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martes, 27 de diciembre de 2011

El ministro de Relaciones Exteriores y el Presidente de Uruguay criticaron las posiciones que señalan “presiones” de la Argentina para apoyar la causa por las Islas Malvinas.



 Las calificaron de “pavadas”, y aseguraron que es “la posición del país desde siempre”.
El canciller, Luis Almagro, salió al cruce de las declaraciones en contra de impedir la entrada de buques con bandera Kelper (malvinense) al Uruguay.
“Hay un tema puntual que nos separa [de Gran Bretaña] y es Malvinas, pero esto no lo inventaron el presidente Mujica y el canciller Almagro, es la posición del país desde siempre”, indicó,.
Asimismo, Almagro criticó a quienes quieren “pintar esto [la prohibición de entrada de buques kelper al Uruguay]como un alineamiento a la política argentina y eso es de una superficialidad tan grande, de una falta de criterio político tan garrafal que a uno lo deja perplejo”.
El Canciller recordó que la posición en apoyo al reclamo de la ONU y la Argentina de diálogo fue consensuada en el seno de la UNASUR y el Mercosur, y dijo que no se dejará llevar por dichas opiniones. “Algunos pueden decir pavadas, yo tengo que construir todos los días”, afirmó.
Almagro analizó que existen “grupos minúsculos dentro de los países tradicionales que pretenden facturar cierto sentimiento antiargentino”.
De esta forma, coincidió con el presidente uruguayo, José Mujica, quien indicó que hay políticos opositores que “hacen uso de un nacionalismo anti argentino”.

martes, 28 de junio de 2011

El presidente del Uruguay, José “Pepe” Mujica, firmó un decreto que declara “ilegítimas” todas las acciones del poder ejecutivo tomadas entre 1973 y 1985 contempladas en el artículo 3 de la Ley de Caducidad, que protege a los dictadores que ocuparon el gobierno en ese período.



El secretario de la presidencia de Uruguay, Alberto Breccia, anunció que “el señor presidente ha decidido [que]se dicte un decreto por el cual se revoca, por razones de ilegitimidad, todos los actos administrativos dictados por el Poder Ejecutivo contemplados” en el artículo 3 de la legislación mencionada.
Asimismo, indicó que la Justicia “requerirá al Poder Ejecutivo que informe, dentro del plazo perentorio de treinta días de recibida la comunicación, si el hecho investigado lo considera comprendido” en la Ley de Caducidad de Pretensión Punitiva del Estado.
La normativa se encuentra vigente desde 1986. El reclamo histórico de los partidos que conforman el Frente Amplio es derogarla, pero ha sido respaldada por dos referéndums: uno en 1989 y otro en 2009. En 2011, fue declarada parcialmente inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia para que se investigara un caso particular conocido como “Fusilados de Soca”.
Uruguay ha sido continuamente criticado por no poder saldar cuentas con la Justicia en el tema de Derechos Humanos. La Comisión de la OEA encargada de ese ítem la declara “incompatible con el artículo XVIII (Derecho de justicia) de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y los artículos 1, 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos” desde 1993.
Mujica fue militante guerrillero tupamaro y padeció las injusticias de la dictadura. Sin embargo, insiste en respetar la voluntad popular expresada en los referéndums

martes, 12 de octubre de 2010

El aborto no es un derecho.

Mons. José María Arancedo: El aborto, es un derecho?

En el marco del mes de la Familia quiero referirme a un tema actual que se lo presenta como un derecho, en este caso de la mujer, y que la sociedad debería garantizar con sus leyes.




Me refiero al tema del aborto. Creo que todos coincidimos que estamos ante una situación límite y no querida, entiendo que nadie quiere abortar; pero nadie, tampoco, puede negar actualmente la existencia de una vida nueva a partir de la concepción, es decir, estamos ante un ser vivo que tiene su propia identidad genética. El embrión no es un fragmento de la madre, es un nuevo ser perfectamente individualizado con su propio ADN. En los modernos sistemas jurídicos el ADN se ha convertido en la “prueba reina”, para determinar la identidad y los derechos de las personas desde su concepción.

Lo dramático de una situación no puede alterar o desconocer lo que es propio de cada ser en cuanto sujeto de derechos. Para este ser ya concebido su primer derecho es, precisamente, el derecho a la vida. Esto no es quitar un derecho a alguien, sino defender el derecho de alguien. A la sabiduría de la ley le corresponde tutelar esta verdad que hace a la dignidad de todo ser humano. Esto no depende de una creencia religiosa sino de una realidad que, por su misma naturaleza humana y científica, reclama principios éticos que comprometen el ordenamiento jurídico de la sociedad. Estamos ante un hecho que trasciende lo individual o privado, porque está en juego tanto la vida de una persona como la cultura de una sociedad.

No puedo dejar de mencionar el testimonio de alguien que actuó con la serenidad y la firmeza que estos casos reclaman. Se trata de un médico que también es político. Me refiero al Dr. Tabaré Vázquez, presidente del Uruguay. Al fundamentar su veto a la ley de despenalización del aborto llama la atención sobre un dato que no es menor: “en los países que se ha liberalizado el aborto, estos han aumentado”, y lo ejemplifica: “en los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó y la cifra se mantiene, para concluir, la costumbre se instaló”. Qué triste e injusto es escuchar: “la costumbre se instaló”, que equivale a decir, se ha instalado una cultura. La ley que penaliza el aborto tiene, por ello, una razón preventiva y pedagógica, en cuanto tutela y defiende el valor de la vida. Por ello va a concluir: “El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados”. He querido traer el testimonio de alguien que no habló desde una fe religiosa, sino desde su condición de profesional y de estadista.

Algunos para justificar el aborto sostienen que los embriones son sólo potencialmente humanos. No se puede fragmentar la vida humana, ella debe ser entendida como una totalidad dinámica que supone, tanto una identidad desde el origen como una unidad en su desarrollo, esto lo revela la existencia de un ADN que es único e irrepetible. No se puede decir que lo que aún no ha nacido o no conozco no existe. Por otra parte, si bien el embrión humano es autónomo desde la concepción, aún no es independiente, es decir, depende del cuidado de su madre o incluso de la sociedad. Esta es su grandeza, pero también su fragilidad. Con sabiduría de estadista concluía: “es más adecuado buscar una solución basada en la solidaridad que permita promocionar a la mujer y a su criatura, otorgándole la libertad de poder optar por otras vías y, de esta forma, salvar a los dos”. Cuando la realidad y el cuidado de la vida no es un límite legal, crece una cultura sin fundamento que hiere al hombre y empobrece a la sociedad.

El aborto es un derecho?. Si partimos del hecho comprobado científica y filosóficamente de que el óvulo fecundado inaugura una vida nueva que ya no es un fragmento del padre o de la madre, debemos concluir que las prácticas abortivas son injustificables e injustas y, por lo mismo, no son un derecho. Tampoco se puede argüir desde la libertad de decisión de la mujer, porque se viola el derecho de un ser vivo que ya es una persona. En nombre de la libertad de quién tiene poder y voz, no se puede negar el derecho de quién no tiene la posibilidad de hacerse oír. Aquí entra el sentido y la finalidad de la ley, como un principio de equidad que debe regir la vida de la sociedad. Por ello: “un Estado que se arrogue el derecho de definir qué seres humanos son o no sujetos de derechos, y que, en consecuencia, reconozca a algunos el poder de violar el derecho de otros a la vida, contradice el ideal democrático. En efecto, aceptando que se violen los derechos del más débil, acepta al mismo tiempo, que el derecho de la fuerza prevalezca sobre la fuerza del derecho” (Ratzinger J. La sacralidad de la Vida Humana).

Me permito sugerir la lectura de un pequeño libro que ha publicado el equipo de Pastoral Familiar de nuestra Arquidiócesis, y que lleva como título: La vida humana en sus inicios: El problema del aborto y sus desafíos. Creo que tanto legisladores y políticos, como los simples ciudadanos, debemos asumir este tema con la responsabilidad cívica y moral que ello implica. Lo que está en juego son principios y comportamientos que hacen tanto al respeto por la vida naciente, como al nivel de una cultura que privilegia el primer derecho de todo ser vivo, el derecho a la vida. Reciban de su Obispo junto a mi respeto y afecto, mis oraciones y bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz