lunes, 16 de mayo de 2011

Sistemas tijeritas.




Desde hace bastante tiempo, mi hija estuvo tratando de aprender a usar tijeras para cortar papel. Obviamente y al ser tan pequeña (en ese entonces tenía poco más de 3 1/2 años), le compramos unas pequeñas plásticas, de esas que no tienen punta ni filos en donde el chico pueda lastimarse. Luego fueron llegando otras similares con distintas formas y colores (aunque de similares características), muchas de manos de otros familiares.
Todos los intentos que hizo por casi más de un año, no le habían dado resultado alguno. Parecía que se le trababan y que no respondían a lo que ella quería hacer;se frustraba, se enfurruñaba, lloraba por la impotencia de no salir lo que ella esperaba que hiciera ese particular artículo, y su bronca a veces tardaba un tiempo en írsele.
Hasta que a mi mujer se le ocurrió, con extrema supervisión, darle unas tijeras comunes. Para adultos, de metal completo, de las que pinchan. Y ella, con su acotada pericia psicomotriz, pudo empezar a usarlas como es debido. Nos sorprendió cortando formas y figuras muy precisas, apreciando una certeza que, con el otro aparatejo, jamás pudo lograr ni por asomo. Ella se puso contenta por poder hacer lo que quería, se sintió orgullosa por poder demostrar lo que podía y sabía, y se sintió útil otra vez, regalándonos sus producciones como premios.
Fuera del hecho concerniente a lo infantil y lo tutorial, quedé preguntándome cuántas veces el sistema organizativo e institucional adulto se nos presenta de la misma forma a nosotros, sus usuarios. Cuántas veces hemos visto aparatos que no funcionan como deben y nos hacen sentir inútiles a nosotros. Cuántas veces esas herramientas no cumplen con lo que queremos hacer. Cuántas veces nos enfurecemos porque nos dan herramientas muy por debajo de nuestras capacidades. Cuánto tiempo nos dura el enojo y la frustración por no poder hacer nada útil con las herramientas con las que se maneja la sociedad.
Pero hay una diferencia radical en la comparativa, y es que nosotros mismos somos los que elegimos las tijeras, y creo saber por qué elegimos siempre las peores: porque somos usuarios muy irresponsables y si nos dan tijeras “en serio”, probablemente las usemos en contra nuestro y contra los demás, haciendo que el aparato pase a ser un peligro inminente más que una utilidad limpia y alabable. Si inclusive con las de plástico terminamos lastimados, es muy probable que con unas metálicas terminemos muertos.
Me pregunto si tenemos que exigir tijeras mejores o usuarios con más conciencia. Tal vez debamos exigir ambas cosas a la vez, aunque me parece que la educación del usuario es esencial para el éxito del uso de la herramienta: concientizar al usuario siempre va a ser mucho más difícil y arduo que cambiar solamente los aparatos.
¿Tendremos tijeras metálicas alguna vez, o ni siquiera aprenderemos a usar nunca las de plástico?
PLPLE

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