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lunes, 14 de noviembre de 2011

Reinhard Heydrich, Lidice y después.


Segunda Guerra Mundial: Operación Antropoide

Operación Antropoide


El objetivo de la Operación Antropoide, Reinhard Heydrich.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Operación Antropoide consistió en el atentado a uno de los más poderosos y temidos nazis, el Obergruppenführer (Teniente General) Reinhard Heydrich, jefe de la RSHA, Protector de Bohemia y Moravia y uno de los artífices de la Solución final.

Ambiente
En el año 1941, los ejércitos alemanes avanzaban sin dificultades hacia Moscú. En el Atlántico, los submarinos alemanes hundían los barcos de los aliados y Japón dominaba en el Pacífico. La situación para los aliados era crítica.
El mismo año, Heydrich fue enviado por el comandante de las SS Heinrich Himmler a Praga para relevar al Gauleiter, Konstantin von Neurath, por mostrarse éste demasiado condescendiente con los checos. De este modo, Himmler alejaba momentáneamente a quien le hacía sombra ante Hitler y asimismo este último enviaba a la capital checa a uno de los más competentes y temidos de la cúpula de las temibles SS.
La falta de mano dura de von Neurath había desembocado en atentados, huelgas y un ambiente de desestabilización en el protectorado alemán. Heydrich asumió como Reichsprotecktor en septiembre de 1941.
Heydrich tenía un segundo al mando, el Gruppenführer (General de División) Karl Hermann Frank, el ex-Secretario de estado de von Neurath, siendo Frank no menos competente que él mismo. Heydrich se puso desde el primer día manos a la obra y decretó la ley marcial, detuvo a numerosos intelectuales y los ejecutó, e incluso arrestó al Primer Ministro Alois Eliáš, miembro del gobierno títere checo impuesto por los propios alemanes y fusilado el 19 de junio de 1942. El total de ejecutados alcanzó la cifra de 550, lo que le valió los apodos de El carnicero de Praga o La bestia rubia.
Heydrich se instaló en el Castillo de Praga para gobernar el territorio checoslovaco. Su gestión diezmó la resistencia checa, responsable de diversos sabotajes, y aumentó la fabricación de material militar. Una vez logrado esto, Heydrich aplicó la política del "palo y la zanahoria" aumentando los beneficios laborales pero a su vez imponiendo una mano dura en el gobierno. El aparente estado de bonanza económica logrado en el Protectorado despertó cierto grado de filiación en la población checa hacia el nazismo.1

Operación Antropoide (Operation Anthropoid)
Se hacía necesario mantener la resistencia en las tierras checas. Para mostrar a los Aliados que los checos también eran amigos, el presidente checo, exiliado en Inglaterra Edvard Beneš, aceptó un plan de Winston Churchill para desestabilizar el régimen nazi en Checoeslovaquia, ya que la hábil política de Heydrich había llevado a la población a aceptar de muy buen grado la ocupación gracias a las condiciones de vida excepcionalmente favorables que Heydrich había impuesto a cambio de una producción militar eficiente para el Tercer Reich. Esto atentaba contra los intereses aliados, ya que la sumisión de Checoeslovaquia podría ser imitada por otros países y así acabar indirectamente con la resistencia y fortalecer el nazismo en Europa.
"En Praga hay dos personas que representan el exterminio. Es el líder sudeto-alemán, Karl Hermann Frank, y el recién llegado Heydrich. Es necesario que uno de ellos pague por ello".
Moravec, jefe del servicio de inteligencia checoslovaco a Jozef Gabcík.
2
Para ello se planeó el atentado contra uno de sus líderes más poderosos. Reinhard Heydrich era incluso considerado por Hitler como su eventual sucesor. A su edad (38 años) dirigía la poderosa Oficina Central de Seguridad del Reich y era, con mucho, uno de los líderes más odiados de la Alemania Nazi. Tan temido era Heydrich, que él mismo consideraba imposible que alguien se atreviera a atentar contra su persona.


Recompensa ofrecida por los nazis para capturar a Josef Valčík

La Operación
La operación comenzó la noche del 28 de diciembre de 1941 con la llegada de dos comandos checos, los Rotsmistr (Sargentos) Jan Kubiš y Jozef Gabčík, provenientes de Inglaterra a bordo de un bombardero Halifax perteneciente al escuadrón 138 de la RAF, que fueron lanzados en paracaídas junto con otros comandos ingleses. Por un error de navegación se les lanzó en Nehvizdy a 20 km, de la capital checa, pero premunidos de papeles falsos de identificación y vestidos de paisanos lograron contactar a la resistencia checa en Pilsen.
En Praga contactarían a otro guerrillero, Korda, para ultimar los detalles con la resistencia checa.
Una vez contactados, comenzaron por estudiar minuciosamente los hábitos de desplazamiento de Heydrich y advirtieron que invariablemente empleaba la misma ruta cuando marchaba desde el castillo hacia el aeropuerto, en Praga y siempre a la misma hora. La elaboración del atentado era sumamente simple, emboscar el cabriolet de Heydrich y asesinarle.
En la ruta del Castillo de Praga a las oficinas de Heydrich había una curva muy cerrada que obligaba al chofer a aminorar la velocidad del vehículo del dirigente nazi y éste fue el punto de ataque elegido.
Por fin, después de varios ensayos y titubeos, la fecha del atentado fue fijada para la mañana del 27 de mayo de 1942.
El día 26 por la noche, Heydrich asistió con su esposa Lina a un homenaje a su padre, el músico Bruno Heydrich en el palacio de Waldstein en Praga. La última foto en vida le es tomada a la salida del homenaje.


Última fotografía de Heydrich, tomada el 26 de mayo de 1942.

Tres guerrilleros se apostaron en un recodo del camino a la entrada a Praga, justo por donde pasaría Heydrich ese domingo. Uno de ellos, Kubiš llevaba una granada británica antitanque No. 73 modificada; otro, Gabčík un subfusil Sten y el tercero, el Podporučík (Subteniente) Josef Valcik haría las señales con un periódico.
El día fijado suponían que Heydrich pasaría por allí cerca de las 10 de la mañana, pero excepcionalmente y para sorpresa de los complotados, no apareció a la hora estimada, por lo que los comandos empezaron a ponerse muy nerviosos y pensaron en abortar la misión.
Heydrich en efecto se había retrasado, pues de modo inusual se había quedado media hora más en el castillo para atender un asunto urgente de último minuto, pero después subió a su coche descapotable y tomó la ruta habitual.
Cuando ya iban a abandonar la zona, Valcik avisó a los demás que el vehículo venía en camino y sin escolta, por lo que los militares rápidamente retornaron a sus puestos.
El coche en el que venía Heydrich no llevaba protección, pues éste pensaba que era imposible arriesgarse a atentar contra alguien tan poderoso como él.
Al llegar a la curva el Mercedes Benz redujo la velocidad y en ese momento Gabčík empuñó su Sten con la intención de lanzar una ráfaga de ablandamiento, pero éste se encasquilló y Gabčík se puso muy nervioso, mientras observaba al temido jefe de las SS.
Heydrich, al percatarse de la situación, se levantó del asiento con el coche aún en marcha y se aprestó a sacar su Luger para repeler el ataque. Gabčík, completamente aterrorizado, abandonó el subfusil lanzándolo a la vereda y echó a correr. Kubiš, menos nervioso, pudo activar la granada y arrojarla en el momento justo en que Heydrich apuntaba con la pistola en su dirección, cayendo al costado de la rueda trasera derecha.
El Oberscharführer (Suboficial) Klein, chofer de Heydrich, pistola en mano también, consiguió bajarse en persecución de Kubiš. En ese momento, la granada estalló poderosamente al lado de la puerta trasera derecha, alcanzando las esquirlas en la espalda de Heydrich hiriéndole, quien instintivamente se volteó protegiendo su rostro con los brazos; aun así, pudo bajarse del vehículo y lograr dar algunos pasos y disparar a los atacantes, antes de quedar tumbado en la acera agarrado a una reja y desangrándose. El SS Klein alcanzó a Kubiš en una esquina, pero éste le disparó sorpresivamente, dejándolo malherido. Kubiš tomó una bicicleta y escapó del lugar.


Un Sten Mark II, similar al empleado por Gabčík.

El resto de los guerrilleros checos lograron huir a la carrera, con la amarga sensación de haber fallado en el objetivo de la misión.




El coche de Heydrich tras el atentado.

Heydrich fue auxiliado por una mujer checa y llevado al Hospital de Bulovka en Praga, donde insistió en ser atendido sólo por médicos alemanes. Las heridas de Heydrich comprometían el bazo, había restos de crin del relleno del asiento, la tela, metales y parte de su uniforme. Parecía que Heydrich podría salvarse si era tratado a tiempo, pero un obstinado Heydrich prefirió ser tratado por médicos de confianza.
El Reichsführer-SS Heinrich Himmler envío al médico de las Waffen SS quien inició un tratamiento con sulfamidas. El retraso en recibir atención médica permitió que las esquirlas de metal y restos de crines del asiento incrustados infectaran no sólo la herida, sino que se propagara al torrente sanguíneo a través del bazo que estaba abierto.
Esto probablemente le costó la vida, pues 48 horas después las heridas recibidas, en especial una esquirla alojada en el bazo, se infectaron y provocaron una septicemia generalizada, que al cabo de ocho días le causaron la muerte. Sus atacantes no llegarían a saberlo.
Mientras Heydrich estaba en el hospital, las tropas SS salieron a las calles de Praga y se dedicaron a ubicar a los guerrilleros. Aunque se detuvo a miles de sospechosos, no lograron dar con su paradero y se ofreció una recompensa de 100.000 coronas checas a quien revelara el escondite de los atacantes de Heydrich. Pero mientras tanto Heydrich fallecía sin salir del coma, el 4 de junio de 1942. Se empezó ofreciendo recompensas y se desató una ola de ejecuciones en la capital checa.


Ventanilla de la Iglesia de San Cirilo, que da a la cripta en donde fueron acorralados los guerrilleros.

Al final, el 16 de junio, uno de los implicados, Karel Čurda, impactado con la ola de ejecuciones entre la población checa, cometió delación y se presentó ante el Obergruppenführer Karl Hermann Frank traicionando a sus camaradas. Les denunció a las SS dando su paradero, con la esperanza ingenua de que si sacrificaba a sus compañeros, las ejecuciones sumarias se detendrían, lo que en la realidad no sucedió.
Los guerrilleros checos se habían refugiado en la antigua Iglesia de los Santos Cirilo y Metodio, en una especie de cripta subterránea con unas catacumbas, donde una de las ventanas daba a la calle.
Finalmente, los principales perpetradores del atentado: Josef Bublík, Jozef Gabčík, Jan Hrubý, Jan Kubiš, Adolf Opálka, Jaroslav Švarc y Josef Valčík, quedaron atrapados en la iglesia. A las 4:15 horas del 18 de junio de 1942, la cripta fue rodeada y asediada por 800 soldados del Wehrmacht Heer y el Waffen SS. Después de una lucha de siete horas los nazis habían perdido 14 hombres y otros 21 resultaron heridos. Seis comandos se suicidaron para no caer vivos en manos alemanas; el séptimo, Kubiš que había sido gravemente herido por la metralla de una granada murió desangrado.3

Consecuencias del atentado
El cuerpo de Heydrich fue llevado a Berlín y se le dió un funeral apoteósico al cual acudió toda la alta jerarquía nazi y donde el mismo Hitler estuvo presente, quien se mostró en todo momento apesadumbrado.
Hitler quiso emprender graves represalias contra los checos pero como eso perturbaría la producción industrial (tan necesaria para la guerra), los SS de Frank ejecutaron a unos miles de habitantes, mujeres, hombres y unos 88 niños en el pueblo de Lídice. En total, 340 habitantes del pueblo fueron asesinados (192 hombres, 60 mujeres y 88 niños). Lo mismo le sucedió a otro pequeño poblado llamado Ležáky dos semanas después: los hombres asesinados, las mujeres enviadas a los campos de concentración y los niños "arianizados" o enviados a las cámaras de gas. El resultado final de la represión por la muerte de Heydrich fue de 1.300 personas, entre partisanos, altos dirigentes checos y víctimas circunstanciales, como los habitantes de Lídice.


Escultura conmemorativa de la Masacre de Lídice.

Luego dicha población se hizo desaparecer de los mapas y físicamente.
En total murieron unos 4.600 checos como represalia por el asesinato de Heydrich. Con la muerte de Heydrich se privó al regimén nazi del más brutal e inteligente esbirro que pudo tener Hitler. Lamentablemente, los dados lanzados por Heydrich ya estaban rodando y la muerte de cientos de miles de judíos no se detuvo con su muerte.
Entre los miles de detenidos estuvo Ana Malinová, novia de Jan Kubiš, quien murió en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen.
Marie Opálková, tía del Nadporučík (Teniente Primero), Adolf Opálka fue ejecutada en Mauthausen el 24 de octubre de 1942. Su padre, Viktor Jarolím también fue asesinado.
La Operación Antropoide fue el único intento exitoso de asesinar a un importante líder nazi y paradójicamente sus ejecutores no llegaron a saber de su éxito en vida.
Karel Čurda fue recompensado con 1 millón de Reichsmarks. Después de la guerra, el 29 de abril de 1947 fue ejecutado en Praga por el delito de traición.

Operación Antropoide-miembros del comando checo-autores del atentado.


Jan Kubiš
Sargento
Perteneciente a las fuerzas checas en el exilio. Reclutado por el SOE para el contacto con la clandestinidad checa-Activó la bomba de mano que lesionó de gravedad a Heydrich.
 

Jozef Gabčík
Sargento.
Soldado eslovaco reclutado por el SOE para apoyar en el remate de la Operación.
 


Adolf Opálka
Teniente primero
Soldado checo.
Reclutado por el SOE para dirigir la Operación.
 

Karel Čurda
Soldado de las fuerzas checas en el exilio, reclutado por el SOE.
Cometió traición al revelar la ubicación de los autores del atentado.
 




miércoles, 13 de julio de 2011

Una carta personal, serena y balanceada al comandante de las FARC.

  *COLOMBIA*

                        Carta abierta al comandante de las FARC

                        por Medófilo Medina
                        (historiador colombiano)
                        ********************************************************



                        Lunes, 11 de Julio de 2011

                        Una carta personal, serena y balanceada al
                        comandante de las FARC, donde se exploran uno
                        por uno sus argumentos históricos y sus razones
                        actuales para justificar la lucha guerrillera.
                        Esta misiva franca pero  respetuosa y algo
                        extensa sin duda es de lectura obligatoria para
                        quienes piensen que la guerra debe proseguir y
                        para quienes todavía buscan una salida negociada
                        al conflicto interno que vivimos desde hace
                        medio siglo.

                        Personas de carne y hueso

                        Comandante Cano:

                        Me dirijo a usted apoyado en dos razones.

                        La primera es la circunstancia de haberlo
                        conocido personalmente y de haber interactuado
                        como miembros de la Juventud Comunista.
                        Estudiamos en la misma facultad de la
                        Universidad Nacional; es cierto, Usted entraba
                        cuando yo egresaba del pregrado.

                        La última vez que hablamos brevemente fue
                        durante mi visita al Campamento del Secretariado
                        de las FARC del 26 al 29 de febrero de 1986, en
                        las postrimerías del proceso de paz que comenzó
                        en 1982. Llegamos allí con la colega de la
                        Universidad Nacional Rocío Londoño, quien había
                        iniciado su investigación sobre el dirigente
                        campesino Juan de la Cruz Varela y estaba
                        interesada en conocer la visión de Manuel
                        Marulanda y de Jacobo Arenas sobre Varela.

                        También conocí a Joaquín Gómez en Moscú cuando
                        adelantaba su carrera en la Universidad de la
                        Amistad de los Pueblos, y yo el doctorado en la
                        Universidad de Moscú. Me impresionaban su
                        disposición sencilla, su talante festivo.

                        Al comandante Pablo Catatumbo lo aprecio, podría
                        decir, como colega: recuerdo algunas
                        conversaciones sobre historia de Colombia
                        durante mi visita a la sede del Secretariado.
                        Aparte de su evidente erudición histórica,
                        mostraba una preocupación muy típica de la
                        profesión: la necesidad de las fuentes de
                        información, de conservarlas y recuperarlas
                        mediante la investigación. Me habló con
                        preocupación del archivo de las FARC o al menos
                        de la documentación que no estaba organizada,
                        sistematizada, sino apenas conservada. Me he
                        preguntado luego: ¿Se ha preservado aquella
                        documentación tan valiosa para la historia
                        contemporánea de Colombia?

                        Recuerdo también un encuentro con Iván Márquez
                        en una larga conversación donde tomó parte
                        Daniel Pecaut, una tarde reverberante en
                        Florencia en los tiempos del Proceso de Paz de
                        La Uribe. Entonces Iván  ejercía como miembro
                        del Congreso de la República en representación
                        de la Unión Patriótica. Habíamos compartido
                        afanes en la lucha estudiantil con quien se
                        convertiría en el comandante París en las filas
                        de las FARC.

                        A Usted, a los dirigentes que he nombrado, no
                        los podría ver a través de los prismas
                        construidos por la propaganda de los medios de
                        comunicación. Tampoco los asumo en la condición
                        de héroes, aunque he admirado su decisión de
                        tomar riesgos y afrontar sacrificios en defensa
                        de una concepción social y política. La imagen
                        que de Ustedes tengo es la humana que guarda mi
                        retina, asociada con el intercambio en
                        actividades o discusiones políticas. En efecto
                        Ustedes fueron gente de estudio y dirigentes
                        políticos urbanos antes de convertirse en
                        cuadros militares.

                        Los colombianos necesitan entender el por qué de
                        la guerra

                        La segunda razón para esta carta es que he
                        pensado hace mucho sobre la necesidad que
                        objetivamente tendría el ciudadano corriente de
                        conocer la argumentación de las FARC, y de
                        sopesar tanto su visión del país actual como sus
                        propuestas hacia el futuro.

                        Durante años he sido profesor e investigador de
                        la historia contemporánea de Colombia, y en los
                        últimos quince años he dedicado también
                        esfuerzos al estudio de América Latina. Subrayo:
                        no soy experto en las FARC, pero dada la época
                        de la que me he ocupado, he tenido que leer y
                        reflexionar sobre el Conflicto Interno por
                        cuanto es parte inseparable de nuestra historia.
                        Por supuesto en estas líneas está incorporada mi
                        sensibilidad de ciudadano atento a las cosas del
                        bien común.

                        La intención primordial del grupo de
                        intelectuales que, junto con la senadora Piedad
                        Córdoba, le escribió a ustedes una carta era
                        iniciar un intercambio epistolar más allá de las
                        diatribas y la estigmatización. Debo reconocer
                        que tal objetivo cedió ante las urgencias del
                        momento y se extravió en los quehaceres
                        ciertamente necesarios del intercambio humanitario.

                        Creo que sigue siendo válido insistir en un
                        intercambio epistolar de esta naturaleza, el
                        cual tendría sentido independientemente de los
                        avatares de la guerra y de las dificultades
                        políticas y técnicas que rodearían una tal
                        comunicación. Un intercambio de cara a la
                        opinión pública y donde puedan participar
                        quienes quieran hacerlo y crean que la palabra
                        razonable mantiene su fuero aún bajo las
                        circunstancias más adversas.

                        En la coyuntura de Colombia y en la fase actual
                        del conflicto interno es por demás necesario y
                        oportuno profundizar la reflexión sobre el mismo
                        y abrir la discusión amplia y democrática, bien
                        sobre la inevitabilidad de la guerra o bien
                        sobre las posibilidades de la paz.

                        Malos augurios

                        Hace pocos días el almirante Edgar Cely,
                        comandante de las Fuerzas Militares
                        (Declaraciones para Caracol Radio, junio 15 de
                        2011) refiriéndose a la confrontación con
                        Ustedes afirmó: "Este es un momento histórico,
                        tenemos que estar unidos; estamos en los veinte
                        metros finales más importantes".

                        Pero tan preciso acotamiento de distancias
                        militares no convence ni al mismo personaje que
                        lo ha fijado. En el mismo reportaje había dicho
                        el almirante, aludiendo a las acciones recientes
                        de las FARC: "Cambiaron su estrategia y ahora
                        están generando una situación que entendemos
                        perfectamente, pero nosotros también estamos
                        cambiando nuestra estrategia" (énfasis añadido).
                        Pues bien: cuando se habla o cuando se proyectan
                        estrategias, estamos refiriéndonos a un período
                        más largo del que tomaría recorrer esas
                        cortísimas distancias.

                        Por su parte en el reportaje que el periódico
                        español Publico.es difundió el mismo día de las
                        declaraciones del almirante Cely, Usted,
                        comandante Cano, advirtió: "Mientras no
                        aboquemos seriamente, entre todos, la búsqueda
                        de soluciones a los problemas estructurales del
                        país, la confrontación será inevitable. Unas
                        veces más intensa, otras no tanto. En algunos
                        momentos con la iniciativa militar del Estado,
                        en otros con la iniciativa popular, en una
                        trágica ciclotimia que debemos superar,
                        inteligentemente, con grandeza histórica".

                        Lo que el párrafo deja en pie es la mención a la
                        "trágica ciclotimia" y esto nos lleva a entender
                        que para Usted la paz sigue siendo lejana, o que
                        estamos abocados a seguir en una curva de
                        confrontación sin término y donde no se asoma
                        todavía algún futuro esperanzador para los
                        colombianos. Aunque parezcan modestas hay
                        novedades que exigirían especial reflexión.

                        En su reportaje resulta muy limitada su
                        referencia a la Ley de Víctimas, a cuyo proyecto
                        Usted le había prestado mayor consideración en
                        el video difundido por Anncol en enero del año
                        en curso. Al respecto permítame una breve
                        digresión. Sobre el sentido político de esta ley
                        hablan tanto la criminal ofensiva que se ha
                        puesto en marcha contra los restituidos como
                        también el coro de voces de latifundistas y
                        ganaderos tradicionales, inversionistas
                        agrícolas y de sus voceros políticos que la
                        presentan como violación al sagrado derecho de
                        la propiedad privada y golpe a la "confianza
                        inversionista".

                        Los asesinatos buscan disuadir a los campesinos
                        empeñados en recuperar sus tierras de proseguir
                        con el movimiento, al tiempo que se proponen
                        apartar a las autoridades de su acción para la
                        aplicación de la ley. Ya antes el país ha sido
                        testigo del desarrollo de ofensivas y campañas
                        de esa índole cuando se ha ensayado poner en
                        marcha políticas agrarias de orientación
                        progresista. Yo me pregunto hoy, Comandante, 
                        ¿Volverán tales sectores a imponer de nuevo su
                        designio?

                        Los argumentos históricos de las FARC

                        Quisiera referirme a enunciados de las FARC que
                        unas veces se encuentran formalizados
                        programáticamente y otras veces se reiteran de
                        modo más informal en reportajes y declaraciones
                        concedidos por Usted o por sus compañeros del
                        Secretariado, como aquellos que se han conocido
                        durante los últimos meses.

                        Se trata de fórmulas verbales que en el discurso
                        de las FARC se asumen como axiomas o sentidos
                        comunes. Yo quisiera abrir sólo algunos de tales
                        códigos hasta ahora cerrados, para hacerlos
                        objeto del intercambio dialéctico.

                        Comienzo por los argumentos sobre el origen del
                        movimiento armado.

                        La Autodefensa campesina original

                        Un primer enunciado reza: la lucha armada en
                        Colombia no nació por decreto de nadie; fue la
                        respuesta popular a la violencia de
                        latifundistas y ganaderos amparados por un
                        régimen político antidemocrático y excluyente.

                        En principio la afirmación es verdadera, pero a
                        mi juicio hace falta seguirla con distancia
                        crítica en su desarrollo. Sin duda en 1949 y en
                        algunas regiones donde venían consolidándose los
                        movimientos de colonos y campesinos, resultó
                        inevitable organizar la autodefensa armada, no
                        ya en defensa de la tierra sino de la vida
                        misma. Pero ya en la primera pausa de "La
                        Violencia" en 1953, había motivos para
                        plantearse la reorganización de un movimiento
                        agrario que, por ejemplo en el Sur del Tolima,
                        venía trabajado con vigor desde mediados de los
                        años treinta. No sobra recordar que en
                        Chaparral, el Partido Socialista Democrático
                        (denominación temporal del Partido Comunista)
                        había tenido ya dos concejales campesinos, uno
                        de ellos el legendario Isauro Yossa.

                        Pero la reorganización del movimiento campesino
                        no ocurrió. Al contrario cundió el desconcierto
                        y se prolongó la confrontación con antiguos
                        combatientes liberales que respondieron de
                        manera aún más enconada y en efecto agravaron la
                        violencia.

                        Marquetalia: el viraje

                        Permítame hacer memoria del hecho crucial que
                        Ustedes con razón han celebrado como el hito
                        fundacional de las FARC. Ese hecho comenzó con
                        la agresión a los pobladores de Marquetalia por
                        parte del Ejército apoyado por fuerzas de
                        Estados Unidos mediante el tristemente célebre
                        Plan LASO. La respuesta que allí se dio era
                        inevitable y la hazaña de los colonos y
                        campesinos quedará inscrita en los anales de la
                        lucha del pueblo colombiano. Analizando aquella
                        coyuntura, Pierre Gilhodés escribió que entre
                        1964 y 1965 el Ejército colombiano "se inventó
                        un enemigo", dado que previamente no había una
                        actividad militar en esa avanzada de la
                        colonización.

                        Luego una decisión de los colonos llevó a
                        convertir las autodefensas en guerrillas. En
                        1966 el X Congreso del Partido Comunista
                        mediante otra decisión le dio contenido
                        estratégico a la lucha armada guerrillera al
                        adoptar la política de combinación de todas las
                        formas de lucha como su teoría y su práctica.

                        El paro cívico del 77 y la oportunidad perdida

                        Sólo menciono otro momento crucial. La
                        escogencia de una opción sería decisiva para
                        iniciar otra etapa de la lucha guerrillera y por
                        lo mismo otra fase del conflicto interno en
                        Colombia. Se trata, comandante Cano, de la
                        lectura del Paro Cívico Nacional (PCN) del 14 de
                        septiembre 1977 que hicieron la dirección de las
                        FARC y la mayoría de la izquierda.

                        Aquella fue una protesta formidable, un capítulo
                        de la historia de la muchedumbre política en
                        Colombia. Pero muchos concluyeron, de manera
                        subjetiva, que se acercaba la hora de hacer
                        confluir la movilización  cívica con la acción
                        armada de la guerrilla, en un formidable
                        torrente insurreccional que resultaría
                        irresistible. Recordará usted que el M-19 fue la
                        guerrilla que de manera más acelerada readecuó
                        su acción a esa  previsión. Las FARC concluirían
                        su aprestamiento para actuar de forma más
                        ofensiva en la VII Conferencia que tendría lugar
                        en 1982.

                        Aún me sigue sorprendiendo que el
                        establecimiento colombiano hubiera llegado a la
                        misma conclusión, pero en dirección contraria:
                        El PCN habría sido un intento de insurrección
                        cuya reedición debía evitarse a toda costa. El
                        presidente Turbay Ayala y el ministro de
                        Defensa, general Camacho Leiva, desarrollaron
                        entonces una ofensiva brutal y
                        desinstitucionalizada en defensa de las
                        instituciones.

                        La derecha y la izquierda asimilaron el PCN
                        desde sus propias matrices de pensamiento y no
                        pudieron o no quisieron entender lo que aquel
                        acontecimiento había significado realmente. La
                        polarización del país ganó terreno al tiempo que
                        la presencia de las mafias narcotraficantes se
                        hacía sentir en la economía, la sociedad y la
                        política. Esta coincidencia de fenómenos
                        resultaría trágica.

                        La izquierda hubiera debido estudiar el Paro y
                        la serie de los paros cívicos locales que habían
                        tenido lugar entre 1957 1977. A mi juicio, era
                        necesario ajustar la política a la primacía de
                        los escenarios urbanos y adecuarla a la cultura
                        política que había reflejado aquella protesta
                        multitudinaria contra el alto costo de la vida.
                        El camino escogido fue insistir en las mismas
                        estrategias de antes y darles la espalda a las
                        nuevas realidades.

                        Sumapaz y Viotá: un modelo alternativo

                        En la historia colombiana se encuentran modelos
                        de lucha armada, que Usted conoce bien, donde la
                        guerra terminó sin pasar por una derrota de los
                        combatientes. Aludiré a uno de ellos, uno
                        especialmente pertinente porque tuvo su origen
                        por la misma época y dentro de la misma matriz
                        política donde nacieron las FARC. Me refiero al
                        movimiento campesino encabezado por Juan de la
                        Cruz Varela en Sumapaz y Oriente del Tolima.

                        En esas regiones los campesinos tomaron las
                        armas a finales de 1949, combatieron eficazmente
                        contra la policía y las bandas al servicio de
                        los gamonales y caciques conservadores hasta
                        1953. En octubre de ese año entregaron las armas
                        en Cabrera y se reincorporaron a sus parcelas.
                        Volvieron a ser objeto de persecución sangrienta
                        y nuevamente fueron a la lucha armada en defensa
                        de la vida. Hasta el Sumapaz llegó la honda del
                        la campaña militar desencadenada por el gobierno
                        de Rojas Pinilla entre noviembre de 1954 y
                        mediados del año siguiente contra el movimiento
                        agrario del Oriente del Tolima, conocida como la
                        Guerra de Villarica.

                        Cuando la Junta Militar que sustituyó a Rojas en
                        1957 pintó algunas posibilidades de paz, Varela
                        entabló conversaciones y presentó un pliego de
                        demandas que fue aceptado por el gobierno. Años
                        después él mismo evocaría aquel breve período de
                        paz en los siguientes términos: "Las tropas
                        fueron retiradas, nos dieron todas las
                        garantías, salíamos a los pueblos, convivíamos
                        con el Ejército, con la policía y las
                        autoridades. Es un reconocimiento de honor al
                        mérito, porque parecía que nunca hubiéramos
                        estado en guerra" (Rocío Londoño Botero, Juan de
                        la Cruz Varela. Sociedad y política en la región
                        de Sumapaz (1902-1984), Bogotá: Universidad
                        Nacional, 2011, p.570).

                        Los campesinos volvieron al trabajo en sus
                        propiedades. No se trató ciertamente de una
                        marcha bucólica. Las bandas de terratenientes
                        causaron asesinatos, ocasionaron víctimas y
                        atropellos económicos, pero los campesinos se
                        quedaron, no permitieron el despojo de sus
                        tierras. En ello jugó un papel decisivo el hecho
                        de que los campesinos hubieran podido mantener
                        la organización y la movilización de la gente.

                        También por los tiempos de "La Violencia" de
                        1946 a 1964, el movimiento agrario de Viotá
                        negoció acuerdos para el Tequendama, que
                        hicieron de esta región una comarca de paz en
                        medio de la guerra. Debo anotar además que tanto
                        en Sumapaz como en el Tequendama, el Partido
                        Comunista respaldó las alternativas de la paz.
                        Estos casos merecen ser estudiados con
                        detenimiento en el momento actual cuando no
                        obstante el ruido de los tambores de la guerra
                        la paloma de la paz intenta levantar su vuelo.

                        Comandante Cano, si bien no desconozco que el
                        origen y el desarrollo de los conflictos
                        sociales obedecen a razones objetivas y a causas
                        estructurales, por otra parte subrayo el papel
                        de las decisiones o de las escogencias entre
                        alternativas políticas que llevan a cabo las
                        partes en el conflicto. Si destaco el resultado
                        de escogencias de caminos distintos del que
                        hasta hoy han transitado las FARC, lo hago en
                        virtud de aquella sabiduría elemental según la
                        cual las cosas que comienzan por voluntad de las
                        personas también pueden acabarse por voluntad de
                        las personas.

                        Paso ahora a conversar, si me disculpa Usted
                        esta ya larga misiva, sobre las razones sobre
                        las cuales las FARC ponen el mayor énfasis para
                        insistir en la lucha armada bajo las
                        circunstancias actuales de Colombia.

                        Pobreza y desigualdad acuciantes

                        Comienzo por los factores que harían inevitable
                        la acción armada: las causas estructurales como
                        la pobreza, la monstruosa desigualdad en la
                        distribución del ingreso, la inconmovible
                        concentración de la propiedad sobre la tierra,
                        la imposibilidad de las mayorías para acceder a
                        una educación de calidad o a los servicios de
                        salud....

                        Por supuesto la lucha armada hunde sus raíces en
                        este océano de privaciones e iniquidades. Creo
                        que pocos negarían la validez del argumento.
                        Paradójicamente los militares que pusieron en
                        marcha la maquinaria de guerra contra campesinos
                        y colonos a mediados del decenio de 1960
                        introdujeron en el mundo oficial lo que el
                        general Ruíz Novoa, Ministro de Guerra llamó
                        entonces las causas estructurales de la
                        subversión y que en el decenio de 1980 otro
                        general, Landazabal Reyes Ministro de Defensa
                        denominó como los "factores objetivos" de la
                        violencia.

                        Pero aunque el argumento sea tan convincente en
                        términos éticos y en términos lógicos, no deja,
                        Comandante, de mostrar grietas cuando se lo
                        somete a ciertas preguntas críticas y en el
                        contexto concreto de  Colombia.

                        Preguntas inquietantes

                        Sin contar sus años de actividad como
                        autodefensa campesina, las FARC ya tienen 47
                        años de existencia. Es pertinente preguntar:
                        ¿Cuáles son los beneficios que esta lucha
                        abnegada de tres generaciones de hombres y
                        mujeres guerrilleros le han traído a Colombia?
                        ¿Cuáles grupos de trabajadores rurales o urbanos
                        han logrado conquistas sociales duraderas por
                        obra de las FARC durante este medio siglo? Más
                        allá de los recursos polémicos, no descarto que
                        Usted, Comandante, disponga de respuestas que yo
                        ignoro y que sería del más alto interés para
                        todos conocer.

                        La utilización del Conflicto

                        En este punto debo aludir al uso del conflicto
                        interno por parte de los sectores dominantes
                        para impulsar sus propios intereses económicos,
                        sociales y políticos. Es evidente que los
                        señores de la guerra, los paramilitares
                        amparados por sectores de las Fuerzas Armadas y
                        otros actores legales o ilegales opuestos al
                        interés de los trabajadores y de las fuerzas
                        democráticas se benefician de maneras muy
                        distintas de la  existencia y la prolongación
                        del conflicto interno en contravía de los
                        cambios que las FARC se propusieron desde su
                        creación. Hay en especial razones para pensar
                        que el fenómeno Uribe se gestó en el contexto
                        del con razón llamado "síndrome del Caguán", un
                        fenómeno político -- emocional que arrastró a la
                        mayoría de la opinión y la puso en manos de la
                        extrema derecha.

                        La parapolítica, cuyo camino fue abierto por el
                        paramilitarismo contrainsurgente y mafioso, ha
                        sido el mecanismo más eficaz de reclutamiento de
                        un nuevo personal político. Esa clase política
                        accedió a las esferas de la dirección del Estado
                        y de los partidos, creó sus redes de
                        neo-clientelismo, e indujo a un nuevo balance de
                        las participaciones regionales en el aparato del
                        Estado.

                        Los apoyos populares de las FARC

                        Comandante: no tengo duda que a lo largo de su
                        historia las FARC han contado con bases sociales
                        de apoyo. En regiones enteras han sido el único
                        Estado para la población excluida del acceso a
                        bienes y servicios. A la larga se admitirá que
                        por la acción de la insurgencia grandes regiones
                        que por largo tiempo fueron periféricas han
                        entrado paradójicamente en el proceso de la
                        integración nacional. El hecho de que Colombia
                        haya sido un país de colonizaciones y que aún en
                        el siglo XXI haya frontera agraria abierta
                        constituye uno de los fundamentos para entender
                        la sociología de la guerrilla.

                        También entre las mayorías pobres de las grandes
                        ciudades hay sin duda sectores que apoyan la
                        lucha armada y personas de otros medios sociales
                        que lo hacen por motivos políticos o ideológicos.

                        De aquí se siguen al menos dos grandes
                        consecuencias. Por una parte no parece realista
                        ni sensata la política de exterminio que
                        proclaman o reclaman algunos sectores. Por otra
                        parte no sería posible que el movimiento
                        guerrillero acepte poner fin al conflicto
                        interno mediante el trámite de una simple
                        reinserción.

                        Apoyo insuficiente para lograr los cambios

                        Señalado lo anterior, debo añadir que el balance
                        objetivo de los apoyos sectoriales y regionales
                        al actuar de las FARC no constituye la base
                        sociopolítica que les permita a las FARC
                        encabezar el vasto movimiento político de las
                        masas urbanas y rurales que se hace necesario
                        para lograr cambios profundos en Colombia.

                        Las potencialidades de transformación que los
                        movimientos armados han podido crear en su larga
                        historia germinarán solo cuando ellos logren ser
                        parte efectiva y por tanto creíble de un
                        movimiento democrático por la paz. Por supuesto:
                        la salida negociada del conflicto no significará
                        el cumplimiento automático de los cambios, pero
                        sin duda contribuirá a crear las condiciones
                        para que la gente luche por ellos de manera
                        políticamente más efectiva y humanamente más
                        constructiva.

                        El conflicto y la interferencia de Estados Unidos

                        Comandante: las FARC desde un comienzo
                        reclamaron el desarrollo soberano de Colombia y
                        en especial se opusieron a nuestra subordinación
                        inveterada respecto de Estados Unidos. Pero,
                        otra vez, los sectores dominantes han usado el
                        conflicto para afianzar su alienación
                        irrestricta con los intereses económicos y
                        geopolíticos de ese país.

                        Cuando el segundo gobierno de Uribe estableció
                        el Acuerdo de Cooperación Militar con el
                        pretexto de combatir "el terrorismo", el
                        embajador de Estados Unidos William Bronfield
                        trató de tranquilizar a quienes se alarmaron o
                        indignaron, al decir que no se trataba de algo
                        nuevo sino de renovar un acuerdo anterior. Ese
                        acuerdo no era otro que el Pacto Militar
                        Bilateral firmado el 17 de abril de 1952. Tal
                        ocurrencia bien podía tomarse como un desplante
                        cargado de cinismo, en tanto el Pacto del 52 fue
                        un acto de vergonzosa sumisión al interés
                        militar de un país extranjero; corrían los
                        tiempos de la participación de Colombia en la
                        aventura de Estados Unidos en Corea.

                        No quisiera que esta reflexión mía se tomara
                        como un reclamo al movimiento armado por no
                        haber impedido la adopción de una política
                        internacional independiente. En todo caso esta
                        sería una responsabilidad  que trasciende a los
                        alzados en armas. Pero a mi juicio el que
                        Colombia cuente con "la guerrilla más antigua
                        del mundo", como suele decirse, tampoco ha
                        servido para disminuir la dependencia frente al
                        imperialismo.

                        Asesinato de los opositores: el exterminio de la
                        Unión Patriótica

                        Comandante Cano, me refiero ahora a un punto que
                        suele paralizar la discusión con quienes
                        defienden la continuidad de la lucha armada: se
                        trata del asesinato o la persecución de quienes
                        han hecho dejación de las armas por parte de
                        sectores del Estado, de sicarios al servicio de
                        terratenientes, ganaderos, empresarios u otras
                        fuerzas de derecha.

                        Esta en realidad es la expresión aguda de la
                        intolerancia inscrita en el sistema político
                        colombiano respecto de las corrientes
                        alternativas o de izquierda que pretenden
                        irrumpir en la escena política o impulsar los
                        movimientos sociales.

                        En su ya mencionado reportaje para Publico.es,
                        recordó Usted la serie bicentenaria de líderes
                        populares que han sufrido la violencia y que va
                        desde el atentado al Libertador hasta los
                        asesinatos de Jaramillo Ossa y Cepeda Vargas,
                        para concluir de manera lapidaria: "Porque en
                        Colombia a la oposición democrática y
                        revolucionaria, la asesina la oligarquía. La
                        masacre de la Unión Patriótica es la muestra
                        palmaria."

                        ¿Quién podría sensatamente negar que la anterior
                        afirmación tiene bases muy ciertas?

                        Y sin embargo una vez más es necesario abrir las
                        fórmulas cerradas. La Unión Patriótica fue
                        víctima de una alianza conformada por sectores
                        de las Fuerzas Armadas, mafias del narcotráfico,
                        gamonales políticos y paramilitares. Pero estas
                        fuerzas contaron a su favor con el hecho de que
                        la UP, surgida por convocatoria de las FARC, es
                        decir por un movimiento guerrillero que hacía
                        parte de un proceso de paz, tuvo que cargar con
                        el fardo de sostener la política de combinación
                        de todas las formas de lucha.

                        Me parece que en la encrucijada de 1984 se
                        planteaba la disyuntiva: o bien se profundizaba
                        el proceso de paz y la guerrilla se transformaba
                        en una fuerza política sin apoyaturas militares,
                        o bien se continuaba con la acción insurgente
                        renunciando a la creación de una organización
                        política legal.

                        Usted mismo ha insistido desde hace ya tiempo en
                        un tipo de organización política distinto y por
                        definición, ilegal, lo cual, conceptualmente al
                        menos, tiene más coherencia que la fórmula de 1984.

                        El intento de sentarse en dos sillas a un mismo
                        tiempo fue una decisión inevitablemente
                        utópico-catastrófica. No soy tan ingenuo para
                        pensar que los exterminadores de la UP se
                        hubieran convertido en palomas de la paz o en
                        defensores de Derechos Humanos ante la decisión
                        de renuncia a las armas por parte de los
                        insurgentes. Sin embargo considero que amplios
                        sectores políticos y corporativos del país se
                        hubieran constituido en dique de contención
                        frente a esa alianza siniestra. Guiados por la
                        ética, o aún por pautas mecánicas del principio
                        de justicia, hay fuerzas de opinión
                        considerables que en casos semejantes han jugado
                        en defensa de quienes optan por dejar las armas.

                        El M19: las respuestas del gobierno y de la opinión

                        Quizá, comandante Cano, sea pertinente recordar
                        acá que en los acuerdos preliminares entre el
                        M-19 y el gobierno Barco se adoptaron
                        compromisos que luego fueron parte del proyecto
                        de reforma constitucional que debatía el
                        Congreso en 1989. El gobierno se vio obligado a
                        retirar el proyecto por la inclusión del tema de
                        la extradición que auspiciaron las mafias. Pero
                        si entonces el presidente no estuvo en
                        condiciones de cumplir, los votantes resarcieron
                        al M-19: primero en las elecciones al Congreso
                        de 4 de marzo de 1989 y luego, más ampliamente,
                        en las elecciones a la Constituyente del 9 de
                        diciembre de 1990.

                        Otra cuestión sería discutir lo que hizo el M-19
                        con semejante capital político. Pero en aquella
                        encrucijada confluyeron una organización
                        guerrillera en proceso de paz y el vigoroso
                        movimiento ciudadano por una nueva Constitución
                        -la que sería adoptada en el 91.

                        Respuesta sibilina

                        No puedo concluir sin referirme a una pregunta
                        que a Ustedes siempre les formulan y con la cual
                        seguramente los seguirán apremiando: la relación
                        de las FARC con los negocios de la droga, dados
                        en especial los altos costos de la guerra en
                        Colombia.

                        Debo admitir el desconcierto que me produjo su
                        respuesta en la citada entrevista para
                        Público.es: "Quisiera serle taxativo en esto:
                        ninguna unidad fariana, de acuerdo a los
                        documentos y decisiones que nos rigen, (énfasis
                        añadido) pueden sembrar, procesar, comerciar,
                        vender o consumir alucinógenos o sustancias
                        psicotrópicas. Todo lo demás que se diga es
                        propaganda".

                        Yo no quisiera figurar entre los propagandistas,
                        pero no puedo ignorar que su remisión a "los
                        documentos y decisiones que nos rigen" fue una
                        manera muy peculiar de respuesta sobre la cual
                        habría que concluir sencillamente que dentro de
                        las FARC sucede lo que ocurre en Colombia: que
                        la ley se obedece pero no se cumple.

                        Los signos de cambio en América Latina

                        Los partidarios de la salida política al
                        conflicto solemos buscar los signos que
                        anunciarían la paz en cada coyuntura. No pocas
                        veces se trata de meras proyecciones del deseo;
                        pero esta carta no quiere anticipar escenarios
                        futuros, sino apelar de manera realista o aún
                        desencantada al análisis de los factores e
                        intereses particulares, corporativos o
                        existenciales que sustentan la guerra
                        colombiana, para invitarlo, comandante Cano, a
                        repasar su peso frente a los beneficios que para
                        todos tendría el compromiso efectivo con la
                        salida negociada del conflicto.

                        Las tendencias sociales, políticas y
                        geopolíticas que desde hace un decenio se vienen
                        observando en América Latina estimulan el
                        análisis y alientan la controversia democrática.
                        En Brasil, en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador
                        en Argentina y Uruguay se vienen ensayando
                        caminos de participación nueva de la gente, se
                        adoptan políticas sociales más o menos profundas
                        según el prisma desde el cual se las mire, se
                        plantean apuestas por el avance de un mundo
                        multipolar contra las formas más aberrantes de
                        la dependencia con respecto al imperialismo, se
                        dan pasos de un mayor control de las riquezas y
                        los recursos propios.

                        Todos estos países pasaron por experiencias
                        insurgentes a las cuales encontraron término
                        ¿Quién hoy podría invocar como emblemática
                        particularidad colombiana la prolongación de una
                        guerra que no parece que pueda prolongarse sino
                        a costa de descomponer a sus protagonistas
                        militares y de enervar a toda la nación con el
                        culto a los valores de muerte?

                        La perpetuación de la guerra no puede erigirse
                        en mito nacional ni el programa de la
                        destrucción del adversario en un objetivo
                        colectivo exaltante.

                        Es una decisión

                        Comandante Cano: Quisiera concluir con una cita
                        de la Asociación Campesina del Valle del Río
                        Cimitarra: "A nuestro entender, el conflicto
                        puede tener salida atacando sus causas
                        objetivas, mediante la realización de reformas
                        políticas, económicas y sociales, que permitan
                        mejorar las condiciones de vida y de trabajo de
                        la población colombiana. Pero también, a partir
                        de la voluntad y decisión política expresa de
                        las fuerzas en contienda". (Encuentro Nacional
                        de Comunidades, afrodescendientes e indígenas
                        por la tierra y la paz en Colombia. "El diálogo
                        es la ruta" Barrancabermeja, Agosto 12-15 de 2011).

                        Es una aspiración que se fortalecerá en la
                        medida en que las señales aún débiles pero
                        ciertas de paz que se originan en el gobierno y
                        aquellas que Usted y sus compañeros han lanzado
                        en los últimos meses se plasmen en una auténtica
                        y concreta opción por la paz.

                        *Medófilo Medina. Licenciado en Historia de la
                        Universidad Nacional, Ph.D en Historia de la
                        Universidad M.V.Lomonosov de Moscú, profesor
                        titular y emérito de la Universidad Nacional, ha
                        sido profesor visitante en universidades de
                        Ecuador, España y Venezuela. Ha publicado libros
                        y artículos sobre historia contemporánea de
                        Colombia y Venezuela y sobre enseñanza de la
                        Historia.