60; Gelman es un recuerdo de los comienzos violentos de esta rebelión contra nomos o ley.

Una nota de Oscar del Barco.

Nota recibida como comentario en www.elmartillojudicial.com.ar.

¿Hacia una poética montonera?

El exilio melancólico de Juan Gelman

por OSCAR del BARCO

Una polémica en la revista cordobesa “La intemperie”, tocó el tema de la responsabilidad ética de los ex militantes de grupos armados de izquierda.

El filósofo cordobés Oscar del Barco criticó al poeta argentino Juan Gelman, antiguo miembro del grupo armado peronista Montoneros –aunque distanciado de él a partir de fines de los 1970– por una supuesta falta de honestidad en sus comentarios a favor de los procesos contra los militares acusados de crímenes de lesa humanidad, sin asumir su responsabilidad “directa en el asesinato [...] incluso de algunos militantes montoneros” (Belzagui 2007: 33).

Los comentarios de del Barco impulsaron a varios autores a salir en defensa de Gelman y a criticar el “giro ético” o “levinasiano” de del Barco y de otros. La fuerza de estos intercambios nos obliga a preguntar: ¿qué es lo que significa “Juan Gelman” hoy en la Argentina?

En su figura pública como intelectual y poeta parecen coexistir dos versiones de la pos-dictadura argentina: por un lado, un trabajo para mantener vivo el legado de la lucha armada; por otro, un ejemplo de la exitosa reintegración de un ex militante como poeta dentro de ciertos paradigmas liberal-humanistas de memoria y coexistencia.

Esta tensión entre Gelman militante y Gelman humanista se queda plasmada, por ejemplo, en un ensayo de Mario Benedetti (1995: 47), en el cual cita Benedetti el poema “Escrituras” de Gelman de la colección “Relaciones” pero sin un verso de suma importancia: “Perón es nuestra única esperanza” (1980a: 17).

Es mi intención analizar esta tensión tomando como ejemplo un elemento temático de la poesía de Gelman: el exilio.

Como es el caso en la obra de muchos escritores exiliados, en la poesía de Gelman el exilio está experimentado como una derrota. Un poema de la colección “Bajo la lluvia ajena (1980) hace explícita la relación entre exilio, patria, y su proyecto político: de los deberes del exilio:

no olvidar el exilio/
combatir a la lengua que combate al exilio!
no olvidar el exilio/ o sea la tierra/
o sea la patria o lechita o pañuelo
donde vibrábamos/ donde niñabamos/
no olvidar las razones del exilio/
la dictadura militar/ los errores
que cometimos por vos/ contra vos

[...] (2001: 233 [1980]))

El poema traza una relación entre cierto grupo, la primera persona en plural de los verbos del sexto verso, y la patria, cuya pérdida está implícita en el exilio. Esta relación es político-estratégica, ya que hay dos razones por las cuales el sujeto se encuentra exiliado: la dictadura, y ciertos “errores”; pero aun en la admisión de errores se subraya la buena fe de los exiliados: cometieron sus errores por la patria.

Muchos poemas de Gelman escritos después del golpe de estado de 1976, y su eventual alejamiento de los montoneros se dedican a su hijo, Marcelo Ariel, secuestrado y asesinado por los militares; el poemario Si dulcemente incluye un apartado que termina con esta nota dedicatoria:

el 26 de agosto de 1976
mi hijo marcelo ariel y
su mujer claudia, encinta,
fueron secuestrados en
buenos aires por un
comando militar. el hijo
de ambos nació y murió en
el campo de concentración.
[...]
hasta que no vea sus cadáveres
o a sus asesinos, nunca los
daré por muertos. (1980b: 73)

Dos elementos indican el esfuerzo poético en este texto: primero, la supresión de las letras mayúsculas; segundo, oraciones que obligan al lector a emplear cierta destreza lógica; aunque la frase “nació y murió” pudiera indicar una simple y trágica verdad, refiere además al estado intermedio de los desaparecidos: ni vivo ni muerto; un niño que a la vez nace y muere debe estar a la vez muerto y vivo, una ausencia, como los “ausentes para siempre” (73), siempre presente, en particular dada la negativa del sujeto a aceptar las muertes.

En otros poemas de esta colección, esta negativa se convierte en una forma de fijación, semejante a la melancolía, como descrita por Freud.

no quiero otra noticia sino vos/
cualquier otra es migajita donde
se muere de hambre la memoria/ cava
para seguir buscándote/ se vuelve
loca de oscuridad/ [...](64)

El aislamiento físico del exilio acentúa la falta de información sobre el destino de los que habían sido secuestrados. El resultado del estado intermedio en que se hallan estas víctimas es una interrupción en el funcionamiento del duelo.

Según Gundermann, la melancolía es una de las características de la época pos-golpe; Gundermann caracteriza a los melancólicos por su “identificación con un objeto perdido [...] y la recalcitrante negación del sujeto melancólico de aceptar que este objeto se haya perdido,” (2007: 12).

En su ensayo, “Duelo y melancolía,” Freud nota una diferencia clave entre las dos condiciones: en el duelo, es el mundo lo que pierde interés para el paciente, pero en la melancholia es el ego que sufre este menosprecio, es decir, la sensación de pérdida se incorpora dentro de su experiencia de sí mismo; la melancolía está caracterizada por elementos del duelo, y elementos del extremo narcisismo (Freud 2005: 210).

Según Robben, en contraste, el duelo y la melancolía no son objetos distintos sino puntos en una escala; por ende, emplea Robben un tercer término, quizás más apto para Gelman: el duelo crónico.

A primera vista sería la pérdida de su hijo que motiva sus esfuerzos, como indica el neologismo “deshijar” (1980b: 54), pero hay otro elemento, que resulta tan clave como esta falta.

afligido de vos/ toda un pueblo
anda pidiendo verte/ entendimiento
que pierde sangre como vos/ de vos/
voluntad que no mira tu mirada (61)

Gelman generaliza la pérdida de su hijo, mientras habla de y por una tercera persona, el pueblo, pueblo que Gelman poetiza de forma típica en su obra con el “error” gramático de feminizarlo con el pronombre “toda”.

Esta representación, una forma de ventrílocuo de los deseos y objetivos del pueblo, repite uno de los trucos discursivos más típicos de los montoneros.

El exilio de Gelman, representado en sus poemas, demuestra la clara continuación de una poética montonera, es decir, una construcción poética que emplea los elementos clave del discurso del proyecto montonero: pueblo, patria, Perón; y es la pérdida de este proyecto que en gran parte motiva el duelo crónico en su obra.

Es importante subrayar el papel justificador que cumple el pueblo:
hablando de estas ceremonias:
el pueblo hace la Revolución
con pies lentos el pueblo
ángel de tierra ángel de luz (1980a: 29 [1973])

Sin el pueblo, el proyecto político no sería la Revolución. Este empleo del pueblo como vínculo entre la dirección montonera y el movimiento peronista es típico del discurso montonero en sus intentos de justificar el papel de liderazgo que este grupo se había otorgado en los años 1970.

Se ve la importancia de la patria, el segundo elemento, en otro poema de los 70.

el sol brilla sobre la patria
el sol ilumina la patria
el sol calienta la patria
los compañeros mueren por la patria (1980a: 82 [1978])

En este caso, el sacrificio de los compañeros se inscribe dentro de una serie de intercambios naturales con la patria.

Como resumen Sigal y Verón, “el peronismo se constituyó como discurso político a través de la instauración de una gigantesca metáfora entre el movimiento peronista y la Nación democrática, es decir entre los peronistas y los argentinos, entre Perón y la Patria” (1986: 241).

Varios estudiosos han examinado las dificultades de la relación entre Perón y los montoneros.

Tanto la idea de una conducción compartida entre el MPM y Perón, como la noción del “pueblo montonero” tal como la encontramos en la obra de Gelman, eran en cierta forma invenciones ideológicas de los montoneros.

Como señala Daniel James, los grupos peronistas de clase media o intelectuales dieron por sentado que la clase obrera era revolucionaria en esencia y que Perón era un líder revolucionario (1988: 241).

Una mitología que juntaba a un pueblo revolucionario con un Perón casi guevarista dejaba sin responder una serie de preguntas analíticas: ¿quiénes eran los que formaban parte del pueblo?

Y ¿cuáles eran los motivos del líder? (261). Según Gelman, en una entrevista de los años 80, era fácil saber: “el pueblo es Peronista” (en Mero 1987: 62).

A fines de los 70, los dos principios clave del grupo, su vínculo con las masas, y la primacía de lo militar, supusieron un conflicto práctico; las tácticas de los montoneros los pusieron también en conflicto con los obreros, ya que estos fueron los primeros que sufrieron las consecuencias de acciones montoneras en forma de represalias por parte de las fuerzas de seguridad. Por estos motivos, a fines de los 70, cualquier base obrera que había tenido el MPM quedaba destruida.

Como Gelman admite, los Montoneros cometieron gravísimos errores –que terminaron aislándolos de la masa peronista –en su enfrentamiento con Perón [...P]ero el que empezó el enfrentamiento fue Perón. (en Mero 1987: 40).

Según Sigal y Verón, el problema principal era el desfase entre la izquierda Peronista y el líder (1986: 237).

Mientras los sectores de izquierda se nombraron como voz auténtica del pueblo, el pueblo nombró a Perón electoralmente como su vocero (219); cuando en 1974 Perón expulsó a los sectores de izquierda, estos sectores, que se prometían fieles al pueblo, se encontraban discursiva y estratégicamente atrapados: “afirmar en 1974 que Perón ya no representaba a las masas significaría volver al ostracismo, restablecer distancia entre élite y base, una base que distaba mucho de ser montonera” (223).

Cualquier retirada por parte de los montoneros del Peronismo habría señalado el fin de cualquier reclamo sobre su relación con el pueblo o con el mismo Perón (219)
La obra reciente

Es productivo ahora examinar algunos ejemplos de la más reciente producción poética de Gelman. La colección País que fue será (2004) empieza con una cita de Guillaume de Poitiers:

“El Paraíso Perdido nunca estuvo atrás. / Quedó adelante”(2004: 7).

Es mi opinión que la idea de un proyecto futuro del pasado motiva muchos poemas de esta colección; en cierta forma, la colección trabaja con la reaparición de fantasmas del pasado que indican un posible futuro, en una forma de “hauntología” (hantologie), para emplear el término de Derrida.

El poema es un sitio que prepara la posibilidad de la vuelta de figuras del pasado, en particular su hijo. Lo perdido tiene, en el poema, un espacio donde reaparecer.

El poema “Jenin”, con un título que alude a la “batalla” entre el ejército Israelí y militantes Palestinos en 2002 intenta investigar la relación entre memoria y política contemporánea:

La desmemoria saca monstruos
al sol. [...]

Hay asesinos
y aplausos para los asesinos.
Caigo en los huecos
del alarido, vienen
pesadillas de un país distante.
Son pesadillas de mí mismo.
Me matan muchas veces
junto a tu piel suave.
Se deshija la noche, suenan
disparos, hunden
las naves que surcan el ojo
para irse de antiguas bestias. (2004: 57)

El poema traza un vínculo entre violencias que ocurren en otro país o lugar y la experiencia personal del dolor y preocupación: las noticias de actos de violencia en otro país repiten una experiencia traumática previa: las pesadillas del país distante son, textualmente, “pesadillas de mí mismo”.

Estos traumas existen como parte de una serie de relaciones individuales, en este caso con un “tú”; el verbo “deshijar” reaparece, y vemos como las noticias foráneas se inscriben dentro de la experiencia de Gelman de la pérdida de su hijo.

Esto nos obliga a repensar el primer verso: “desmemoria” no sería solamente la falta de memoria sobre los efectos de la guerra, sino además una más extensa falta de memoria sobre la experiencia argentina, es decir, se inscriben las injusticias en Palestina al lado de las argentinas de la última dictadura; de este modo, la lucha de Gelman se mantiene vigente hoy en día y dentro del contexto político mundial.

Vale la pena en este punto examinar las semejanzas entre estos poemas y obras de la época militante de Gelman; en varios poemas de la colección Si dulcemente, vemos la muerte de los compañeros montoneros como momento fundador de una nueva etapa en la lucha armada:

bajo tierra en la tierra
que sí los recibió / incendios
que apagó el odio military / hijitos
empújennos al triunfo (1980b [1979]: 16)

En este caso es importante señalar el empleo del sustantivo “hijitos” para describir a los compañeros muertos; por un lado, ya que algunos compañeros de Gelman –su hijo, su nuera– pueden ser nombrados precisamente con este término; por el otro, de nuevo se inscribe la lucha montonera dentro de la misma red familiar; aquí, la pérdida motiva la lucha política y viceversa.

Los vínculos entre muerte, exilio, memoria, y la persistencia de la lucha montonera son frecuentes en la colección.

A pesar de sus fracasos y muertes, los compañeros sobreviven en la memoria y en el poema de Gelman:
[...]

de claridad vestida/nada piden
para sí/van desnudos/sangran mundo/
callan de penas admirablemente/
esperan que empecemos otra vez. (101 [1980])

El empleo del subjuntivo es importante: en este caso, el subjuntivo es del presente; la posibilidad del pasado es, ahora, el futuro del presente, en casi la misma forma que vimos en el título de País que fue será: la posibilidad, nunca cumplida, del pasado (y, de cierta forma, la negación del orden actual).

En este caso, con referencias a “la batalla” y “prisión”, se hace explícita la referencia a la lucha armada.

Con estos poemas podríamos trazar un diagrama cronológico: lucha – errores – muerte – memoria – lucha (bis). Los tres últimos elementos de esta secuencia reaparecen en la última poesía de Gelman, como en este ejemplo, “Cortesías”

¿Dónde callás, memoria?/¿dónde
te acordás de vos misma/
acechando al verdugo para
matarlo como él te mató? (2007: 108)

El poema emplea un importante paralelismo entre la memoria y la muerte del hijo de Gelman; el empleo del término “verdugo” es clave, ya que en los últimos años la palabra se ha vuelto casi sinónimo entre la izquierda argentina de un miembro de los comandos militares.

Si el verdugo mató a la memoria, en un crimen parecido al cometido contra el hijo de Gelman, la memoria ofrece la posibilidad de una justicia extra-judicial en la revancha de la memoria.

En otro poema de esta secuencia, vemos la importancia de la memoria para el proyecto de Gelman:

El pasado vuelve cuando
desaparece. Vacíos que lloran
en sus países [...]
Se hinchan los ojos con
las cobardías de este tiempo,
sentadas
en sillas de su olvido. (63)

La primera oración podría ser un comentario sobre Freud –es un caso parecido a las observaciones de Gundermann que vimos arriba– pero otra vez se traza una línea entre los males contemporáneos y la falta de memoria del pasado.

Es imposible leer el verbo “desaparece” sin pensar en lo que implica este poema para la situación argentina.

Como indica Edmundo Gómez Mango, en la obra de Gelman se encuentra “un movimiento de presentificación de lo desaparecido, su verbo poético es acontecimiento presente de lo que ha sido, en el pasado vivo o en el anhelo que nunca se ha cumplido” (2004: 66).

Gelman quiere demostrar, primero, que una falta de memoria nos conduce a repetir los desastres del pasado; segundo, que aun en el exilio el poeta tiene que mantener una relación estrecha con sus antiguos compañeros y con lo que ha perdido; y, finalmente, que el proyecto a que prestó sus fuerzas en el pasado sigue vigente hoy en día.

En conclusión, señalaría que la tensión que mueve la poesía de Gelman es entre Gelman como poeta, y Gelman como militante (todavía) que escribe poesía, y cuya poesía era, es, y seguirá siendo, parte de un proyecto de lucha peronista contra el capitalismo hegemónico; por ende su cierto conservadurismo político y estético para mantener viva esta lucha dentro del contexto actual.

En el contexto de la polémica de “La intemperie” demuestra también un conflicto clave: para seguir el argumento de Julian Bourg sobre los vínculos entre el mayo francés y la filosofía, hace evidente que el giro “ético” o “levinasiano” tiene sus raíces en los propios movimientos armados de los 60; Gelman es un recuerdo de los comienzos violentos de esta rebelión contra nomos o ley.